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El proceso por la rebelión militar del 23 de Febrero

La presunta implicación de miembros del CESID en el golpe provoca un incidente entre varios defensores

Un incidente de tipo procesal se produjo en la mañana de ayer en la octava sesión de la vista del juicio que se sigue contra los 33 procesados por el intento del golpe de Estado del 23 de febrero, al calificar el abogado del comandante Cortina, Rogelio García Villalonga, de "absoluta falsedad" dos informes policiales referidos al despacho de la calle Pintor Juan Gris número cinco, piso tercero, en el que, según el fiscal, se celebro una reunión preparatoria del golpe. En ambos escritos, cuya lectura había sido pedida por los abogados de Miguel y Hermosilla, se relaciona la titularidad de las oficinas con la empresa ASEPROSA, de la que es consejero-delegado el hermano del comandante Cortina, a quien se considera en el sumario que coordinó las relaciones de Armada con elementos del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa). En uno de los informes se revela también que ASEPROSA mantuvo relaciones con el CESID.

La sesión de la mañana se inició con la lectura, a petición del abogado Adolfo de Miguel, de la declaración del brigada Miguel López, que el 23 de febrero estaba de servicio, como comandante de guardia, en el cuartel general de la División Acorazada Brunete, quien afirma que esa noche pudo ver una columna militar, al mando del comandante Pardo Zancada, que se detuvo por espacio de cinco minutos ante la barrera de salida situada a unos treinta metros de las oficinas de Estado Mayor. Los vehículos militares permanecieron con las luces encendidas y los motores en marcha. Indica el testigo que en ningún momento vió entrar a Pardo Zancada en las mencionadas oficinas.A instancias del mismo letrado, el relator leyó luego el testimonio del teniente coronel Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, destinado el 23-F en el Estado Mayor del Ejército, que entre la noche de aquel día y la madrugada del 24, se ofreció para convencer a su amigo Pardo Zancada, que se encontraba ya en el Congreso, de que depusiera su actitud. En compañía del general Arrazola, se dirigió a la oficina del general Armada para exponerle su iniciativa. Los tres acudieron al despacho del teniente general Gabeiras, quien autorizó la gestión.

Las condiciones de la rendición

En el hotel Palace, relata, expuso al general Aramburu Topete su propósito y luego se entrevistó junto a la verja existente entre el Palacio del Congreso y el anexo al mismo con Pardo Zancada. Este, afirma el testigo, le indicó que sus condiciones eran: abandono del Congreso por parte de los diputados; su unidad sería la última en salir y no sería desarmada; no se responsabilizaría a la tropa, suboficiales y tenientes de lo ocurrido; se evitaría la presencia de fotógrafos en la salida. El teniente Fuentes comunicó estas condiciones al general Aramburu, quien, tras consultar con la superioridad, autorizó que siguieran las negociaciones.

Declara luego el teniente coronel que volvió al Congreso y allí Tejero y Pardo Zancada le dijeron que necesitaban consultar con sus fuerzas las condiciones de la salida. Momentos después expusieron la necesidad de que no se responsabilizara a los guardias y a los suboficiales que habían participado en la ocupación del Congreso y Tejero indicó que deseaba entregarse en la dirección general de la Guardia Civil. También le manifestaron que algunos de los oficiales a su mando habían expresado su deseo de tener medios para trasladarse al extranjero.

Asegura Fuentes que tomó nota de las condiciones en un cuaderno y la hoja la firmaron luego los ocupantes del Congreso, así como el general Armada en señal de que lo autorizaba la Junta de Jefes de Estado Mayor. A partir de entonces se inició el desalojo del Congreso.

En una segunda declaración del teniente coronel Fuentes, que se leyó luego, aquél manifiesta que, en su primer encuentro con Pardo Zancada, éste quiso asumir toda la responsabilidad de la llegada de las fuerzas de la Policía Militar al Congreso, pero luego aceptó que no se exculpara a los capitanes que le acompañaron.

