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Crítica:CINE

Aguantando cada día

Es escasa la afición del cine español por el género documental. Aunque lo es, en general, en el mundo entero, en nuestro país es un género desafortunado, por cuanto la evidencia del documental no suele agradar a quienes, directa o indirectamente, limitan aún la libertad de expresión. Baste citar el caso de los hermanos Bartolomé, que tras filmar durante años para su excelente película Después de..., calando en la nueva realidad social de nuestro país surgida con la democracia, se ven ahora ignorados por la distribuidora y desprotegidos por la Administración. Hay que celebrar, por tanto, Mientras el cuerpo aguante como una aportación al género, aunque sea una aportación discutible.Fernando Trueba ha querido referirse a la personalidad del cantante callejero Chicho Sánchez Ferlosio, que sin duda le fascina, pero no consigue trasladar a la imagen esa posible fascinación. El entrevistado es además de cantante, un solitario inventor de juegos, un empedernido lector de la Biblia un viejo militante de la izquierda... Nos lo cuenta todo, con detalles, mientras intercala el enunciado de su filosofía con algunas antiguas canciones.

Mientras el cuerpo aguante

Director: Fernando Trueba. Fotografía: Angel Luis Fernández. Sonido: Bernard Orthion. Productor ejecutivo: Oscar Ladoire. Intérpretes: Chicho Sánchez Ferlosio, Rosa Jiménez Díaz, Isabel Escudero, Rafael Andreu Coll. Documental. Española, 1982. Local de estreno: Torre de Madrid 1.

Sánchez Ferlosio habla de la necesidad de establecer un silabario; de la identificación del inocente cáñamo con la perseguida marihuana; de las almorranas que, al parecer, padecieron los filisteos, y del olvido de esta peculiaridad en las traducciones modernas de la Biblia Opina el entrevistado que los políticos torpes deben dimitir, protesta por el hacinamiento en que se encuentran las cárceles españolas, narra sus primeras decepciones políticas y aventura la posibilidad de un extravangante acto de protesta que desconcierte a los vigilantes del orden. Finalmente, maquillado de mujer, comenta la diferencia de papeles otorgados a los distintos sexos, según las épocas y regiones de la historia del mundo...

Dura hora y media su desordenada exposición. El director de la película, por su parte, no ha utilizado un tratamiento cinematográfico capaz de aportar un punto de vista que subraye o discuta lo que Sánchez Ferlosio tiene a bien decir. Es un tratamiento frío, que conviene más a cualquier programa de TV de similares características, en el que la objetividad es obligada, que a un largometraje necesariamente atractivo.

Con dos cámaras, Trueba busca planos que alternen esporádicamente el encuadre. En ocasiones filma también a una de esas cámaras para no ocultar la condición cinematográfica del juego, para no simular haber sorprendido a Sánchez Ferlosio. El propio director y algunos miembros del equipo aparecen alguna vez en la pantalla. Es una estética que recuerda a espacios televisivos de poca ambición o sujetos a la normativa de la costumbre: no existen reconstrucciones dramáticas ni intervención destacada de otros personajes.

Todo se basa en la idiosincrasia del protagonista. Quienes le conozcan de antemano obtendrán con la película una buena porción de datos sobre sus particulares gustos o creencias. Quienes, por el contrario, tomen en Mientras el cuerpo aguante el primer contacto con él, quizá se pregunten si su disidencia es tan significativa como para dedicarle una película entera. No es infrecuente encontrarse con teóricos parecidos en viejos cafés o en pubs fuera de moda. El retrato que se pretende no está trascendido, sino reducido a anécdotas, algunas curiosas y la mayoría difíciles de recordar una vez que la película ha terminado.

Cuando Mientras el cuerpo aguante se proyectó en el último Festival de San Sebastián, sorprendió o decepcionó a numerosos entusiastas de Opera prima, el largometraje anterior de Trueba. Así constó en la mayoría de los comentarios críticos que se publicaron, incluidos los de la Prensa extranjera, donde en algún caso, además, se criticaba el mal resultado de la fotografía y sus incomprensibles veladuras en un profesional tan prestigioso como Ángel Luis Fernández.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de octubre de 1982

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