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Reportaje:El invierno polaco / 2

La resistencia al régimen militar polaco sigue en pie a los dos meses y medio de su implantación

La resistencia al régimen militar impuesto en Polonia el pasado 13 de diciembre persiste en forma de propaganda clandestina o de manifestaciones, rápidamente reprimidas. Boletines y octavillas clandestinos circulan profusamente. Millares de personas continúan internadas sin que sepan qué futuro les espera, y los tribunales militares han dictado ya centenares de sentencias contra los participantes en huelgas y manifestaciones de protesta. Un enviado especial de EL PAIS informa sobre la represión y la resistencia en Polonia.

Cuando se levanta el auricular de un teléfono en Varsovia y se comienzan a marcar las primeras cifras del número al que se desea llamar surge automáticamente la grabación de una voz femenina, un tanto chillona, que repite sin descanso: Rozmowa kontrolowana, rozmowa kontrolowana... (conversación controlada). Es un recordatorio de que el estado de guerra sigue vigente en Polonia y de que los teléfonos están, o pueden estar, intervenidos por la policía.Dos meses y medio después de la implantación de la ley marcial, la situación está lejos de normalizarse. El toque de queda rige en todo el país, y en las ciudades especialmente conflictivas se inicia a las ocho de la noche. Las comunicaciones telefónicas automáticas entre poblaciones están cortadas, así como cualquier comunicación -télex o teléfono- con el extranjero. A finales de febrero se levantaron algunas restricciones para viajar por el país sin permiso de la policía y se ha anunciado que, desde primeros de abril, se permitirá la entrada de turistas en el país.

Mientras tanto, la milicia, respaldada por el Ejército, efectúa controles de personas y vehículos con una exasperante frecuencia. Millares de personas están internadas sin que ese acusación o procesamiento judicial contra ellas. Y los tribunales militares imponen severas penas de prisión a quienes quisieron hacer frente al golpe de Estado del general Jaruzelski mediante huelgas o manifestaciones.

Las noticias oficiales son leídas en la televisión por locutores vestidos de uniforme. Los polacos, con ese humor que les ayuda a superar las dificultades de su azarosa historia, se lo toman a broma. "¿Sabes cuál es el grado más bajo del Ejército polaco? Locutor de televisión".

Las manifestaciones registradas en Gdansk y Poznan, que finalizaron con centenares de detenidos, y decenas de heridos han sido los ejemplos más visibles de la oposición al régimen :militar. En la ciudad de Swidnik, al este del país, la gente salía a la calle a las 19.30 horas, momento en que comienza el telediario. No se: concentraban ni coreaban eslóganes. Simplemente permanecían en la calle unos minutos. Las autoridades optaron por extender la hora inicial del toque de queda a las siete de la tarde.

Propaganda clandestina

Las octavillas, y los boletines clandestinos circulan con profusión. Lech Walesa, desde su lugar de reclusión en las afueras de Varsovia, ha desautorizado, al parecer, los llamamientos que se hacían en su nombre en alguna de esa propaganda clandestina. No se descarta que buena parte de ese material esté confeccionado por provocadores, por la propia policía. Las pintadas en centros de trabajo y en las calles se multiplican. Zjma wasza,, wjosna nasza (el invierno es vuestro, la primavera será nuestra) es una de las consignas más difundidas y la que más preocupa al Gobierno, cuyo portavoz oficial la calificó de siniestra.

En el barrio varsoviano de Praga, al otro lado del Vístula, puede verse otra pintada dirigida a Jaruzelski: "Wojciech, has llegado más lejos que yo". Firma Adolf Hitler.

Seweryn Blumsztajn, uno de los miembros del autodisuelto KOR (Comité de Autodefensa Obrera), antecedente directo de Solidaridad, estima que el proceso de resistencia al régimen militar se concretará en la creación de estructuras sindicales clandestinas y prevé un proceso largo y dificil de formación de esta resistencia. Blumsztajn, a quien el golpe militar le sorprendió fuera de Polonia y vive refugiado en París, no descarta que el factor hambre pueda provocar explosiones incontroladas de ira popular en el próximo futuro. "El poder está acorralado, dispuesto a disparar", añade.

