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España, partidaria de aumentar las fuerzas convencionales

El Gobierno español se muestra partidario de potenciar el componente europeo de armas convencionales, para elevar así el nivel del umbral nuclear, según declaró recientemente el ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán.En su intervención en el seminario sobre OTAN y Defensa, organizado en Madrid hace dos semanas por el Grupo 16, Morán habló ampliamente sobre los problemas de la seguridad europea y, entre otras cosas, manifestó que no se puede "prescindir de las armas nucleares y, en concreto, de la protección del paraguas norteamericano, sobre cuya necesidad nadie duda en este momento".

Pero sí es necesario, en cambio, continuó el ministro, "hacer todo lo posible para elevar el nivel del umbral nuclear. Esto supone fortalecer considerablemente la defensa convencional de Europa Occidental, algo que tiene costes económicos considerables".

Resaltó Morán que "España es consciente de que una actitud neutralista no favorece hoy a sus intereses nacionales" y recordó que "España realiza desde 1953 -y en condiciones que durante muchos años no pudieron de ninguna forma calificarse de satisfactorias- una aportación militar fundamental a la defensa de Occidente, muchos de cuyos aspectos básicos se hubieran visto recortados sin el papel estratégico desempeñado por instalaciones militares situadas en territorio español".

El director general para Asuntos Internacionales de Seguridad y Desarme, Carlos Fernández Espeso, manifestó a EL PAIS que estos intentos europeos de potenciar el componente convencional pretenden corregir un fallo existente en la estrategia defensiva de Europa, que descansa demasiado en el papel de las armas nucleares y en una posición de "todo o nada".

Una mayor defensa convencional supone una elevación de los gastos defensivos y si bien aleja el umbral atómico puede aumentar los riesgos de un conflicto en Europa con armas no nucleares. El paraguas norteamericano crea un equilibrio esencial para la seguridad europea, añadió Fernández Espeso, y su desaparición supondría un "desequilibrio brutal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de abril de 1984