El fin de la evacuación palestina

Arafat abandona Beirut y navega rumbo a Atenas

Una etapa clave en la historia de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y de Líbano se cerró ayer cuando el máximo dirigente palestino, Yasir Arafat, abandonó Beirut en el buque griego Atlantis, con destino a Atenas. La salida de Arafat pone fin a un capítulo político que duró doce años, en los cuales la resistencia palestina encontró en la capital libanesa un santuario y un acomodo político que contagió a otros grupos árabes.

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El líder de la OLP fue acompañado en su despedida por el primer ministro libanés, Chafic Wazzan, y una compañía del Ejército para la Liberación de Palestina (ELP) le rindió los honores en una despedida tumultuosa, a escasos metros del control del Ejército libanés y de los marines norteamericanos.La comitiva de Arafat fue escoltada por un camión de francotiradores franceses de la Fuerza Multinacional de Interposición. Antes de penetrar en la tierra de nadie de la zona portuaria, más de un centenar de personas aclamaron al líder palestino, totalmente envuelto por su servicio de seguridad, que llegó incluso a utilizar la violencia contra periodistas y fotógrafos occidentales.

Travesía vigilada

Arafat partió de la capital libanesa con sólo sesenta hombres de su círculo personal, con dirección a Atenas, desde donde se trasladará a Fez para asistir a la cumbre árabe. La travesía mediterránea del dirigente palestino estará vigilada por un navío inglés y otro norteamericano.

El presidente de la OLP dirigió un mensaje a la población de Beirut en la noche del domingo, en el que agradece "su resistencia heroica frente a la agresión israelí". Añadió Arafat, que "los pueblo palestino y libanés están ligados por la sangre y el destino".

Mientras tanto, ayer llegaban al puerto griego del Pireo a bordo del barco hospital Rora 146 palestinos heridos durante la invasión israelí. El plan de evacuación palestina llega a su fin y las últimas tropas sirias abandonarán la capital de Líbano el próximo miércoles. A partir de este momento, el futuro de Líbano, y tal vez de Oriente Próximo, se establecerá sobre las mesas de negociación y no en los campos de batalla.

Esto es, al menos, lo que se piensa, de acuerdo con las últimas noticias sobre la normalización que pretende el nuevo president

Bechir Gemayel, apoyado por Washington y Tel Aviv, a lo que hay que añadir la situación en el valle de la Bekaa, donde aunque todavía existe una innegable tensión, se habla de un interés de Arabia Saudí y Estados Unidos por intentar evitar un conflicto armado sirio-israelí.

Asimismo, hoy, martes, es un día importante para la pretendida pacificación de Beirut. Según el plan trazado, el Ejército regular libanés debe tomar posiciones en los edificios públicos del sector occidental, como son el Ministerio de Información, Banco de Líbano y estación de televisión.

El grupo de los Mourabitun (nasseristas) ha señalado que "hará todo lo posible para garantizar la pacificación del sector oeste de la capital". Otro grupo, los Partisanos de la Revolución, ha anunciado que no se retirará de la línea fronteriza de la capital.

Los Mourabitun, que han tomado el relevo de la fuerza armada palestina en el oeste de la capital, se enfrentan ahora a la exigencia israelí de su evacuación a Siña. Así lo ha hecho saber el jefe del Estado Mayor hebreo, Rafael Eytan, que ha calificado a los nasseristas de "terroristas con carné de identidad libanés".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 30 de agosto de 1982.

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