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El 'padre' del champiñón

El doctor Jean-François Borel es el descubridor de la ciclosporina. Biólogo, profesor de Inmunología de las universidades de Londres, Ontario y Berna, forma parte además del departamento de investigación básica en los laboratorios Sandoz, de Suiza. Nació en Amberes, Bélgica, hace 52 años. Alto y delgado, aire deportivo y porte distinguido, es un decidido defensor de ladroga cuya paternidad se le atribuye, aunque advierte: "No estamos ante una droga inmunodepresora definitiva, pero sí creo que es el prototipo de una nueva generación de fármacos inmunodepresores".

La ciclosporina celebra este año sus primeros cinco años de existencia -o, mejor dicho, el primer lustro de aplicación clínica-, aunque 10 años de investigaciones previas en un metabolito que produce un hongo figuran como antecedente. "Todo empezó con un champiñón", recuerda Borel, esbozando una sonrisa. Pero el procedimiento de obtención de la droga es complicado y costoso, aunque su espectacular acción ha extendido su comercialización por los principales países europeos, Estados Unidos y Canadá. "¿El Tercer Mundo?. Ojalá estos países pudieran preocuparse por los trasplantes, porque ello querría decir que sus necesidades sanitarias básicas estarían resueltas".

Buen publicista de su droga, le gusta decir que puede administrarse a todo el mundo, tanto por vía oral como por vía indovenosa: "La han tomado sin problemas niños, hipersensibilizados, diabéticos, retrasplantados y ancianos. Todo consiste en dar la cantidad adecuada en cada movimiento". En la actualidad, en su departamento de los laboratorios suizos se está investigando en dos campos concretos: en la reducción de los efectos secundaríos -intentando combatir la nefrotoxicidad- y en la eficacia de otros tipos de ciclosporina como fármaco específico para determinadas enfermedades.

En concreto, Borel considera que sobre todo hay tres campos en los que la ciclosporina puede convertirse en un fármaco de gran efectividad a medio plazo: contra el rechazo, en las enfermedades autoinmunes y en los procesos de actuación celular.

Actualmente, 64 centros de todo el mundo suministran información a la multinacional suiza que ha comercializado la droga ínmunodepresora para conseguir una correcta administración y un control estricto de su uso. No entra a discutir la fórmula americana de administrar la Ciciosporina A, junto con otras drogas menos complicadas -la llamada terapia triple-, pero se remite al uso individualizado que de ella se hace en Europa, en el que se obtienen porcentajes de supervivencia incluso superiores a la de los centros hospitalarios de EE UU. Se atribuye ello a la medicina más agresiva que se realiza en los hospitales americanos para reducir los días de estancia en esos centros. En este punto se remitió a las palabras del doctor Simmons, del hospital universitario de Minnesota, cuando en el simposio barcelonés sobre los trasplantes y la cielosporina dijo que la terapia triple ha permitido "evitar el rechazo y reducir el índice de infecciones y los días de estancia hospitalaria".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 1985