Crítica:TEATRO
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Pasiones reprimidas

La gata sobre el tejado de zinc caliente es una obra de 1955; se ha dado varias veces en España -la más reciente, por María José Goyanes, dirección de José Luis Alonso- y se ha visto en película. Ahora se repone en el teatro Reina Victoria con una dirección del argentino Carlos Gandolfo, autor también de la adaptación (con Salvador Maldonado): una versión breve, rápida y fría.Quizá contribuya a la frialdad el material dominante en el suntuoso decorado (del suizo Max Bignens): el metacrilato dispuesto en forma de barrotes de jaula de fieras en la pista del circo, con los extremos superiores curvos: la idea, sin duda, es la de señalar la fiereza domesticada de los habitantes de la hacienda y construir el laberinto por donde sus vidas se cruzan continuamente.

La gata sobre el tejado de zinc caliente

Tennessee Williams. Adaptación de Carlos Gandolfo y Salvador Maldonado. Intérpretes: Eusebio Poncela, Carme Elías, Marisa Paredes, Julieta Serrano, Francisco Hernández, Carlos Lemos, Manuel Pereiro, Sergio Mendizábal, Rolando Muñoz, Ladiomar Correa Marcos, Juan Pablo Osuna, Mariángeles Fernández, Alicia Hernández, Pedro Alfonso Chao, Belén Ordóñez Villar. Escenografía de Max Bignens. Música de Luis de Pablo. Iluminación de André Collet. Dirección: Carlos Gandolfo.Teatro Reina Victoria. Madrid, 15 de marzo.

Hay también una luz fría (del francés André Collet) que hurta la impresión del Sur caluroso, de la tarde de tormenta, de la personalidad del clima. Por esta línea de contención o de pasión interior que parece, por muchas coincidencias, deliberada, va también la interpretación.

Carme Elías, la gata, tiene el mérito de haberse incorporado a su papel -por sustitución- en los últimos días: lo dice con pulcritud y con exactitud y buena escuela, pero su figura de bella señorita de la clase media española la aleja continuamente del arquetipo, del mimo lujurioso, de la provocación de hembra cálida y fecunda que Tennessee Williams ideó para tratar de enardecer al macho desesperado, hundido, ambiguo, desconocido de sí mismo: y esos matices sí los da muy bien Eusebio Poncela, que hace una excelente interpretación.

Una obra misógina

Toda la obra original es misógina, una misoginia en tres espejos revelada en las tres parejas esenciales y en las formas de defensa que en por lo menos dos de ellas realizan los hombres de sus mujeres: en la tercera -la fecunda y ambiciosa-, el hombre se ha sumergido totalmente en el dominio de la esposa.La idea de la misoginia está o aparece velada pudorosamente en esta versión, tal vez por imperativo de nuestros tiempos. Interesa más, en general, la pulcritud y la minuciosidad del trabajo, el esfuerzo de la dirección y de los intérpretes, que lo que parece ser la grandeza de esta obra: una reminiscencia de la grandeza de la tragedia griega en el sur de Estados Unidos, un cruce de pasiones y emociones, de odios, asco, ambición, dominio y posesión, que son los datos principales del texto original y los que se han ido intentando, con mayor o menor fortuna, en las muchas versiones que ha tenido. Ese interés pareció ser el que experimentó el público, que ovacionó y vitoreó a los intérpretes.

El director y sus colaboradores no salieron a saludar después de laprimera representación de esta versión de la obra de Tennessee Williams que vino a promover en España el director de cine y novelista Elia Kazan. Kazan protagonizó el martes una mesa redonda con personajes españoles del teatro sobre la obra general de Williams y luego dejó Madrid para visitar Barcelona.

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