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Tribuna:

El paradigma del mejillón

Las iniciativas recientes para fomentar los cultivos marinos deben aprender de la evolución y de los problemas de este molusco en las rías gallegas

En España, sectores productivos y científicos y los centros de decisión de los Gobiernos central y autonómicos han iniciado recientemente -con enfoques diversos e incluso divergentes- políticas de atención para la acuicultura. Existe, sin embargo, una realidad -productora y productiva-, y es que hace tiempo que los cultivos marinos, y especial mente el mejillón, son en Galicia un medio de obtención de alimentos. Los problemas bioecológicos, algunos graves, que presenta este cultivo, debieran ser tenidos en cuenta en la planificación de esta nueva etapa.

Entre las iniciativas recientes en acuicultura, tres pueden ser destacadas: plan especial de investigación y desarrollo (I+D) de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica (CAICYT) programa de inversiones en planta de producción del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la ley de Cultivos Marinos. Hasta aquí los aspectos recientes.En las rías gallegas, desde me diados de los años cuarenta, existen establecimientos de cultivo de moluscos bivalvos en balsas flo tantes o bateas. Aproximadamente, 300.000 Tm. de mejillón se obtienen por este medio de cultivo cada año, y recordemos que el horizonte a seis años propuesto por los responsables gubernamentales está en 700.000 Tm. de productos acuicultivados.

La investigación, por mor de la ya conocida y peculiar articulación que en nuestro país tienen ciencia y procesos productivos, fue ajena a los inicios y desarrollo del sector mejillonero. Los investigadores se incorporaron tardíamente a estudiar un fenómeno bioproductivo de fácil visualización: las aproximadamente 3.000 bateas de las rías gallegas tienen una apariencia llamativa de poblados lacustres.

Las investigaciones realizadas en el Instituto de Investigaciones Pesqueras de Vigo (CSIC) y en los centros costeros del Instituto Español de Oceanografía (IEO) estuvieron dirigidas -históricamente- al estudio de la biología del mejillón, y a una descriptiva -parcial- de su cultivo. Tan sólo en años recientes el equipo de Pérez Camacho y Román han realizado estudios de grano fino en los que se ponen de manifiesto las interrelaciones de las poblaciones de mejillón y su sistema de cultivo con el medio marino en que están instalados. La parte tecnológica, dirigida principalmente a las estructuras de cultivo y elaboración del producto, han ido evolucionando a partir de la iniciativa particular, fundamentalmente, sobre el eje de uso de nuevos materiales. Las características más sobresalientes del sector mejillonero en Galicia se estudian en un reciente trabajo (Bol. del Inst. Esp. de Oceano., tomo 7 (2), 297-308, 1982) sobre la ría de Arousa.

En el trabajo citado anteriormente se estudian aspectos socioeconómicos del cultivo de mejillón en la ría de Arousa y que es representativo de lo que sucede en toda Galicia: de las ya citadas 3.000 bateas, el 88% se destina a cultivar mejillón, obteniéndose un rendimiento medio por batea de 48,7 Tm./año, que implica un rendimiento por hectárea de mar de 46 Tm./año, que corresponde a la tasa de producción más elevada para cualquier especie de acuicultivo marino en el mundo, siendo también el rendimiento superior a aquel que producen las poblaciones naturales marinas en las pesquerías. Por lo que respecta al rendimiento económico (en pesetas de 1980), los autores del trabajo lo estiman en 974.000 ptas./año por batea, resultando un rendimiento neto de unas 674.000 ptas./año. El empleo generado directamente en la ría de Arousa es de 3.000 puestos de trabajo, y en el conjunto de las rías gallegas, entre 5.000 y 7.000.

La estructura de la propiedad de las bateas se define nítidamente con los siguientes datos: con una batea están el 57% de los cultivadores y agrupan el 3 1 % de las bateas existentes, y la mayor concentración de la propiedad corresponde a los que tienen entre cuetro y ocho bateas (9% de cultivadores, 26% de las bateas). La explotación es, por tanto, de tipo familiar o pequeña empresa y con bajo nivel asociativo (la experiencia asociativa comercial más importante, Somega, no soportó los embates de la gestión y el mercado, a pesar de la participación de la empresa pública y cajas de ahorro).

El rendimiento de la explotación por puesto de trabajo oscila entre 300.000 pesetas para las explotaciones de una sola batea y 1.350.000 pesetas para explotaciones de ocho batea.

Situación de fragidad

El cultivo del mejillón presenta problemas característicos de los monocultivos, tanto en los aspectos económico-comerciales como bioecológicos. De la caracterización económica anterior -aunque superficial- es fácil colegir la situación de fragilidad a la que eventual, pero repetidamente, lo abocan sucesos medioambientales: así, los temporales, que en ocasiones destruyen o alteran las estructuras de cultivos, o sucesos biológicos, como la conocida marea roja, con sus secuelas de toxicidad, que provocan una recesión en el consumo; o bien aspectos estrictamente comerciales, como los excesos de producción en relación con la demanda, o la competencia en ese mismo mercado de otros moluscos importados (chirla italiana), son algunos de los problemas que con más frecuencia se presentan en una visión superficial -aunque cierta- de los cultivos de mejillón.

Todas estas situaciones, que son noticia recurrente en las páginas de los periódicos, no parece, sin embargo, que sirvan como base y experiencia en una perspectiva planificadora de alcance de los cultivos marinos.

