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Un lugar para ser enterrado

El poeta Carles Riba dejó escrito en su testamento cómo quería ser enterrado, pero hasta que se cumplieron sus deseos pasaron cuatro años. Riba falleció en 1959 y fue enterrado en el nicho que su familia poseía en el cementerio de Montju*ic; al abrir el testamento, se pudo comprobar que el poeta había dejado un codicilo en el que indicaba que deseaba ser enterrado en un cementerio pequeño y ajardinado, "a la meva ciutal natal, preferentment a terra" ("en mi ciudad natal, preferentemente bajo tierra"). Familiares y amigos iniciaron entonces una suscripción para construir la tumba en el cementerio de Sarriá y los restos del poeta fueron trasladados.La escultura fue encargada a Joan Rebuil, que realizó el trabajo gratis, aunque se pagó el material. Un viejo guarda del cementerio cuenta que existía un compromiso entre Rebuil y Riba. Si el escultor moría primero, el poeta le dedicaría un soneto y si el que fallecía antes era Riba, Rebuil realizaría una escultura que sería colocada en su tumba. Esta historia no ha sido confirmada por la familia de Riba, aunque considera que probablemente sea cierta ya que entre el poeta y el escultor existía una gran amistad.

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Riba indicó también las inscripciones que debían grabarse en la losa. Una frase en griego, de una epístola de san Pablo: "El amor no decae jamás". Su nombres y el de su esposa, así como las respectivas fechas de nacimiento y muerte. En la losa debía hacerse constar, asimismo, como dejó escrito Riba, su "beneïda condició de poetes fidels a la lengua en qué aprenguerem a parlar" ("nuestra bendita condición de poetas fieles a la lengua en la que aprendimos a hablar"). Este deseo, según ha explicado a este diario Jordi Riba, hijo del poeta, fue expresado en la frase "Poetes catalans" ("Poetas catalanes").

Otro gran escultor catalán que eligió el lugar donde quería ser enterrado fue Josep Clará ( 1878-1958). Clará que es autor, entre otras obras, de Repòs, que se halla en el Museo de Arte Moderno de Barcelona, escogió el emplazamiento de su tumba en un lugar privilegiado del cementerio de Montjuïc. Realizó la escultura, poco antes de morir, y dirigió personalmente las tareas de su instalación. Dos días después de ser colocada en la tumba, Clará falleció repentinani ente.

El último gran panteón

El último gran panteón construido en Barcelona fue el dedicado a Francesc Cambó, uno de los máximo dirigente de la Lliga Regionalista, fallecido en Argentina en 1947. El panteón, que se halla en Montjuïc, fue construido en el tiempo récord de un año, en 1977.

La escultura fue encargada a Josep Maria Subirachs, que realizó dos piezas en bronce que representan las figuras de san Francisco de Asís y de Bernat Metge, escritor catalán del siglo XV. Subirachs sólo ha realizado dos obras de carácter funerario. Una se halla en Planoles (Gerona) y la otra es la que se halla en el panteón de Cambó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 1985