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Crítica:CINE

Clásico imprescindible

Es ésta una excelente oportunidad para conocer o revisar una de las obras cumbre del cineasta F. W. Murnau, primera de las que realizó en Estados Unidos tras su fructífero paso por las corrientes del expresionismo alemán (Nosferatu, El último, Tartufo, Fausto ... ).En Amanecer (1927) permanecen algunas claves estéticas de aquel movimiento, aunque adaptadas a una narrativa más lineal, que Murnau trató con una impronta no frecuente en la cinematográfica norteamericana de entonces. Su talento para combinar la inspiración expresionista con el más depurado realismo convirtió Amanecer en una sorpresa histórica. Dividió su película en tres partes: el drama de celos y el intento de asesinato, la fascinación por la gran ciudad y la reconciliación tras la tragedia. En última instancia, la película proponía una elemental defensa del amor conyugal e incluso una arrebatada propuesta de que la fidelidad es el germen del placer. Pero para llegar a esa conclusión, inevitable en el último minuto, Murnau matizó de tal forma las características de sus personajes, enriqueció con tal genio las situaciones que éstos viven que Amanecer, mucho antes que un panfleto moralista, sigue siendo un acertado análisis de la vida de unos hombres que, recluidos en un ambiente rural, sueñan con que la felicidad sólo es posible en la gran ciudad.

Amanecer

Director: F. W. Murnau. Guión: Carl Mayer, sobre una obra de Hermann Subermann. Fotografia: Charles Rosher y Karl Struss. Intérpretes: George O'Brien, Janet Gaynor, Margaret Livingstone, J. Farrell McDonall, Bodil Rosing. Norteamericana, 1927. Drama.Local de estreno: Luchana.

Su imaginativa visión del enloquecido mundo de la capital, con las sugerentes propuestas de la vampiresa seduciendo al honrado campesino o la descripción del bullicioso mundo nocturno donde el matrimonio redescubre el amor que les une, se traduce en imágenes vivas, muchas veces insólitas, plagadas de humor y de cierta crueldad. Sin embargo, quizá nada sea comparable en Amanecer a la secuencia maestra en la que el marido, tentado por la posibilidad del adulterio intenta asesinar a la esposa. Cada plano recrea con sensibilidad la violenta situación de los personajes; las dudas de él y el temor incipiente de ella no se refugian en el tópico sino que nacen de una profunda matización de los personajes.

Janet Gaynor obtuvo un oscar de interpretación por su acertada composición de la esposa ingenua. Amanecer tuvo, además, otros dos oscars de la Academia: a la mejor película y a la fotografía. Cualquiera de esos oscars, ycontrariamente a lo que es habitual, sigue teniendo en el caso de Amanecer una clara justificación.

La película careció, no obstante, de éxito comercial. Murnau había eliminado prácticamente la necesidad de explicar la acción a través de subtítulos, tan innecesariamente abundantes en la mayoría de las películas de la época, confiando así en que la expresividad de sus imágenes era suficiente para emocionarse con el drama del joven matrimonio campesino. Murnau prefirió recrear su situación apoyándose sólo en las miradas, en los silencios, en la interpretación. En sus siguientes películas norteamericanas se vio obligado a introducir elementos más comerciales. Probablemente ello haya ayudado a que Amanecer siga siendo hoy una de sus películas comerciales, aunque, paradójicamente, no tuviera en su momento la aceptación merecida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de marzo de 1983

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