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Roger Guillemin: "Cuando el científico encuentra cerradas las vías tradicionales, debe recurrir al ingenio"

El ser humano está controlado en su desarrollo y crecimiento por una parte del cerebro, el hipotálamo, que regula la producción de las diferentes hormonas a través de la hipófisis, una pequeña glándula situada en la base del cerebro. El control no se realiza mediante el sistema nervioso, sino a través de una compleja red de capilares y por medio de unas moléculas que constituyen el objetivo de la investigación de numerosos científicos desde hace 30 años. Roger Guillemin, que obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1977 por sus trabajos sobre hormonas hipotalámicas, es uno de estos científicos, y presentó esta semana en Madrid sus últimos descubrimientos.

Roger Guillemin dictó el pasado lunes una conferencia en la Fundación March e intervino en la II Reunión Científica del Fondo de Investigaciones Sanitarias. Guillemin, nacido en la ciudad francesa de Dijon en 1924, es uno de los cerebros europeos exportados a Estados Unidos, donde ha desarrollado, tras una primera etapa en Canadá, toda su labor científica. Ahora coordina un nutrido equipo de colaboradores en los laboratorios del Salk Institute, de La Jolla (Estado de California), en otros centros de investigación de Estados Unidos y en su patria, Francia.Guillemin ha explicado, en su visita actual a España, su último gran descubrimiento, tras el que llevaba, como explica él mismo, 15 años. Se trata del GRF, factor de desencadenamiento de la hormona del crecimiento, también llamado somatocrinina, que el hipotálamo fabrica en cantidades tan pequeñas que no ha sido posible aislarlo en el cerebro, y cuyo descubrimiento fue hecho público por Guillemin en noviembre del año pasado. "Cuando el científico encuentra las vías tradicionales cerradas, tiene que apelar al ingenio", afirma Guillemin.

En este caso, la vía fue un tumor muy raro del páncreas qué provoca acromegalia, un padecimiento que se da sólo en adultos y que consiste en que las personas que lo sufren segreguen una cantidad anormalmente alta de hormona del crecimiento. "Estábamos convencidos de que este tumor hace aumentar la producción de esta hormona a través de las mismas moléculas que regulan su producción directamente en el cerebro". El tumor de una enferma francesa le permitió aislar esta molécula, que consiste en una cadena de 44 aminoácidos, y que puede tener una aplicación directa en el tratamiento del enanismo y otros desórdenes de origen hormonal.

"Estamos convencidos de que moléculas que se han identificado en el aparato digestivo se encuentran también en el cerebro, y al revés, y que son exactamente las mismas moléculas", afirma Guillemin, "aunque todavía no sabemos el alcance exacto de este descubrimiento".

Guillemin es más conocido por su descubrimiento de los péptidos opiáceos, las endorfinas, que son sustancias producidas también en el hipotálamo y que parecen actuar de forma parecida a la morfina y otros opiáceos como respuesta del organismo ante los impulsos dolorosos. "Las endorfinas, para que actúen, deben inyectarse directamente en la médula espinal, porque el cerebro tiene un mecanismo de defensa ante estas moléculas que impide su paso a través de la sangre". Experimentos con estos péptidos se han realizado en Japón con éxito, aunque en Estados Unidos, hasta ahora, se había prohibido su experimentación en seres humanos directamente en la médula espinal. Las endorfinas abren un nuevo campo, el del tratamiento del dolor, y parecen estar también relacionadas con las enfermedades mentales.

El descubrimiento del GRF ha completado la búsqueda, iniciada en 1952 por los endocrinólogos , de los factores de desencadenamiento de todas las hormonas segregadas por la hipófisis, que a su vez regulan desde las actividades sexuales hasta el crecimiento, pasando por la fertilidad e incluso las emociones.

"Aunque no es un tema que esté estudiando ahora mi equipo, el conocimiento del mecanismo de regulación de la hormona de la fertilidad puede llevar a nuevos métodos de control de natalidad con una píldora que sólo deba tomarse dos o tres veces al mes", señala Guillemin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de mayo de 1983

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