Ceuta y Melilla, africanas
Quisiera, responder al artículo que sobre Ceuta y Melilla escribió el señor Camilo José Cela (EL PAIS, 29 de septiembre de 1984) y en el que, utilizando argumentos del corazón, trata de consolar a los residentes españoles de aquellos territorios africanos. Es cierto que el corazón tiene razones que la razón no comprende, pero, en el caso de Ceuta y Melilla, la razón histórica y el realismo político no tienen por qué atenerse a razones sentimentales. Esas dos plazas de soberanía española enclavadas en territorio africano, antes que un problema de España son un problema de África. Según el. señor Cela, Ceuta fue heredada de los portugueses cuando Felipe II fue proclamado rey de aquel país. ¿Y de quién la heredaron los portugueses? No podemos olvidar que las naciones europeas se arrogaron el derecho de ocupar, blanidiendo la espada y la cruz, los territorios de otros continentes habitados por gentes que eran con sideradas jurídicamente como nadie. Y con la conciencia muy tranquila los colonialistas fueron ocupando las tierras de nadie.
Dejémonos de sensibilidades nacionales y de emotivas justificaciones: la soberanía de los países europeos debe acabar territorialmente en Europa. Y la España actual, que ha retirado de su escudo oficial el águila imperial, debe soltar esas dos plazas africanas que el águila mantenía en sus garras. Sólo los plus-ultranacionalistas, con evidente fanfarronismo, afirmarían estar dispuestos a derramar hasta la última gota de sangre por unos territorios ajenos que España tendrá que restituir sin que por ello, como piensa el señor Cela, España deje de ser España. África se habrá arrancado así las dos últimas espinas del Norte.-


























