El piso de la calle del Pintor Juan Gris

A solicitud del abogado Adolfo de Miguel, se leyó un informe remitido al Consejo Supremo de Justicia Militar por la Seguridad del Estado, en el que se recogen las investigaciones sobre participación de civiles en el intento de golpe, realizadas por un grupo especial de policía, y de forma muy especial lo referente al piso de la Calle Pintor Juan Gris, en el que el fiscal cree que se produjo una importante reunión preparatoria de la acción armada con la participación de Tejero, Armada y Cortina.

En el informe, firmado por el director general de la Policía, Fernández Dopico, se señala que en dicho piso se encuentra ubicado un estudio Jurídico algunos de cuyos titulares estuvieron vinculados al consejo de administración de ASEPROSA (Asesoramiento, Seguridad y Protección S.A), de la que en las fechas del 23-F fue presidente, y hoy es consejero-delegado, Antonio Cortina Prieto, hermano del comandante del mismo apellido procesado en la causa del 23-F. Se señala también en el informe que uno de los vocales del consejo de administración, Nicolás Rodríguez González, es miembro del estudio jurídico, del que también forma parte Jesús Gómez García, abogado, en cuya empresa trabajó el capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez Valiente, procesado en otra causa y declarado en rebeldía.

En otro apartado del informe se señala que en el estudio de la calle Pintor Juan Gris prestaba servicios Margarita Aracil Domingo, que figura entre los visitantes al comandante Cortina en calidad de novia del mismo. Revela el informe que ASEPROSA mantuvo relaciones con los servicios del CESID, a través del comandante Cortina, a quien se considera en el sumario que coordinó los movimientos de Armada con elementos de ese organismo.

A peticición también del abogado del general Armada, Ramón Hermosilla, se leyó luego otro informe similar encargado por la dirección de la Seguridad del Estado, en el que se puntualizan aspectos del primero tales como que el segundo apellido de Margarita Aracil no es Domingo sino Pizarro, y que no se puede asegurar que en el estudio de la Calle Pintor Juan Gris trabajara el capitán Sánchez Valiente ni que a través de él se mantuvieran relaciones con el CESID.

El abogado López Montero, defensor de Tejero, pidió constara en acta que el segundo de los informes carecía de firma y fecha, pero Ramón Hermosilla afirmó que el escrito fue remitido por la dirección de la Seguridad del Estado y que estaba firmado por Fernández Dopico. Pidió también la palabra el defensor del comandante Cortina, Rogelio García Villalonga quien afirmó que ambos informes eran una absoluta falsedad. El presidente de la sala zanjó el inelderite al tiempo que se hacían constar en acta las protestas formuladas por la defensa.

Camilo Menéndez entra en el Congreso

El relator leyó luego, a petición del abogado Adolfo de Miguel, la hoja de servicios del capitán de navío Camilo Menéndez, en la que se recoge que el procesado ingresó como falangista y marinero voluritario en la Armada en 1938 y está en posesión, entre otras distinciones, de la Cruz y Placa del Orden de San Hermenegildo, de la Cruz Roja al mérito militar, y de la medalla del Ifni-Sahara.

El mismo abogado solicitó se diera lectura a un informe de dos folios, remitidos al sumario por el almirante Luis Arévalo Pelluz, que el 23-F era Jefe del Estado Mayor de la Armada. En el escrito afirma el almirante que, una vez que conoció el asalto al Congreso, inició una serie de contactos con los capitanes generales de las zonas Inarítimas con el fin de controlar la situación. Indica en su testimonio Arévalo Pelluz, que hacia las siete y media de la tarde del día 23 de febrero, recibió una llamada telefónica del Rey, quien le desmintió su participación en lo que estaba sucediendo en el Congreso.

El capitán de intendencia de la Armada, Núñez Simón, del que se leyó una declaración, afirma en la misma que acompañó a Camilo Meriéndez hasta el Congreso, que no oyó la conversación que el procesado mantuvo en el hotel Palace con el mando policial, pero que en su presencia nadie prohibió al capitán de navío el acceso a la cámara. Indicó el testigo que Camilo Menédez no portaba armas -o al menos, eso le pareció- y que trató de convencerle de que no entrara en el Congreso, pero que el procesado insistió en permanecer junto a su amigo Tejero.