En su despacho oficial, el portavoz adjunto del Gobierno, Bogdan Jachaez, resta importancia a los incidentes de Poznan y Gdarisk. "Es algo comprensible. La situación social todavía no se ha estabilizado. Las molestias del estado de guerra, las subidas de precios, todo ello crea malestar y descontento. Me sorprendería si no hubiera habido protestas".

"Pero", prosigue Jachacz, "el estado de guerra era una necesidad. Antes del 13 de diciembre el país estaba al borde del abismo, iba hacia la catástrofe, hacia la desaparición del Estado, de la propia nación". Respecto a la duración del estado de guerra, el portavoz oficial señala que todavía no se ha tomado una decisión. Las restricciones se irán levantando paulatinamente, en su opinión, aunque el ritmo dependerá de cómo evolucionen los acontecimientos. Su jefe, Jerzy Urban, escribía unos días después en el diario Zycie Warszawy (Vida de Varsovia) que la aparición de cualquier tipo de resistencia contra el régimen militar conllevaría nuevas y más duras medidas represiVas.

Ayuda a los internados

Bogdan Jachacz desmiente rotundamente las estimaciones de 30.000 o 40. 000 personas internadas. No tiene cifras oficiales, pero asegura que los internados deben ser entre 4.000 y 4.500 todo lo más. El general Jaruzelski dijo ante la Dieta (Parlamento) a finales de enero que había 4.549 personas internadas. ALgunas organizaciones eclesiásticas y caritativas internacionales que han visitado Polonia recientemente dan cifras parecidas, al menos de los principales campos de internamiento y prisiones, aunque no se descarta que haya otras muchas personas internadas en lugares menos conocidos.

La ciudad vieja de Varsovia fue completamente destruida en la segunda guerra mundial. Los polacos la reconstruyeron en los años cincuenta, con una voluntad y esfuerzo. admirables. Para reedificar las antiguas casas se valieron en ocasiones de las pinturas minuciosas y detallistas de Canaletto. Allí, en la calle Piwma, en medio de la ciudad vieja, está la iglesia de San Martín, donde se coordina la ayu da a, los internados.

Los paquetes se acumulan en la puerta de la sacristía. Un letrero indica que los internados necesitan esencialmente queso, azúcar, salchichas, libros y juegos de entretenimiento. Falta también jabón, detergentes y papel higiénico. Se recuerda a los donantes que no introduzcan en los paquetes frases ni dibujos satíricos.

Los campos de internamiento mejores -"de lujo" los llaman algunos familiares- son los de Jaworze y Goldap. Allí están recluidas figuras destacadas de Solidaridad, universitarios, intelectuales y artistas. La comida, según estima la comisión episcopal, es aceptable. Pueden pasear hasta el anochecer y reunirse en las celdas. Según comentan algunas familias, la moral es muy alta y los internados celebran seminarios y cursillos en los que discuten la situación política. No se tiene constancia de malos tratos una vez en los centros de internamiento, aunque sí durante la detención e interrogatorio.

Los menos afortunados están recluidos en cárceles como Bialoleka, llawa, Biala Podlaska, Strzebielinek o Darlowek. Aquí hay más obreros y militantes de base del sindicato Solidaridad que en los campos "de lujo". Las condiciones son también peores, el severo régimen penitenciario se aplica prácticamente igual a los internados que a los que cumplen condena.

Represión en la Prensa

Los internados pueden recibir dos paquetes de tres kilogramos al mes, hablar con su abogado previa autorización del director del centro y no dependen del fiscal o del juez, sino del Ministerio del Interior, que es quien debe decidir sobre la duración de su cautiverio. Algunos familiares se confiesan pesimistas. No creen que los internados vayan a ser puestos en libertad hasta que no se levante la ley marcial, lo que puede durar meses, incluso un año. Luego, muchos temen que el exilio sea la única posibilidad para los que salgan mejor librados.

La Prensa ha sido uno de los sectores especialmente afectados por la represión tras la implantación del estado de guerra. Al principio, todas las publicaciones fueron suspendidas, incluso las nada sospechosas de tendencias "antisocialistas". Después han ido reapareciendo paulatinamente, previas purgas en las redacciones. Una especie de tribunales, formados por cinco personas generalmente, incluidos el director del medio, un representante del Partido Comunista y otro del Ministerio del Interior, examinaron a los redactores del periódico en cuestión. Sólo recuperaron su trabajo los que fueron considerados como absolutamente fieles al sistema.

