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Reportaje:Chile, nueve años de dictadura / 1

La continuidad del régimen militar chileno, amenazada por el fracaso de su política económica

El golpe de Estado chileno, que derrocó al Gobierno de la Unidad Popular en 1973, cortó de raíz una experiencia nueva en América Latina: el acceso al poder mediante las urnas de un Gobiemo de izquierdas. Hoy, casi una década después, Chile continúa ocupando un lugar destacado entre los países donde se producen violaciones sistemáticas de los derechos humanos. La grave crisis económica que sufre el país andino confirma el fracaso del sistema monetarista aplicado a ultranza por el régimen militar y puede suponer el mayor peligro para su continuidad. Un enviado especial de EL PAIS visitó recientemente Chile.

Todo el país lo pudo ver por televisión, oírlo por la radio y leerlo en los periódicos. El general Augusto Pinochet Ugarte, de 66 años, dirigente del régimen militar chileno que derrocó, en septiembre de 1973, al presidente constitucional, Salvador Allende, dijo: "Soy el general de los pobres".Fue el pasado 15 d'e octubre, durante una inesperada visita a tres comunidades del sur de Santiago de Chile. Pocos días antes, se había realizado una ocupación de terrenos en la comuna de San Miguel por parte de los pobladores, de personas sin hogar que viven en condiciones que rozan lo infrahumano en campamentos. o villas-miseria de los alrededores, de la capital. Vestido de paisano, con voz ronca y aspecto cansado, Pinochei declaró: "No vengo a ofrecer nada, porque no soy un político ni un demagogo. Soy un soldado que me siento presidente de todos los chilenos y general de los pobres".

"¿General de los pobres? Más bien es el general de la miseria", comenta un dirigente del Partido Socialista, en la clandestinidad. Para este socialista, con muchos años de cárcel y de represión a las espaldas, lo que pretende ahora Pinochet, tras el fracaso del modelo económico, el hundimiento de la industria y la desaparición práctica de la clase media chilena durante los nueve años de dictadura militar, es ampliar su base social, crear algún tipo de movimiento populista-fascista, que le ayude a conservar el poder ante el descontento creciente con el régimen de los sectores que apoyaron el golpe contra Allende: banqueros, empresarios, incluso las propias Fuerzas Armadas.

Dos días después de la visita del general Pinochet a los campamentos del sur de Santiago, algunos de sus pobladores daban a EL PAIS una versión bien distinta de la difundida por la propaganda oficial, que abundaba en aplausos, besos a niños y un largo etcétera, incluida la inmediata orden a su médico personal de que atendiera al hijo de una de las mujeres que le vitoreaban, porque estaba enfermo. "Es la primera vez en nueve años que se deja caer por aquí", comenta un habitante de La Cisterna, cerca de San Miguel. "Dos días antes de que llegara ya estaba acordonada la zona por los carabineros. No dejaron pasar a ninguno de los vecinos, trajeron gente en camiones, ni siquiera nos permitieron acercamos a ver qué decía".

Un economista que trabaja en Santiago para un organismo internacional confirma la falta de apoyo al régimen militar chileno por parte de las oligarquías que le respaldaron. "Sólo le quedan dos salidas: recrudecer la represión o crear un movimiento populista que le respalde. Ahora bien, el populismo sin dinero no funciona nunca y eso lo demuestra la historia. Perón pudo hacer en Nrgentina un movimiento populista, porque era un país rico, pero Chile está en bancarrota y esa salida es inviable. Una de las ventajas de Pinochet, sin embargo, es que la oposición está profundamente dividida; eso le ayuda a sobrellevar la grave crisis actual".

Varios dirigentes socialistas, pertenecientes a las facciones enfrentadas que encabezan Clodomiro Almeyda y Carlos Altamirano, declararon a EL PAIS en Santiago de Chile que, efectivamente, "vamos a tener que usar el esperanto para unir a la oposición chilena". El simple nombre de una plataforma o frente que aglutine a varios grupos políticos opuestos a la dictadura ya es motivo de discrepancias. Hay quien se subleva ante un nombre como Frente Popular; otros, no quieren ni oír hablar de Frente de Liberación. "Las susceptibilidades son muchas", se lamentan los socialistas chilenos.

