La venida del Papa
Ante la indefensióne impotencia en que nos encontramos en España los que no tenemos la fe católica, me dirijo a usted con el ruego de que sea publicada la presenta carta, haciendo referencia a la visita a España de Juan Pablo Il.
En primer lugar quiero destacar que el Gobierno de España, clara e inequívocamente, debe informar a los ciudadanos de los motivos y/o objetivos de dicha visita, y en calidad de qué dignidad se recibe a dicho personaje. Porque pueden darse las siguientes circunstancias: a) Se trata de un jefe de Estado extranjero (?), en cuyo caso considero realmente excesivo el aparato publicitario de los medios de comunicación del Estado; así como el dispositivoJe seguridad,
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Ante la indefensión
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sin precedentes, para un jefe de Estado de una nación (?) tan pequeña como es el Vaticano. Y todo esto a cargo del contribuyente (sea o no católico); b) Se trata de un líder religioso: en esta circunstancia, creo el deber de todo ciudadano y el mío propio, recordar la laicidad a que hace referencia la Constitución española con respecto al Estado. La gran suma de dinero que se invertirá en esta visita podría emplearla el Estado (aconfesional) en otras necesidades más perentorias que están en la mente de todos.
Pienso que si la visita es política, como jefe de Estado, debería limitarse a lo usual en estos casos; si es religiosa, por favor, respeten a los demás españoles y no hagan una cruzada psicológica, más propia de una campaña presidencial que de evangelización. El Evangelio no consiste en todo este montaje, sino en decirle a la gente sencilla un sencillo mensaje: Cristo ha pagado tu deuda de pecados. ¿Lo crees? ¿Sí? ¡Pues alégrate, ya no debes nada! Así de sencillo.
En Jerusalén habría caballos y camellos (que son más altos), pero Dios en forma humana... entró montado en un borrico. Ejemplar, ¿no? /
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