Es muy difícil estimar el número de periodistas purgados. Fuentes cercanas a la revista Solidaridad hablan de un 20% del total de los profesionales. En el órgano oficial del POUP, Trybuna Ludu, se nos dijo que el to*tal rondaba los cincuenta. En cualquier caso, muchos periodistas se han negado a trabajar en las nuevas condiciones o a firmar un documento en el que declaren su fidelidad al régimen. Algunos se han convertido en taxistas o se han ido a trabajar al campo con sus familias. Cuentan que una de las más famosas columnistas de antes del estado de guerra está haciendo en Varsovia un cursillo de manicura-pedicura.

De la revista Solidaridad, que llegó a vender medio millón de ejemplares, superando así al semanario teórico oficial, Polytika, se ignora el futuro. Su director, Tadeusz Mazowieski, está internado, y no muerto, como se dijo en un principio en la Prensa occidental. Seis periodistas más de la revista fueron internados, aunque tres ya han sido puestos en libertad.

'Verificación'

La verificación, este sistema represivo de respetar el puesto de trabajo únicamente a quienes demuestran fidelidad al régimen, no sólo se ha aplicado en la Prensa. Millares de trabajadores han sido verificados con mejor o peor fortuna. Muchos han perdido su empleo y otros muchos han tenido que silenciar sus verdaderas opiniones. En las últimas semanas, y no se sabe muy bien por qué, el proceso de verificación había sido detenido, quizá temporalmente.

El portavoz adjunto del Gobierno, Bogdan Jachacz, admite la existencia de esos procesos de verificación, y la justifica así: "Un empleado del Estado, que está obligado a seguir una política de Estado y que juró que iba a respetar las leyes vigentes, no puede actuar contra el Gobierno. Tiene que tomar una decisión, estar con el Estado o contra el Estado". Jachacz quiere quitar importancia al asunto: "Los que pierden su empleo en la verificación son muy pocos, un porcentaje ínfimo, y no les pasa nada malo, en seguida les ofrecen otro de trabajo. En muchos casos, simplemente se les traslada..."

No hay cifras oficiales sobre el número de personas que han sido condenadas por los tribunales militares en los dos meses y medio de estado de guerra. Penas de tres y cuatro años se han venido imponiendo por centenares a los acusados de organizar o participas en huelgas como resistencia al golpe. En los casos de propaganda ilegal y de formación de organizaciones clandestinas, las condenas han llegado a los siete años de cárcel.

Una cruz en Wujek

La cifra de siete muertos en los enfrentamientos registrados en la mina Wujek, en la región de Silesia, tres días después del golpe de Estado parece haber aumentado en por lo menos tres personas más que muíieron en el hospital a consecuencias de las heridas sufridas en los enfrentamientos con la olicía y el Ejército.

Una cruz en la que arden siete lamparillas en memoria de los; mineros muertos ha sido levantada en la puerta de la mina, sin que las autoridades lo hayan impedido hasta el momento.

Las fuerzas especiales antidisturbios de la policía, o Zomo, han demostrado una gran dureza en la ruptura de huelgas y encierros. Algunos les llaman los zomoza, y son especialmente odiados por la oposición al régimen militar.

Desfiles de vehículos militares por el centro de las ciudades y gigantescas operaciones de control e identificación de vehículos, locales y personas, claramente dirigidos a intimidar a la población, se efectuaron a mediados de febrero, cuando iban a cumplirse dos meses del estado de guerra. Casi 150.000 personas fueron identificadas por la policía en una de esas operaciones, y 3.500 fueron detenidas, amén de otras muchas multadas o amonestadas, principalmente por ilfringir alguna norma de la ley marcial.

La participación del Ejército en una operación destinada a poner fin al verano polaco no ha sido todavía asimilada por mucha gente, que esperaba cualquier cosa, incluida una invasión soviética, antes que una acción de su propio Ejército. ALgunos recrimina.n a los soldados que les piden la documentación o registran sus coches en la calle. "¿Sabéis lo que estáis haciendo?" En general, todo el mundo habla de la guerra, no del estado de guerra, o de la ley rnarcial. Se habla de cómo eran las cosas antes de la guerra o de lo que ha sucedido desde que comenzó la guerra. Preguntado sobre el por qué de esta denominación, un universitario responde: "Porque esto es una guerra, una guerra de polacos contra polacos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 1982