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Reportaje:

La droga 'mágica' de los trasplantes

El Ministerio de Sanidad registrará antes del verano la Ciclosporina A para su uso comercial

Barcelona
La década de los sesenta marcó el inicio de la carrera de los trasplantes. En 1962 se hizo el primer trasplante renal con un órgano procedente de un cadáver. En 1966, el doctor Kelly logró el primer trasplante de páncreas. En 1967, el doctor StarIz consiguió el primer trasplante de hígado y el doctor Barnard realizó el primer trasplante de corazón. Los ochenta, en cambio, marcan una etapa de éxito científico, al dispararse las estadísticas de supervivencia gracias a una droga antirrechazo: la ciclosporina A.

El periódico The Times publicaba el 6 de noviembre de 1979 una información a dos columnas en la que advertía: Gran riesgo de cáncer en una nueva droga. Esa droga era la ciclosporina, la misma que un año después empezaba a comercializarse en los laboratorios Sandoz, de Basilea, y que ha permitido reducir entre un 15 y un 20% el número de rechazos en los trasplantes de riñón y porcentajes superiores en los trasplantes de hígado y corazón. Cinco años más tarde la ciclosporina se ha convertido en una droga inmunodepresora de uso generalizado, con un alto nivel de tolerancia y con pocos efectos secundarios.En Barcelona, organizado por el hospital de la Esperanza (el primero que usó este fármaco en España, en abril de 1983) se ha celebrado esta semana un simposio internacional al que han sido invitados los científicos que descubrieron la droga, así como expertos en trasplantes de diferentes países. El doctor Jordi Lloveras, presidente del simposio, anunció a este periódico que "el Ministerio de Sanidad está a punto de registrar para su uso comercial la Ciclosporina A, que actualmente surten directamente los laboratorios Sandoz o la propia Administración a través de un departamento específico".

En 1970 empezó a experimen tarse a partir de un metabolito que produce un hongo que crece en el suelo. Éste metabolito, la ciclosporina A, se obtiene a partir de una fermentación que da como resultante otros metabolitos. Es necesario, pues, aislarla y, posteriormente, purificarla en un proceso industrial complejo y caro. Además, al ser una droga inmunodepresora liposoluble, los laboratorios la preparan combinada con un 10% de aceite de oliva para permitir su correcta absorción por el organismo. Sin embargo, inicialmente se ensayó como antibiótico, fueron sus resultados no fueron interesantes. Los primeros años fueron de sinsabores para el equipo que experimentaba con la ciclosporina.

En 1972 entró en la multinacional Sandoz Jean François Borel, quien se llevaría la gloria de ser el hombre clave en el descubrimiento de la droga antirrechazo. En 1979, los ensayos desmoralizaron de nuevo, pues aparecían linfomas cancerosos en casi la tercera parte de los pacientes, fruto de las sobredosis que se aplicaban. Corregido este defecto, la ciclosporina fue presentada en sociedad. Estados Unidos, la República Federal Alemana, Gran Bretaña, Suiza fueron los primeros países que le dieron luz verde. Según los últimos estudios, los linfornas apenas aparecen sólo en un 0,3% en los trasplantes renales, en 1,4% en los trasplantes de hígado y en el 2,5% de los trasplantes de corazón.

"Los trasplantes de corazón e hígado han conocido su esplendor en los últimos cinco años gracias sobre todo a la ciclosporina, más que a la mejora de las técnicas quirúrgicas", manifestó el doctor Richard Simmons, director del departamento de trasplantes del Hospital de la Universidad de Minnesota. El profesor Borel añadió que "la ciclosporina no mata las células que provocan el rechazo, sólo las inhibe; actúa pues sólo sobre los linfocitos, pero no daña a los leucocitos, lo que permite que éstos puedan actuar contra las infecciones". Esta característica la diferencia de otras drogas convencionales que bajan las defensas del organismo al combatir el posible rechazo y lo hacen vulnerable a cualquier enfermedad por nimia que sea.

"Tenemos receptores de trasplantes de riñón con más de 20 años de supervivencia, de hígado con más de 15 y de corazón con más de 10 años. Con la ciclosporina el rechazo ha descendido en picado; y en los casos corazón y riñón, el 90% de los pacientes supera el primer año de vida", recordó el doctor Simmons, del Hospital Universitario de Minnesota.

En la actualidad, la ciclosporina es objeto de investigación como antiparasitario, antiinflamatorio, en las artritis, en la uveitis, en la diabetes juvenil, como estimulador inmunológico, e incluso podría ser utilizada en procesos cancerosos.

En los casos de órganos de animales trasplantados en el ser humano, como el corazón de babuino (un simio) que fue injertado al bebé conocido como baby Fae, según el profesor Borel, "no se produjo intoxicación de ciclosporina, esta droga actuó correctamente". Jean François Borel señaló: "La información que tuve del caso cuando se planteó el trasplante era muy clara: la niña estaba en fase agónica y sin posibilidad de supervivencia, cuando se planteó la operación". Y añadió: "Es prácticamente imposible obtener un corazón de bebé recién nacido, entonces los médicos decidieron probar con un corazón de babuino, porque es el más similiar al de un niño de días. El problema es que el órgano se desarrolla con más rapidez que el de un ser humano, por lo que se requiere un nuevo trasplate antes de que cumpla los 10 años. Pero este tiempo ofrecía un margen para encontrar un corazón adecuado. Los cirujanos antes de proceder a la intervención habían hecho decenas de pruebas de trasplantes de corderos en cabras de corta edad que habían resultado un éxito. Pero las drogas inmunodepre s oras no afectaron a baby Fae, que las asimiló bien. Más que hablar de rechazo habría que hablar, al parecer, de falta de reacción de la sangre humana con un tejido animal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 1985