Pero, pese a las dificultades, se muestran optimistas respecto al profundo grado de deterioro que sufre el régimen. "La oligarquía ha demostrado su incompetencia para gobernar el país. Hoy se ve que la economía ha ido fatal con la dictadura. La deuda externa -uno de los motivos que alegaron para dar el golpe de Estado de 1973- se ha multiplicado por cinco; hay un índice de crecimiento negativo para este año; un colapso financiero que se traduce en la quiebra de quinientas empresas por año; los precios suben incesantemente y los salarios se recortan una y otra vez; el paro real es superíor al 30% de la población activa...".

"Ningún régimen puede mantenerse en el poder con esta situación, por mucho que reprima y aterrorice. Han jibarizado, enanizado económicamente al país. Ya no hablan más del milagro chileno. Han transformado a este país en la isla de la Tortuga de la banca y las multinacionales. Pero la resistencia popular va creciendo, los obreros de la editora Gabriela Mistral hacen una huelga de hambre; la gente se manifiesta en el paseo Ahumada, en pleno centro de Santiago, han comenzado las tomas de terrenos. Y surgen las primeras diferencias entre las propias Fuerzas Armadas. Pinochet pretende gobernar hasta 1989, incluso más allá, pero lo tiene muy difícil", aseguran.

Alternativa de poder

Varios dirigentes del Partido Socialista chileno, que conversaron con este enviado especial, aseguraron que la polémica entre los sectores liderados por Ahneyda y Altamirano no tiene sentido en el interior. "Mucha de la gente que está en el exilio tiene deformada la realidad". Un "comité de enlace" para reunificar "el viejo tronco común del socialismo" funciona en el interior desde hace más de un año.

"El socialismo chileno tiene características muy peculiares. Nosotros somos marxistas-leninistas, pero no nos adherimos a la concepción del Estado de Lenin. Somos un partido indigenista y latinoamericano. Nuestro sociálismo es diferente del de las socialdemocracias europeas porque nuestra realidad nacional también lo es. Vivimos en un país subdesarrollado, que durante años ha sido el patio trasero del imperialismo norteamericano. Si viviéramos en Europa, nuestro partido sería sin duda diferente", afirma uno de los dirigentes socialistas.

Tras la muerte de Eduardo Frei, la democracia cristiana chilena ha "iniciado una nueva fase histórica", en opinión de un destacado miembro del partido, que pidió no ser identificado. "La democracia

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cristiana trata ahora de superar sus diferencias internas y de concebir una alternativa de poder frente al autoritarismo, una alternativa tras la que se puedan alinear el conjunto de fuerzas políticas y sociales".

Gabriel Valdés es el líder indiscutido de esta nueva democracia cristiana. Varios documentos de consenso se han publicado en los últimos meses. En el llamado Ante la crisis, se declara que "la transición a la democracia debe ser establecida a través de un calendario definido y preciso, iniciándose con la eliminación inmediata del estado de emergencia, la rehabilitación de los derechos humanos, el fin del exilio y de las expulsiones, el restablecimiento de la legislación normal, la autonomía de los Tribunales, el término de la censura y la libertad sindical y universitaria...".

Los democristianos rechazan expresamente "la violencia y el terrorismo" y proponen un "pacto social" que haga posible esa transición, mediante la colaboración de todas las fuerzas políticas democráticas. Por su parte, el Grupo de Estudios Constitucionales, también conocido por el "Grupo de los 24", del que forman parte juristas de distintos partidos políticos, llamó a un "urgente debate nacional" y pidió el fin del estado de emergencia y la restauración de las libertades públicas.

Dictadura arrogante

El movimiento sindical chileno muy dañado tras el golpe de Estado que derrocó a Allende, mantiene una actividad constante, a pesar de las grandes limitaciones que pesan sobre él, y está representado por la Coordinadora Sindical, donde es muy importante la presencia comunista, y por la Unión Democrática de Trabajadores (UDT), sindicato no marxista Uno de los máximos dirigentes de este último sindicato, Tucapel Jiménez, fue secuestrado y asesinado a finales de febrero, sin que hasta la fecha se haya encontrado a los culpables.

Hernol Flores, secretario gene ral de la UDT y presidente de la Agrupación Nacional de Emplea dos Fiscales (ANEF), el sindicato de los funcionarios públicos, expresó el pasado 15 de octubre su indignación por los nulos resulta dos obtenidos por la policía en sus investigaciones y pidió "la intervención de organismos especializados del extranjero" para descubrir a los autores del asesinato de Tucapel Jiménez, que calificó como "el crimen político más brutal de la historia de Chile".

