La 'revuelta del pan'

60 muertos, balance oficioso de la 'revuelta del pan' en Tunicia

ENVIADO ESPECIAL

Nuevos disturbios, que motivaron la rápida intervención del Ejército y la policía, se produjeron a mediodía de ayer en la capital de Tunicia, cuando un grupo de manifestantes intentó incendiar y saquear los Almacenes Generales, el complejo comercial más importante de la capital. El balance oficioso de los enfrentamientos ocurridos en todo el país desde el pasado jueves asciende ya, según medios políticos tunecinos, a 60 muertos y dos centenares de heridos graves, aunque el único balance oficial dado hasta el momento es el de hace tres días: cuatro muertos y un número indeterminado de heridos.

A pesar del intenso patrullar del Ejército y la Guardia Nacional, un grupo de desconocidos intentó saquear los citados establecimientos comerciales. Un blindado del Ejército se desplazó inmediatamente al lugar de los hechos, secundado por la Guardia Nacional, que disparó ráfagas al aire y lanzó gases lacrimógenos.

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En pocos segundos las calles céntricas de la ciudad y los distritos comerciales quedaron. desiertos, y los precavidos comerciantes bajaron inmediatamente los cierres metálicos de sus establecimientos, que no volvieron a abrir hasta entrada la tarde.

A pesar de ese incidente, la normalidad, precaria todavía, parece volver a todo el país, y en cualquier caso, en la capital la apariencia de normalidad es grande. Las comunicaciones entre ciudades se van restableciendo poco a poco, y sólo Gafsa, la gran urbe industrial de Tunicia, y su región siguen aún aisladas del resto del conjunto del Estado.

Las informaciones sobre la sítuación general son, sin embargo, escasas, y los propios tunecinos se muestran muy circunspectos. En un país tan volcado hacia el turismo extranjero como Tunicia este intento generalizado y ostensible de todos los tunecinos de minimizar los acontecimientos resulta comprensible.

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El Gobierno tunecino de Mohamed Mzali trata de llegar a un acuerdo con los sindicatos para restar tensión al conflicto

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De todas maneras, las carcasas de automóviles y autobuses incendiados, que los servicios de limpieza han retirado ya de las arterias principales de la capital, reunidas aquí y allá provisionalmente, en espacios baldíos, dan fe de la violencia de los disturbios de que fue escenario Túnez desde el martes.

Ayer se produjeron también incidentes en Cartago y en Sfax, la segunda ciudad de Tunicia, el Banco de Tunicia fue destruido por los manifestantes. Las noticias sobre el interior del país son mínimas, y es difícil establecer si estos son los únicos casos.

Resulta difícil, por no decir imposible, tener una idea exacta del número de víctimas que ha causado ya la represión de esta revuelta del pan, según unos, y revuelta de los hambrientos", según otros. En medios políticos tunecinos se estimaba ayer que el número de muertos puede elevarse ya a 60 y el de heridos graves a un par de centenares. La estimación oficial, no obstante, sigue establecida desde el lunes en cuatro muertos y una docena de heridos.

El estado de excepción y el toque de queda, desde las seis de la tarde a las cinco de la mañana continúan en vigor para todo el territorio nacional, aunque el primer ministro, Mohamed Mzali, anunció que este último sería levantado el próximo sábado. El sábado también deben reabrir sus puertas de nuevo los establecimientos escolares de primaria y secundaria, así como las facultades de la capital, cerradas por orden del Gobierno desde el martes pasado, cuando los estudiantes se lanzaron a la calles de Túnez.

Una delicada partida

En cualquier caso, el Gobierno de Mohamed Mzali juega en estos momentos una delicada partida. Por un lado, intenta llegar a un acuerdo con los sindicatos, principalmente la mayoritaria UGTT que dirige Habib Achur, para quitarle tensión a la situación, y por otro lado, demuestra la suficiente energía en la represión de los disturbios y el mantenimiento del orden, entre otras cosas para evitar que sea puesta en tela de juicio la liberalización y democratización que constituyen el arbotante toda vía no puesto en práctica de la política del primer ministro, y que tiene sus opositores y detractores no solamente entre algunos dignatarios del burguibismo y jerifaltes del partido socialista desturiano del presidente Habib Burguiba, sino también entre los activos integristas musulmanes.

La UGTT, que reúne hoy a su comisión administrativa para adoptar una postura con respecto a la situación presente, se encuentra dividida. El miércoles su secretario general Habib Achur había dejado entrever que podría convocar a una huelga general si sus demandas al Gobierno -que consisten en que este se retracte de las alzas de precios decididas o las reduzca, y aumente los salarios- no son aceptadas.

Aunque el Gobierno Mzali parece dispuesto a aceptar los aumentos de: salarios, resulta claro que no revocará las alzas de precios que considera indispensables y sobre las cuales, sus instigadores, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se muestran intransigentes.

Las diferencias de Habib Achur con algunos de sus colaboradores conciernen a la estrategia a seguir. La idea de una huelga general -que trae al recuerdo de todos la decretada en enero de 1978 por Habib Achur, que degeneró en violentos incidentes que provocaron más de 100 muertos y la detención un centenar de sindicalistas, entre ellos el propio Achur, que fueron juzgados por atentar contra la seguridad del Estado- no parece que cause un gran regocijo en el sindicato UGTT.

La importancia de las subidas

Por otra parte, los sindicatos y la UGTT en particular no son los instigadores de las manifestaciones y, al parecer, habían admitido la idea del Gobierno de subir algunos precios de productos básicos de consumo, entre ellos el pan. La cuestión que les separa ahora del Gobierno reside en que la UGTT no parecía tener idea de la importancia de las subidas que el primer ministro se proponía aplicar y que en definitiva van a la eliminación de las subvenciones estatales a los productos de consumo de primera necesidad.

De ahí que la estrategia sindical, en esta coyuntura que escapa también al control de los sindicatos, consista en ese aumento de salarios y la promesa del Gobierno de que no serán eliminadas por completo las subvenciones, o lo que es lo mismo, que las alzas de precios serán reducidas.

A partir de las seis de la tarde, Túnez es una ciudad desierta. Las calles sólo las recorren los vehículos de la policía con sus luces azules relampageantes sobre los techos. En la oscuridad de algunas calles y plazas, como es el caso de la plaza de África, destaca la silueta impresionante de los blindados listos a entrar en acción y las sombras de los soldados con las ametralladoras preparadas.

A partir de las cinco de la tarde, cuando cierran las oficinas y los comercios, para que todos puedan llegar a tiempo a sus casas, el tráfico se vuelve caótico ante la prisa y nerviosismo de los automovilistas y peatones por retirarse antes del inicio del toque de queda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de enero de 1984.

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