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CINE

Escándalo para todos los gustos

Detrás de la puerta es una nueva demostración del talento de Liliana Cavani para partir de temas que escandalicen. Ella es el prototipo perfecto del cineasta que, carente de un discurso personal, ha creído hallarlo buscando los continuos choques con la censura. Para su desgracia y el beneficio de todos, la mayoría de las censuras de la Europa occidental andan de capa caída, al menos en lo que a restricciones temáticas se refiere.En Detrás de la puerta se juega con un tabú -el incesto- como se hacía en El portero de noche, en Mas allá del bien y del malo en La piel. Pero el resultado no trasciende, se queda en eso, en el mero juego porque nadie cree en la ficción, ni el director, ni los guionistas, ni los intérpretes parecen demasiado convencidos del poder revulsivo de lo prohibido. Es más, la sensación que produce la película es la de que se suman perversiones para que el interés no decaiga. Así, después de asistir a un número de burdel para voyeurs que incluye la sodomización de alguna espectadora, se nos va a ir informando, gradualmente, de las barbaridades que se acumulan en una misma familia: criada leprosa, suegra, mística y vengativa, padre homosexual, madre suicida y padrastro corruptor de menores, amén de hija que organiza expediciones prostibularias para turistas de lujo.

Detrás de la puerta

Director: Liliana Cavani. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Eleonora Giorgi, Tom Berenger, Michel Piccoli. Guión: L. Cavani y Enrico Medioli. Fotografía: Luciano Tovoli. Música: Pino Donaggio. Italiana 1983. Locales de estreno: Narváez, Canciller, Roxy B, Lido.

Toda la complicada trama de Detrás de la puerta podría venirse abajo porque el filme infringe una de esas normas básicas que tan bien formuló Hitchcock: nunca debe meterse al protagonista en la cárcel, ya que se corre el riesgo de que el ritmo se ralentice demasiado. Pero Cavani y Medioli han hallado la solución del dilema apoyándose en las reformas penitenciarias, concretamente en el régimen de prisión abierta y de permisos de fin de semana. Cada vez que hace falta, se saca a Mastroianni de la celda, para meterlo de nuevo entre rejas tras algún tour de force interpretativo.

Con un buen acabado, paisajes exóticos, excelente fotografía y mejores decorados, Cavan¡ procura camuflar las debilidades de los personajes y del planteamiento. Mastroianni, con una esforzada caracterización como sátiro, ayuda a que el filme no se hunda en el ridículo. Berenger oscila entre Newman y los anuncios de colonia mientras Eleonora Giorgi lucha con un físico que hace improbable su personaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de junio de 1984

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