Este testimonio se complementa con la declaración que sobre la participación de Camilo Menéndez hizo al juez instructor el propio Tejero, que fue leída más tarde. En la misma, el procesado manifiesta que el capitán de navío le dijo, cuando llegó al Congreso, que iba a acompañarle y a ponerse a sus órdenes. Indica también Tejero que Camilo Meriéndez no portaba armas y no sabía previamente del plan para ocupar el Congreso. Esta declaración es corroborada por dos testimonios de dos guardias civiles, que se leyeron ayer en la vista, en las que se afirma que Camilo Menéndez no llevaba armas ni ejerció mando alguno en la noche del 23-F.

La defensa de San Martín

Concluida la lectura de los folios del sumario pedida por Adolfo de Miguel, el presidente del tribunal cedió la palabra al abogado José María Labernia, defensor del coronel José Ignacio San Martín, jefe de estado mayor de la División Acorazada cuando el intento de golpe de Estado.

Como viene siendo costumbre ya en esta parte de la vista, el abogado solicitó en primer lugar la lectura de pasajes de la hoja de servicios del procesado y de las condecoraciones con que fue distinguido en su carrera militar. Además de diplomado en estado mayor del Ejército y de la Armada, el Coronel San Martín ha realizado cursos de inteligencia y contrainteligencia y es profesor mercantil y licenciado en Políticas y Económicas.

Pidió a continuación del abogado Labernia testimonios de militares que ocupaban el 23 de febrero puestos de mando en unidades de la División Acorazada, con el objeto de intentar demostrar que el general Juste nunca perdió en aquella fecha el mando de la división y que las órdenes que se impartieron a través del estado mayor de la Acorazada lo fueron con su consentimiento.

El general Joaquín Valencia, entonces coronel jefe del regimiento Villaviciosa declara, en síntesis, que fue el general Juste quien dio en todo momento las órdenes en la tarde del 23 de febrero, bien directamente o bien a través del coronel San Martín, pero siempre con su aquiesciencia.

El testimonio del teniente coronel Sanz Esteban, jefe de la plana mayor del mismo regimiento, que fue leído después, va en la misma dirección y precisa que fue Juste quien le ordenó dirigirse a su unidad para preparar el cumplimiento de las órdenes transmitidas por el estado mayor de la división. Sanz Esteban añade que, en la reunión mantenida en el despacho del general Juste en la tarde del 23 de febrero, San Martín se limitó a pedir permiso para que hablara el comandante Pardo Zancada y para que se transmitieran las órdenes. Una breve declaración del general Pontijas, entonces coronel jefe de una de las unidades de la Acorazada, insiste en que el mando de la división siempre lo tuvo el general Juste.

Más extensa, la declaración del teniente coronel Pardo de Santallana, jefe del grupo antiaéreo XXI, se detiene en la reunión del cuartel general de la Acorazada, a la que el citado jefe llegó tarde. Como no entendía de qué se estaba hablando, el coronel San Martín le explicó que era posible que se produjera un acto grave en Madrid. Pardo de Santallana precisa que, en aquella reunión, el general Juste permaneció todo el tiempo en pie, ejerciendo el mando, y que daba una sensación de desconcierto e inseguridad poco habituales en él.

El teniente coronel Pardo de Santallana expresa en su declaración que, por lo expuesto en la reunión, quedó convencido de que la operación la mandaba el Rey, hasta el punto de que, cuando los oficiales de su unidad le preguntaron por qué sacaba el material a la calle, respondió: "Tengo una cosa clara. Estoy a las órdenes del general de la división y al servicio de su majestad el Rey". Pardo de Santallana manifiesta, por último, que el coronel San Martín estuvo callado durante toda la reunión y que fue Juste quien mandó la división en todo momento.

