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Crítica:CINE

Biografía melodramática

La que fuera gran modista del París de los años veinte tuvo una infancia desgraciada. Hija ilegítima, fue abandonada por su padre en un orfanato, donde la niña sufrió la crueldad de las implacables monjas que le tocaron en suerte. Más tarde, Coco Chanel, ansiosa de triunfos, vivió, sofocada, la estrecha vida provinciana de principios de siglo. Su afán de libertad le acercó a cuanto consideraba distinto; al principio, al mundo del music hall, donde trabajó brevemente como cantante; después, al mundo de la costura, para el que mostró inteligentes aptitudes. En él lograría crear un imperio que ha sobrevivido a su muerte en 1971.El realizador húngaro George Kaczender, exiliado desde 1956, ha narrado la biografía de Coco con abundancia de medios; no faltan en la película los trajes, decorados y figurantes que la acción requiere. La vistosidad no se ha escamoteado, y en ella reside lo mejor de este espectáculo. Los sofisticados elementos que adjetivaron la trayectoria vital de la modista han sido reconstruidos con precisión y generosidad.

Coco Chanel

Director: George Kaczender. Guión sobre la novela de Claude Delay. Fotografía: Ricardo Aronovich. Música: Jean Musy. Intérpretes: Marie-France Pisier, Timothy Dalton, Ruiger Hauer, Karen Black. Inglesa, 1982. Melodrama.Local de estreno: Roxy A.

Pero el guión, de una perfección similar a la de cualquier espectáculo de este género, no ha desarrollado un punto de vista distanciado sobre el terna. Se limita a ilustrar los pasajes confesables de la vida pública de Coco Chanel, añadiéndoles los trucos que convierten sus imaginadas emociones en invitación al melodrama. Cualquier peripecia de la vida de Coco se entiende sólo como una fuente de suaves sentimientos, de ternuras y fracasos, de lágrimas y sonrisas, que podrían equivaler a la biografía de cualquier otro ser humano. La posibilidad de remitirse a un planteamiento más general, que opine sobre la. conflictiva época que vivió la famosa modista o que divulgue su irrepetible personalidad en términos que interesen más allá de la morbosa curiosidad por sus amoríos, han sido desterradas de la película.

Junto a sus triunfos profesionales, se nos dice que Coco Chanel tuvo amantes que la hicieron sufrir; fueron el punto de negro de su brillante carrera; de no ser por ellos (y hasta por ella, puesto que también se nos ilustra con una de sus relaciones homosexuales), Coco hubiera sido muy feliz.

Se abre la película con los recuerdos de Coco, que, ya triunfadora, repasa in mente los pasajes más significativos de una biografía superficialmente narrada. La base del filme reside, pues, en el talante de la actriz que encarna al personaje. Marie-France Pisier tiene un arrojo simpático. Interpreta los diferentes momentos que el guión marca -diferentes, pero no muy distintos- con el entusiasmo de quien tiene un papel brillante en su mano. No le han pedido mucho más; lejos están de su trabajo los matices que lució en Cousin Cousine o El otro lado de la medianoche. Probablemente tampoco son necesarios para el proyecto de este melodrama, que se basta con una interpretación de puertas afuera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de enero de 1983

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