En busca de Chico Freeman
El concierto estaba anunciado para las once de la noche, pero las puertas del local no se abrieron hasta una hora después. Semejante contrariedad en esa especie, de sucursal de Norteamérica que ha abierto Madrid en los alrededores del Rock-Ola no podía tener otro efecto que el de impulsar a la escasa concurrencia a un vagabundeo descabellado, en plan Kerouac.Con ese panorama, lo mejor que puede decirse de Chico Freeman es que no nos durmió, aunque tampoco es que hiciera nada del otro mundo. Verán: cuando los especialistas empezaron a hablar de Chico Freeman, todos nos imaginábamos que era algo así como el nuevo animal salvaje del saxo tenor. Luego ha resultado que no es tan fiero el león como lo pintan, y que Chico es, simplemente, otro músico joven interesante que añadir a la lista de músicos jóvenes interesantes. Tiene algunas ideas originales y, como la gallina del cuento, mucha tradición: la ha aprendido toda de su padre, Von Freeman, un músico que, como papá Marsalis, eligió pasar a la pequeña historia del jazz para mejor allanar a su prole el camino de la grande.
Concierto de jazz
Chico Freeman Quartet. Le Carrousel. Madrid, 11 de junio de 1984.
Vino Chico en cuarteto, con acompañantes de algún renombre y diversa eficacia. Mark Thompson es un pianista de registro expresivo limitado, pese a su aparente versatilidad. El esperado Freddy Waits, batería justiciero, estuvo a punto de robarles la escena a los otros tres. Del contrabajista Cecil McBee dije una vez, desafiando a toda clase de duendes, que era ponderoso, así, con una ene en medio. Ahora hay que repetirle el calificativo.
Chico Freeman tuvo cosas malas -todo lo que hizo con el soprano- y cosas buenas. Tocó una balada con el estilo de su padre, aunque con sonoridad menos rotunda; estuvo simpático y hasta enseñó, a ráfagas, los antiguos dientes de saxo tenor feroz. Bastante hizo, a semejantes horas, en un local como aquellos que le irritaban tanto a Charles Mingus, y ante una media entrada compuesta en buena proporción por gente que lo ignoraba todo sobre aquellos cuatro negros, pero que mayormente no tenía ganas de irse a dormir.
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