Por otra parte, el teniente coronel Antonio Pérez, jefe de estado mayor de la Brigada Acorazada XII, afirma en la declaración leída a instancias del abogado Labernia que en un momento de la noche del 23 de febrero llamó a la división para preguntar quien había dado la contraorden de salida y la orden de acuartelamiento, a lo que el coronel San Martín le respondió que eso debía preguntárselo al general Juste.

Tras una breve interrupción de veinte minutos, se leyó una declaración relacionada con las anteriores, del teniente coronel Julio Navarro, quien afirma que recibió la orden del estado mayor de la Acorazada de que, una vez en la calle, si las unidades se encontraban con miembros de las fuerzas de seguridad, debería decirles que estaban realizando un servicio "por el bien de España y a la orden del Rey". El teniente coronel Navarro, destinado en la División Acorazada en aquellas fechas, afirma también que, en la tarde del 23 de febrero, el coronel San Martín se encontraba muy apagado e inactivo, en contra de lo que era habitual en él.

Pardo se resiste

Solicitó a continuación el letrado Labernia una serie de testimonios sobre el momento, en la madrugada del día 24, en que el coronel San Martín se dirigió al Congreso, por orden de sus superiores, para tratar de convencer al comandante Pardo Zancada que sacase de allí a las fuerzas de la Policía Militar que había llevado con él al palacio de las Cortes. En este sentido, el capitán general de Madrid, teniente general Quintana, manifiesta que el coronel San Martín fue autorizado a llevar una nota, previamente consultada con el palacio de la Zarzuela, al comandante Pardo para tratar de disuadirle de su propósito de permanecer en el Congreso, objetivo que no fue logrado.

Confirma este mismo dato la declaración del general Sáenz de Tejada, destinado en la capitanía de Madrid el 23 de febrero, quien añade que el coronel San Martín permaneció una tres horas en la sede de la capitanía, buena parte de las cuales las pasó hablando con el comandante Galileo, ayudante del Rey, para. ultimar los detalles del mensaje que fue llevado a Pardo para que abandonara el Congreso.

El teniente coronel Bonelli, del estado mayor de la capitanía de Madrid, cuyo testimonio fue leído luego, afirma que acompañó a San Martín al palacio de las Cortes y que, cuando Pardo Zancada se negó a abandonar su actitud, se le pidió que, al menos, dejara salir a la fuerza que le acompañaba, a lo que el comandante dijo a sus capitanes que hicieran lo que creyeran más oportuno y éstos decidieron, personal e individualmente, quedarse con su jefe. Asegura también el teniente coronel Bonelli que, cuando San Martín. indicó a Pardo que Milans había retirado ya su bando, éste le respondió que no tenía noticias de ello.

En una segunda declaración, el mismo teniente coronel indica que no llegó a escuchar la conversación mantenida por San Martín y Pardo, por que se encontraba a alguna distancia, y que, por lo tanto, ignora si el primero ordenó al segundo que saliera del Congreso. Añade que, tras la negativa del comandante a abandonar el Congreso, San Martín no arrestó a Pardo ni le destituyó del mando de la unidad con que había entrado en el palacio de las Cortes. Concluye su segunda declaración el teniente coronel Bonelli afirmando que, durante toda la madrugada del día 24, el coronel San Martín mantuvo una postura de respeto hacia sus superiores de la capitanía de Madrid, aunque no ocultó su poca fe en que Pardo aceptara retirarse del Congreso.

Conversación Manchado-Aramburu

Con la lectura de esta declaración, el abogado del coronel San Martín dio por terminada su intervención y comenzó la del defensor del coronel de la Guardia Civil Miguel Manchado, Francisco López Silva. El coronel Manchado mandaba, el 23 de febrero, el Parque de Automovilismo del cuerpo, de donde salieron algunas de las unidades que ocuparon el Congreso de los Diputados.

