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Crítica:CINE

Alicia, al otro lado de la pantalla

Producida por Walt Disney, Tron es una película destinada a cambiar la imagen de la empresa en vísperas de la inauguración de EPCOT, su nuevo parque de atracciones, el competidor futurista del clasicismo de Disneylandia. Tron es un filme de la era del vídeo, en el que los trucos de animación son hechos por un ordenador y en el que los decorados electrónicos han sido diseñados por gente como Syd Nead, Richard Taylor, Peter Lloyd o Moebius. Es una película experimental de gran producción, una prueba más del papel que está jugando, en la actualidad, el cine fantástico, convertido en un sector de punta.La historia de Tron es la de un inventor de juegos de vídeo que ha visto cómo sus programas le eran robados por otro ingeniero que, temeroso de ser a su vez desbancado, opta por crear una estructura centralizada, un programa maestro de control de todos los demás programas que, inevitablemente, se convierte en un dictador. Cuando el protagonista intenta demostrar que fue víctima de un robo, el control central le dispara un rayo láser que le desintegra y le lleva a otra dimensión, al mundo de los vídeo-juegos. Una vez allí, al otro lado del espejo, él y los espectadores entran en contacto con un universo electrónico absolutamente extraordinario. Al final, el bien vence una vez más y el hombre derrota a la máquina, el programador al programa.

Tron

Director: Steven Lisberger. Intérpretes: Jeff Bridges, Bruce Boxleitner, David Warner, Cindy Morgan, Barnard Hughes, Dan Shor, Peter Jurasik. Estreno en los cines Lope de Vega, Novedades, Infante.

Tron es un filme extraño en la medida en que, me parece, se anticipa a nuestras capacidades como público. Por el momento, los ordenadores y vídeo-juegos son auxiliares relativamente sumisos o un entretenimiento sin peligro. Su incorporación a la cotidianeidad no nos hace pensar en el HAL de 2001, una odisea del espacio. Quizá por eso los referentes de Tron sean más bien Viaje alucinante -una visita al interior del cuerpo humano- o La guerra de las galaxias.

El atractivo visual del filme se sostiene en un argumento simple y bien construido, que dosifica emociones y aventuras de manera que no se interfieran con las continuas sorpresas de decorado. Sin embargo, el argumento, tiene que luchar contra lo difícil que nos resulta aceptar que el espejo de Alicia sea una pantalla de vídeo. Además, toda la belleza del diseño de paisajes electrónicos choca con los cascos y uniformes de los personajes, que son tan poco atractivos como responsables de una continua confusión.

En Tron todo es nuevo porque nunca habíamos visto una mezcla de cine, dibujo e imagen generada por un ordenador que tuviera tanta riqueza y complejidad. Es un filme que ha inventado sus propios sistemas para poder existir, que ha exigido, por ejemplo, que para cada segundo de película se emplearan casi cien millones de unidades de información. El resultado, cuando es satisfactorio, se asemeja al de Yellow submarine y su famoso mar de los agujeros; cuando falla, nos sentimos más próximos a Todo lo que usted deseaba saber sobre el sexo y no se atrevía a preguntar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de abril de 1983

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