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Crítica:CANCIÓN

Las ideas y los cuerpos

Las ideas las puso Joaquín Sabina, trabajador del folk y vecino de Lavapiés, con la ayuda de una poderosa banda de la cual hay que destacar, sin menospreciar al resto de los componentes, al bajista, sin duda uno de los mejores músicos de rock en España sobre un escenario: Javier Martínez. Sabina descargó sus baladas urbanas, concebidas sin duda para un sonido acústico, con toda la potencia del rock americano en el más puro estilo Browne o Springsteen, y, aunque el resultado era más que digno y la gente lo pasó bien, uno sentía dispersarse esas ideas, escritas en tono íntimo, compuestas para ser interpretadas ante una pequeña audiencia. Los temas dedicados al Jaro y al Kung-fu, este último estreno, y los ya clásicos de Joaquín, Pasándolo bien, Juana la loca, El mercader de sueños, Pongamos que hablo de Madrid, encontraron el eco lógico en un público que se decanta mayoritariamente por los espectáculos gratuitos.Y después llegaron los cuerpos, a cargo de Objetivo Birmania, grupo especializado en el funky de colorines y que, en este tipo de conciertos, tiene la desventaja de que, en España, no existe la costumbre de sonorizar a grupos cuyo mayor atractivo no sea el volumen, sino la sutilidad. Nueve jovencísimos componentes, de los cuales hay que destacar a Miguel, que hace voces a lo Marvin Gaye estupendamente y que está inexplicablemente escondido en el lateral izquierdo del escenario, y, por supuesto, a las dos go-gos que son las que realmente acaparan toda la atención durante el show, dieron una muestra a base de temas sin mucha consistencia e intrascendentes, como Chica Bond, Tormenta a las diez y Coco-funk, repelente cara A de su primer single.

Joaquín Sabina, Objetivo Birmania

Fiestas de San Isidro Paseo de Camoens, parque del Oeste. Martes 15 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de mayo de 1984