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Borges se convierte en un personaje imprescindible de la ciudad de Sevilla

La estancia de tres días del escritor argentino Jorge Luis Borges en Sevilla se ha visto salpicada de multitud de detalles de agasajo hacia su ilustre persona, pero, sobre todo, de la generosidad del octogenario y la clara felicidad que le inspiraba la estancia en la ciudad, en la que el maestro se ha convertido en personaje imprescindible. Borges inauguraba el lunes el curso sobre literatura fantástica que se desarrolla en la Universidad Internacional Menendez Pelayo en colaboración con la editorial Siruela. En el coloquio inaugural ya contestó a todas cuantas preguntas se le plantearon. Allí estuvo Carmen Romero, esposa del presidente del Gobierno, que también le acompañó a un recital flamenco de cantaores y tocaores de Cádiz, dentro de la programación de la III Bienal de Arte Flamenco. Borges prefirió ese espectáculo al del recitado de versos de Shakespeare por Agustín García Calvo.Su edad no fue óbice para pasear por el barrio de Santa Cruz y subir en un coche de caballos, siempre acompañado por María Kodama, su secretaria y alma mater. En un momento en que él se mostraba cansado para caminar, ella le animó recordándole su deseo de ir a Japón, y ante ello, el escritor aceptó cruzar una calle sevillana. Una vez llegados al otro lado de la calle dijo: "Ya estamos en Japón". Jorge Luis Borges abandonó ayer la ciudad de Sevilla, en la que deja un puñado de buenos recuerdos. Aquí coincidió con Gonzalo Torrente Ballester, que participa en el curso inaugurado por Borges, y ambos intercambiaron sus bastones y departieron charla y mantel para hablar de la Sevilla de los años veinte, "la que yo conocía, y de los Ultrastas, esa secta felizmente olvidada".

Borges tuvo la oportunidad de conocer en directo el patio de Sevilla "donde madura el limonero", en el interior del palacio de las Dueñas, propiedad de los duques de Alba. En tan sugerente escenario contestó a preguntas de los informadores y dijo que los americanos eran "europeos en el destierro"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de septiembre de 1984