Reportaje:

La guerra psíquica

Las dos grandes potencias intentan dominar ciencias o artes tan esotéricas como la percepción. extrasensorial, la telepatía y la psicoquinesis, en nombre de la defensa nacional

El Pentágono niega que esté gastando dinero en la investigación de los poderes psíquicos, pero afirmaciones en sentido contrario aparecen en tres nuevos libros, uno de ellos recién publicado (los otros dos aparecerán la próxima primavera), y en una serie de en primavera), y en una serie de entrevistas en las que antiguos oficiales del Pentágono y científicos que han estudiado los fenómenos paranormales hablan sobre la búsqueda de los poderes psíquicos, que, según ellos, los militares están intentando desde hace décadas.De todo ello surge la imagen de las dos superpotencias intentando dominar ciencias o artes tan esotéricas como la percepción extrasensorial, la telepatía, la clarividencia y la psicoquínesis, todo esto en nombre de la defensa nacional.

Durante más de un siglo, los científicos han estado enfrentándose entre sí por lo que actualmente se denomina parapsicología. Unos la aclaman como un estudio legítimo y otros la rechazan como una seudociencia. La afirmación de que el Pentágono, que tiene el sagrado deber de mantener la seguridad del país, es uno de los principales impulsores de las investigaciones psíquicas en Esta dos Unidos ha puesto la polémica al rojo vivo.

Defensores como el congresista Charlie Rose, miembro del Comité de Inteligencia, afirman que la posibilidad de la guerra psíquica es

algo altamente probable, y podría exigir, un día, un programa rápido semejante al proyecto Manhattan, que sirvió para fabricar la, primera bomba atómica.

El Pentágono niega las investigaciones

Pero los escépticos dicen que hay demasiada trampa en eso de los poderes psíquicos, y que ha sido imposible obtener verificación científica. "No se puede obtener en un laboratorio abierto", dijo el doctor Paul Kurtz, filósofo de la Universidad del Estado de Nueva York, en Buffalo, presidente del Comité de Investigaciones Científicas de Fenómenos Paranormales ."¿Qué les hace pensar a los militares que van a conseguirlo a puerta cerrada?".

Un portavoz del ÇPentágono llegó a negar que el Departamento de Defensa se " esté gastando un céntimo" actualmente en las investigaciones de fenómenos psíquicos, aunque también sugirió que no podía hablar de la existencia de proyectos altamente secretos.

El estudio más detallado de una serie completa de experimentos psíquicos es La carrera de la mente, del doctor Russell Trag y Keith Harary, que será publicado esta primavera por Villard Books, una compañía de Random House.

Targ, físico con conocimientos prácticos del uso del láser, la óptica y microondas, estuvo trabajando durante una década en el SRI International, en lo que denomina un programa de miles de millones de dólares de investigación de fenómenos psíquicos financiado por el Departamento de Defensa y agencias de inteligencia.

Los experimentos fundamentales eran sobre lo que Targ denomina "visión remota": personas especialmente dotadas afirmaban poder describir instalaciones, acontecimientos y objetos lejanos. En 1976, por ejemplo, un vidente de California intentó captar sensaciones que Targ estaba sintiendo a miles de kilómetros de distancia, en Nueva York. El emplazamiento fue elegido unos minutos antes de la prueba.

En un ordenador conectado a la red de la agencia de proyectos de investigación de defensa avanzada, el vidente de California iba anotando sus impresiones. "La primera imagen que capté fue de una cavidad de cemento, como si fuera una fuente seca, con un poste de cemento en el centro o en su interior. Parecía que había palomas a la derecha volando sobre la cavidad". Efectivamente, dice Targ, el emplazamiento de la prueba, la fuente central del parque de Washington Square, estaba seca, y tenía un poste en el centro que antes echaba agua, y estaba rodeada de palomas.

En La guerra de las mentes (pró xima aparición en St. Martin's Press), Ronald M. McRae afirma que las investigaciones de los fenómenos psíquicos se emplearon para evaluar la fórmula del juego de las bombas de los misiles MX, un programa de emplazamiento que costó unos 40.000 millones de dólares, por el cual cada misil MX se desplazaría en secreto por un laberinto de bunkers de cemento, de tal manera que los soviéticos no pudieran saber nunca a qué emplazamiento deberían disparar. Citando como fuente a un antiguo asesor de la Casa Blanca, McRae afirma que el Pentágono preparó experimentos en los que individuos con poderes psíquicos adivinaban la situación de los blancos, y que los resultados fueron lo suficientemente favorables como para sugerir una gran vulnerabilidad de los MX. La antigua asesora Barbara Honegger, licenciada en Parapsicología, abandonó la Administración Reagan el otoño pasado. Ella confirmó en una conversación telefónica la realización de los experimentos. Pero dijo que no sabía si los descubrimientos realizados tuvieron algo que ver con la decisión tomada por el Gobierno de Reagan de paralizar la fórmula de movilidad de emplazamientos.