Así, no dudando de la necesidad de una acción lógica y sostenida en innovación, investigación y desarrollo, pudiera ser que cuestiones importantes de la actual realidad de los cultivos marinos sean obviadas u olvidadas. El paradigma del mejillón puede servir de referencia clarificadora. Hay algunos problemas que se desprenden de la evolución del cultivo y que pueden servir de indicadores en el afán de considerar una planificación integrada.

Biodepósitos, plagas y alteraciones genéticas

El cultivo, como toda acción humana, es susceptible de desestructurar el medio natural. Así sucede con el de mejillón. El abundante aporte de materia orgánica que reciben las rías, conjugado con su particular sistema de circulación e intercambio de las aguas, es uno de los problemas que -no por poco denunciados- más desequilibran al sistema. La alteración que supone la instalación en una zona determinada de las rías de un polígono de bateas se constata -al tiempo que en un cambio de las especies marinas y en la im

plantación de un nuevo microsistema biológico diferenciado- por la aparición rápida de una capa en el sedimento de fango.

Cabanas y otros (Bol. del Inst. Esp. de Oceano., tomo 5 (1),44-50, 1979) determinaron recientemente la acción de los cultivos de mejillón respecto al medio. Una batea se estima que produce 190 kilogramos de sedimento seco/día de biodepósitos, de los que 31,6 kilogramos son de materia orgánica (PSSC). Aun careciendo de datos sobre la tasa de mineralización de estos biodepósitos, es previsible que no alcance su total degradación. La propia experiencia de los marineros, en lo que respecta a la desestructuración de los fondos provocada por el cultivo del mejillón, se manifiesta en las reiteradas protestas ante cualquier pretensión de traslado y/o incremento de estos polígonos de bateas a zonas no ocupadas de las rías.

El hecho de que hasta el momento no se hayan establecido medidas que eviten los elevados aportes de materia orgánica procedentes de los vertidos urbanos sería explicación para que la preocupación no haya alcanzado a un problema, sin duda menos grave, como el de los biodepósitos. procedentes del cultivo del mejillón. Parece, sin embargo, exigible que ahora, en los inicios de la era de los cultivos marinos, los responsables de la planificación sean sensibles a las vertientes no directamente productivas. Las vías abiertas por la incorporación -incipiente- de la microbiología industrial en la investigación de subproductos y en la descontaminación hídrica marina, o bien la búsqueda de especies cultivables en asociación con el cultivo del mejillón y que sean capaces de metabolizar parte de esos biodepósitos, merecen ser líneas de I+D necesarias en el actual grado de comprensión de la realidad.

Problemas también previsibles o ya incipientes alcanzan a cuestiones propias de la población en cultivo: infestaciones y alteraciones genéticas. Las características descritas para el sector mitilícola gallego agravarían la importancia de los problemas.

La presencia de parásitos y/o plagas es un hecho previsible, al igual que en los cultivos agrícolas. Figueras puso de manifiesto el alto grado de infestación por Mytilicola intestinalis padecido actualmente por el mejillón, que no parece presentar características dañinas para la población huésped, aunque en un reciente trabajo parece que se pone de manifiesto una incidencia de la infestación de Mytilicola en el factor de condición. Sin embargo, dada la introducción de especies foráneas sin control sanitario en las rías gallegas, no es descartable la aparición de infestaciones dañinas, a semejanza de lo sucedido en los cultivos de ostra en Francia.

Prever estas situaciones, a veces de consecuencias irreversibles, parece una obligación perentoria para los responsables de la gestión de los recursos de las rías gallegas, además de un seguro ahorro en costes económicos y sociales que una situación de infestación en el monocultivo generaría.

Doble procedencia de las semillas

Otro de los importantes aspectos que en una nueva perspectiva de los cultivos marinos se plantea, y actualmente fuera del foco de atención, es la investigación en el campo de la genética. El mejillón paradigmático enseña que hasta ahora el mantenimiento de las características poblacionales parecía asegurado por la doble procedencia de la semilla utilizada (datos existentes en el primer trabajo citado indican que un 64% de las bateas utilizaban semilla silvestre procedente de la fijada en las rocas; un 10%, semilla colectada en las propias bateas por fijación en las cuerdas a pescar, y el restante 26% utilizaba conjuntamente semilla de las dos procedencias). La situación parece haberse alterado en estos tres últimos años, predominando la utilización de la semilla obtenida en batea, debido al incremento de costes de la procedente de roca (menor abundancia, mayor coste de la mano de obra). Esta situación plantea de forma perentoria la necesidad de conocer, mantener y/o mejorar la base genética de las razas en cultivo por el posible deterioro y alteración de la población.

Al final se hace necesario solicitar una reflexión y un posicionamiento sobre los aspectos menos espectaculares -no menos importantes- que realidades ya existentes en el campo de los cultivos marinos nos indican. Es una solicitud de reflexión para quienes -desde distintas actuaciones- tenemos algo que ver con el mar y/o la investigación.

Uxio Labarta es biólogo, director del gabinete de la presidencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Moluscos, crustáceos y peces

La elección de las especies marinas susceptibles de cultivarse viene determinada tanto por el hábito de consumo existente como por el conocimiento que se posee de su alimentación y hábitos reproductivos. Son necesarios programas de investigación muy exhaustivos para llegar a conocer lo suficiente de una especie como para poder iniciar su cultivo.La esperada rentabilidad económica ha hecho que se investigue especialmente sobre moluscos bivalvos distintos del mejillón, como las ostras, vieiras y almejas. Entre los crustáceos se han investigado el langostino y la langosta, y entre los peces, el salmón, la trucha, la lubina, la dorada, el besugo, la palometa, el pez limón y el pez mújol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 1984

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