En su sede de la Alameda Bernardo O'Higgins, varios dirigentes de la ANEF criticaron con dureza al régimen militar. "Esta es una dictadura científica, donde se aplica la represión selectiva. Es, además, una dictadura arrogante, a la que no le importa la presión internacional. El terror se aplica de manera científica, para amedrentar al pueblo. Este era un pueblo alegre comunicativo. Hoy, la gente es hosca, desconfiada, temerosa".

Discrepar desde dentro

"Lo peor de todo -añade otro líder sindical- es que este régimen se autollama patriótico y nacionalista. Pinochet llega incluso compararse con O'Higgins. Y nunca ha habido un Gobierno más antipatriótico que éste en Chile. Ha vendido a precio de saldo toda la industria nacional. Plantas azucareras que costaron 38 millones de dólares se han subastado por tres millones. La Celulosa Arauco, por ejemplo, que costó al Estado 266 millones de dólares, se ha malvendido al sector privado por sólo ochenta millones y con créditos. Todo eso para implantar un sistema económico ultraliberal, deshumanizado, que ha resultado ser un fracaso".

Luis Angel Santibáñez es el secretario general de los Talleres Socialistas Democráticos, un embrión de partido político, creado hace tres años, que pretende aprovechar el estrecho margen dejado por la Constitución decretada por el régimen militar y aprobada en plebiscito popular en 1980. Formado en su mayoría por masones ex militantes de la democracia radical, la democracia cristiana y la izquierda cristiana, esta nueva formación política, medio tolerada por el Gobiemo, pretende efectuar una acción política durante el "período de transición", que durará en principio, hasta 1989, según las promesas del general Pinochet.

"Nuestra intención es estar dentro del marco político creado por el régimen militar para discrepar de él", afirma Santibáñez. Su idea es crear una alternativa socialdemócrata, no marxista, aun al precio de reconocer la legalidad impuesta por el golpe de Estado de 1973. "¿Acusarnos de colaboracionistas con el régimen? Sí, algunos lo han hecho, pero ahí está nuestro historial, siempre en defensa de los derechos humanos. Somos un movimiento independiente, que no recibe ayuda del exterior. Si no nos comprenden ahora, no me importa. Vamos a esperar a que lleguen las próximas elecciones y veremos quién tiene algo que ofrecer entonces al pueblo chileno".

El secretario general de los Talleres Socialistas Democráticos cree que hay que hacer tabla rasa de todo el pasado, que no deben exigirse responsabilidades políticas ni de otro tipo al régimen militar. "Los que más han sufrido son los que más tienen que perdonar", afirma. Reconoce que su movimiento se nutre de profesionales e intelectuales y que la afiliación obrera es escasa, pero insiste en que hay que ser realistas, reconocer que el Gobierno está ahí, que Pinochet lleva en el poder casi diez años y puede seguir otros tantos. "Esta Constitución elaborada por el régimen es, evidentemente, imperfecta. Pero mejor es una constitución que ninguna", concluye.

Democratización razonable

En el Chile de hoy, ni las personas cercanas al régimen quieren que su nombre aparezca en los reportajes periodísticos que se publican en el extranjero. Un ex alto funcionario del Ministerio del Interior, ahora en la empresa privada, pone esta condición antes de reconocer que la situación económica es grave, pero afirma acto seguido que el régimen militar se ha comprometido firmemente a volver a la democracia y que cumplirá su promesa. "El presidente Pinochet ha anunciado ya la próxima creación de los codecos", una especie de consejos municipales que participarán, indirectamente, en la elección de los alcaldes. "Es una forma razonable de empezar, poco a poco, a democratizar el país", señala.

"Creo que es una solución ideal para nuestra idiosincrasia. Los chilenos somos muy pacíficos y nos gusta vivir sin problemas. Se ha hablado mucho de violaciones, de derechos humanos, pero si lo miramos fríamente, no hubo muchas víctimas en 1973, habida cuenta de que fue un choque entre dos partes de la nación. Ni la Unidad Popular reprimió desde el poder, como lo han hecho los regímenes marxistas de Europa oriental, ni después el saldo de víctimas fue tan elevado. Somos muy tranquilos los chilenos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de noviembre de 1982