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La concepción oficial de la cultura catalana, contestada por intelectuales de izquierda

El ciclo Reflexiones críticas sobre la cultura catalana, organizado por la Conselleria de Cultura de la Generalitat de Cataluña, con el objeto de plantear un debate sobre la situación y las perspectivas de la cultura en Cataluña, entra hoy en su recta final con la intervención del arqueólogo Miquel Tarradell, que hablará sobre Universidad e investigación humanística. El próximo viernes se producirá la intervención del historiador Josep Termes, que tratará de La inmigración en Cataluña: política y cultura y cerrará el ciclo el valenciano Joan Fuster, con una conferencia titulada Cultura nacional y culturas regionales en los Países Catalanes. Entre ambos disertará Josep Maria Castellet, cuya intervención fue pospuesta por una gripe.Hasta el momento han intervenido el historiador francés Pierre Vilar, autor de la obra Cataluña dentro de la España moderna, el crítico y ensayista Joan Triadú, el filósofo catalán, afincado en los Estados Unidos, Josep Ferrater Mora, el profesor de Literatura Catalana, Joaquim Molas y el filósofo y diputado por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Xavier Rubert de Ventós.

Pierre Vilar abrió un nuevo frente en la discusión sobre el panorama cultural, al preguntarse si por cultura catalana había que entender la cultura hecha en Cataluña, independientemente de la lengua en que ésta se exprese, o si, por el contrario, se trata de una expresión restrictiva y excluyente. En su opinión, matizada pero trasparente, Cataluña es una nación cuya característica cultural es la de tener dos lenguas, la catalana y la castellana. Vilar fue incluso más allá al afirmar que el catalanismo era, desde tiempo, de raíz popular, en tanto que la utilización del castellano como lengua diferencial se había producido, con frecuencia, entre las clases dirigentes proclives a convivir con Madrid.

En el mismo sentido globalizador se pronunciaron Xavier Rubert de Ventós, cuya conferencia resultó extraordinariamente movida, ya que el público se dividió dedicándole aplausos y silbidos, y Joaquim Molas, mientras que Ferrater Mora, sin entrar directamente en el tema, se movía en una postura similar. El único disidente, hasta el momento, ha sido Joan Triadú, quien identificó lengua y cultura, proponiendo como tarea urgente de gobierno la creación de una escuela catalana, "en lengua, contenido y actitudes".

Al principio las conferencias, cuyo texto es repartido gratuitamente al finalizar el acto, debían haberse celebrado sin coloquio. Posteriormente la Conselleria de Cultura modificó el planteamiento inicial y pasó la posibilidad de coloquio a los propios conferenciantes. Todos lo han aceptado, hasta ahora, si bien sólo el día de Rubert la charla fue animada y movida.

Rubert de Ventós se había manifestado, en una breve introducción al texto escrito, partidario de un nacionalismo liberal opuesto a un nacionalismo naturalista, "porque las naciones se dan allí donde la gente quiere que se den" y no de una forma esencial. Consecuentemente propuso paliar el énfasis que determinados grupos ponen el el "sentimiento de identidad". El filósofo explicó que él se había sentido siempre catalán y catalanista, pero que temía que su derecho a la disidencia quedara institucionalizado, porque "peor que te manden, es que te digan que te mandan lo que quieres que te manden. Eso ya no lo aguanto".

Molas, por su parte, insistió en la necesidad de contar con el desarrollo de los nuevos medios audiovisuales en el marco de la cultura catalana, medios de los que la lengua catalana ha sido sistemáticamente excluida y lo sigue siendo, lo que había provocado una cultura en catalán fundamentalmente libresca, relativamente alejada de otras demandas culturales más masivas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 1983