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Crítica:TEATRO / 'BARNUM'

Una inocencia brillante

Barnum es exclusivamente un espectáculo. Su texto es corto, su argumento tenue: una rápida pasada evocadora de la vida y hallazgos de un personaje fabuloso, el Gran Barnum, que hace un siglo dio a la sociedad ascendente de Estados Unidos una inventiva, una fastuosidad en las grandes atracciones, presididas siempre por la moral y la decencia, aunque sostenidas por un cierto fraude ingenuo, por el truco, por la credulidad de sus espectadores. Se le deben aportaciones tales como algún concepto moderno de la publicidad, o la creación del circo -el mayor espectáculo del mundo- de tres pistas (el suyo lo heredó Ringling, y aún lo mantienen los herederos de éste). Sobre la figura asombrosa por muchas razones de Barnum existen algunos estudios serios -el de Werner, el de Root-, además de sus propios libros y alguna película espectacular.

Barnum, de Mark Bramble, Cy Coleman y Michael Stewar

Adaptación española de Emilio Aragón y Jaime Azpilicueta; texto español de canciones de Emilio Aragón. Intérpretes: Emilio Aragón, Clara Morales, María Fleta, Michael Mac Cain, Iñaqui Guevara y Toni Carrasco. Decorados de David Mitchell. Dirección y coreografía de Buddy Schwab. Dirección española de Jaime Azpilicueta. Estreno: Teatro Monumental. Madrid, 28 de septiembre.

Mark Bramble, los músicos Cy Coleman y Michael Stewart, y el director-coreógrafo Joe Layton (sustituido ahora por Buddy Schaw) crearon para Broadway y para Londres este espectáculo cuya base esencial es el circo. No es extraño que dos grandes apasionados profesionales del circo, Emilio Aragón B. y Arturo Castilla, lo hayan traído a España, con la dirección para esta versión española de Jaime Azpilicueta.

Lo espectacular

Importa, por tanto, lo espectacular. Y el homenaje al circo que está desapareciendo. Visto el espectáculo el sábado por la tarde, con un público muy abundante en niños y de adultos voluntaria, deliberadamente aniñados, desprendía una sensación general de alegría y, entusiasmo, debida en unaa gran parte a la figura juvenil y brillante de Emilio Aragón (hijo), descendiente de una dinastía circense antigua -sus abuelos, nada menos que Pompoff y Thedy, que tuvieron días gloriosos en el añorado Price-, y al conjunto de pequeños trucos circenses que le rodean y que cumple él mismo. Es un escenario complejísimo y muy bien ideado para estos fines del gran espectáculo. Unas cuantas figuras seleccionadas acompañan a Emilio Aragón en su dificilísima peripecia escénica: la actriz Clara Morales, la soprano María Fleta -otra dinastía: es nieta de Miguel Fleta y cantante de ópera-, la coloreada voz de Michel Mac Cain, la presencia de Iñaqui Guevara.

Hay un buen número de cantantes y bailarines, una orquesta numerosa, algunas atracciones de circo y, sobre todo, lo que un espectáculo requiere: una cuidada construcción técnica.

Es un espectáculo para gentes sin preocupaciones (podemos ser todos, si somos capaces de dejarlas a la puerta) y puede repetirse que, ajuzgar por la acogida de un público directo y no profesional, de taquilla, es capaz de levantar el entusiasmo. Va a tener larga vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de octubre de 1984