El defensor pidió en primer lugar la lectura del testimonio del capitán Julio Torres quien afirma que, en la tarde del 23, recibió la orden del coronel Manchado de retirar del Congreso a los hombres de su compañía. Dicho capitán se dirigió entonces al hotel Palace y se puso a las órdenes del general Aramburu, director general de la Guardia Civil, aunque no llegó a decir a éste que había sido mandado allí por su coronel. Añade Torres que un teniente coronel le dijo que no era el momento más oportuno para entrar en el Congreso, porque sus propios hombres le podrían tomar como rehén, por lo que debía esperar hasta la madrugada.

Se leyó a continuación el relato del coronel de la Guardia Civil Alvaro Casado, jefe del 64 tercio con sede en La Coruña. Señala el citado coronel que, en la tarde, del 23 se encontraba en el despacho de Manchado, en el Parque de Automovilismo, y en un momento determinado éste recibió una llamado que al declarante le pareció ser del general Aramburu. Casado asegura que, por lo que pudo oír de la conversación, Manchado dio a entender que creía que el director general de la Guardia Civil conocía los hechos que se estaban produciendo en el Congreso y añade que, en otro momento de la conversación, el coronel procesado dijo que él no mandaba las fuerzas que asaltaron el palacio de las Cortes, por lo que le parecía ilógico conminarles a que salieran.

También se encontraba en el despacho de Manchado el coronel de la Guardia Civil Miguel Pérez Hernández, jefe del 75 tercio con sede en Oviedo, cuya declaración también se leyó. El citado coronel confirma que le pareció igualmente que la conversación telefónica fue con Aramburu y que Manchado creyó que el director general estaba al tanto de lo que ocurría.

Por su parte, el teniente coronel del mismo cuerpo Félix Porras manifiesta que los miembros de la Benemérita en situación de disponibles forzosos están a disposición del director general de la Guardia Civil, aludiendo así al hecho de que Tejero se encontraba en esa situación el 23 de febrero.

No pudo llegar al Palace

El testimonio del guardia Julio Fernández establece, por otra parte, que a las ocho de la tarde del 23, el coronel Manchado no pudo llegar son su automóvil hasta el hotel Palace porque se lo impidieron miembros de la Policía Municipal. El mismo guardia, chófer del coronel, aclara que éste no hizo valer su condición de militar para tratar de cruzar el cordón. El coronel Carlos Villanueva, también de la Guardia Civil, asegura en su declaración que vio esa noche a los capitanes Pérez de la Lastra, Abad y Bobis, los tres procesados por participar en el asalto al Congreso, pero que ningún jefe del cuerpo les recriminó su actitud.

Se leyó luego el testimonio del coronel de la Guardia Civil Constantino Gómez González, quien afirma que recibió, la tarde del 23, una llamada del general Aramburu en la que le ordenó que se hiciera cargo de las fuerzas del cuerpo que acordonaban el Congreso. El mismo coronel asegura que, cuando Pardo Zancada llegó con su columna de la Policía Militar, telefoneó a Aramburu, quien le dijo que autorizara a dicha columna a estacionarse en las afueras del Congreso, sin hacer referencia alguna a que se le permitiera el acceso al interior.

El comandante Valero, igualmente de la Guardia Civil, subraya en su declaración, leída a continuación, que quiso entrar en el Congreso la tarde del 23 para hacer deponer de su actitud a los guardias pertenecientes al Parque de Automovilismo, pero que el general Aramburu le dijo que no era el momento oportuno.

Antes de entrar en la lectura de la última declaración solicitada por él, el abogado López Silva pidió que se leyeran las anotaciones de la hoja de castigos del coronel Manchado, que permanece en blanco desde su ingreso en el cuerpo, en 1945. El último testimonio cuya lectura solicitó el citado abogado fue el del cabo primero de la Guardia Civil José García de la Torre, quien manifiesta que recibió la orden de Manchado, la tarde del 23, de dirigirse al Congreso de los Diputados para que le informase de la llegada del general Aramburu y de lo que estaba ocurriendo allí. Cuando hubo recabado dicha información regresó al parque pero no se pudo comunicar con el coronel Manchado porque éste se encontraba ya arrestado.

Alas dos menos diez de la tarde, el presidente del tribunal levantó la sesión hasta las cuatro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 1982

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