"Existen pruebas sugerentes"

Tales episodios, según McRae, forman parte de un "historial de 30 años de investigación de los fenómenos psíquicos por parte de la CIA, el ejército, la marina, las fuerzas aéreas, los marines, la NASA y la Agencia de Inteligencia de Defensa". McRae, que trabajó con anterioridad como reportero para el famoso columnista Jack Anderson, dice que sus investigaciones demuestran que el Pentágono se ha gastado más de seis millones de dólares al año en investigación de fenómenos psíquicos en los últimos años, incluyendo estudios sobre la capacidad de la mente humana para emitir y captar ondas de radio de frecuencia extremadamente baja.

Daniel O. Graham, teniente general retirado del ejército de tierra, antiguo director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, dijo en una entrevista que la cifra de seis millones de dólares le parecía muy elevada, pero reconoció que los militares se habían gastado cantidades considerables en investigación de fenómenos psíquicos. "Existe a nuestro alrededor suficiente número de pruebas sugerentes como para querer estar con los ojos abiertos" dijo.

Cualquiera que haya sido la cantidad, McRae afirma que es difícil averiguarlo, por el secreto con que lleva todo el Gobierno. La CIA aporta algo de dinero para las investigaciones a través de instituciones privadas, según McRae, que cita un memorándum de la agencia, advirtiendo que los "fondos no deberían llevar identificación alguna ni dar lugar a ningún tipo de preguntas". En los informes del Pentágono se evitan las palabras poderes psíquicos y se utilizan eufemismos como nuevos sistemas biológicos de transmisión de información, según MacRae.

Quienes afirman que los militares están llevando a cabo investigaciones sobre los poderes psíquicos resaltan que se debe principalmente al temor de que los hallazgos de los soviéticos en este campo podrían suponer para las fuerzas armadas norteamericanas su eliminación de una forma suave. Se dice que especialistas de la CIA han visitado hace poco a uno de los mejores parapsicólogos del país para obtener información sobre la posibilidad de interferir un ordenador por medio de poderes psíquicos.

La amenaza soviética

A Jimmy Carter le preocupaba la amenaza soviética en 1976, ¡antes de llegar a la presidencia, según McRae, y mantuvo un encuentro privado con Uri Geller. El mentalista israelí le dijo que la Unión Soviética examinaba a todos los niños para ver si tenían poderes paranormales. En. 1977, dice MacRae, Carter ordenó un estudio a alto nivel de las investigaciones de los soviéticos en fenómenos psíquicos. El informe secreto, acabado en 1978, no encontró ninguna prueba de un proyecto a gran escala de guerra psíquica, del que había advertido Uri Geller, pero sí descubrió un gran interés de los soviéticos por el tema. Funcionarios de la Casa Blanca durante la Administración de Carter dicen que, o bien no tuvieron conocimiento alguno de la preocupación del presidente. por este terna, o bien que no pueden ni afirmar ni negar que existiera.

El lado ruso de la cuestión es resaltado en Guerra psíquica, de Martin Ebon, publicado el otoño pasado por McGraw-Hill. Ebon dice que la Unión Soviética se vio impulsada a actuar en 1960 por una serie de informes falsos de que la marina de Estados Unidos estaba efectuando experimentos de telepatía para intentar mantenerse en contacto con el Nautilus, el primer submarino del mundo impulsado por energía atómica, durante su travesía bajo los hielos del Ártico.

Estos informes dieron lugar a un gran número de proyectos soviéticos, según Ebon. Señala un análisis hecho por la Agencia de Inteligencia de la Defensa en 1972, que indica que "el principal impulso tras el deseo soviético de controlar las posibles capacidades de la comunicación telepática, la telequinesia y la biónica parece provenir de los militares soviéticos y del KGB".

¿Se encuentran, efectivamente, las superpotencias al borde de una carrera de armas psíquicas? Investigadores de toda confianza se muestran dudosos. Además, algunos escépticos dicen que un Gobierno puede tener la tentación de falsificar los. resultados de los; experimentos para engañar a sus enemigos. "Hay algunos cínicos que piensan que la participación del Gobierno de Estados Unidos en la investigación de los fenómenos psíquicos no es más que un ejercicio de desinformación, propaganda para hacer que los soviéticos gasten recursos en proyectos semejantes", dijo Truzzi, del Centro de Investigaciones de Anomalías Científicas.

Pero no todo el interés del Gobierno reside en la desinformación, si tomamos como indicación un reciente encuentro privado financiado por Kaman Tempo, una organización de investigación industrial de Alexandria, en el Estado de Virginia. El pasado mes de diciembre, la compañía invitó a decenas de funcionarios del Gobierno a una conferencia privada con el poco definido título de La aplicación de los fenómenos anómalos. Entre los 11 ponentes (le la conferencia, que duró dos días, se encontraban algunos de los mejores investigadores de fenómenos psíquicos de Estados Unidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de enero de 1984.

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