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Occidente buscará un acuerdo para aplazar, sin ruptura, la Conferencia de Madrid

Los países occidentales que participarán a partir del martes, a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, en la reanudación de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) parecen decididos a buscar una fórmula de compromiso que permita un aplazamiento de la conferencia hasta el próximo otoño, no sin antes hacer una dura crítica a Polonia y la URSS, sobre la base de la conculcación de los principios firmados en el Acta de Helsinki.

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El Gobierno español teme que la insistencia norteamericana en sentar en el banquillo a Polonia y a la Unión Soviética convierta la reunión en la capital española en un mero acto propagandístico, provocando una seria ruptura entre el Este y el Oeste. El secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, llega esta noche a Madrid.El representante de Polonia en la reunión, Jozef Wiejacz, viceministro de Asuntos Exteriores, que tiene anunciada su llegada a España para esta noche, declaró ayer que su país "no participará en la Conferencia de Madrid si es relegado al papel de acusado". "No podemos aceptar", añadió, "que los últimos acontecimientos polacos sean explotados para deteriorar la situación internacional y agravar la tensión". Wiejacz debe presidir la sesión plenaria de la reapertura, el martes.

La opinión de Wiejaez fue citada por la agencia oficial soviética Tass. Sin embargo, las opiniones recogidas en ambientes diplomáticos del este europeo reflejan que el bloque socialista no efectuará "gestos espectaculares" -boicoteo de la CSCE o abandono masivo de la misma-, y resistirá con relativa indiferencia las críticas durante un breve período. Hasta ayer no se tenía noticia de que ningún país socialista hubiera solicitado la palabra.

La decisión del aplazamiento se tomaría después de dos o, a lo sumo, tres semanas, de acuerdo con las declaraciones occidentales que se suceden en las vísperas de la reanudación de la CSCE, apoyadas por algunos países neutrales. Igualmente, la decisión de un aplazamiento pactado -cualquier decisión de la conferencia debe ser consensuada- no concuerda con el deseo norteamericano de un final abrupto inmediatamente después de las intervenciones, los días 9 y 12, de los jefes de la diplomacia de los países occidentales, lo que pondría en peligro, sin duda, a existencia misma de la Conferencia de Madrid.

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España apoyará un compromiso europeo

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En este punto, España tratará de desmarcarse de Estados Unidos apoyando un compromiso europeo, que podría formular el ministro de Asuntos Exteriores belga y presidente en ejercicio de la CEE, Leo Tindemans. Austria, Suiza, o algún otro país neutral, podrían intentar asimismo formular una salida honrosa para la conferencia. En cualquier caso, el gobierno español advertirá a los participantes en la CSCE que la fecha límite para "evacuar" el palacio de Congresos y Exposiciones, sede de la reunión, es el mes de abril. A partir de Semana Santa el Mundial de Fútbol no puede pasarse: un día más sin este edificio.

La intervención española en el plenario del martes estará dirigida a demostrar que el gobierno de Madrid se alinea con los europeos y no con la posición dura y poco matizada que hasta el momento define la política de Washington sobre la crisis polaca. No huiremos del análisis de los hechos pero sin contribuir a que esto desnaturalice la conferencia y sea motivo de un enfrentamiento frontal, afirmó un portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores. España, añadió, dejará asimismo claro que no quiere practicar en el terreno internacional una política de "doblerasero", según las violaciones de los derechos humanos se produzcan en el Este o en Occidente.

Max Kampelman, embajador norteamericano en la CSCE, manifestó en Washington que será difícil conseguir el consenso debido a la firme oposición del bloque del Este a que se trate el tema polaco y a un nuevo aplazamiento.

Por su parte, Leo Tindemans, ministro belga de Asuntos Exteriores, presentará mañana en Madrid ante sus colegas de la OTAN y representantes españoles una propuesta de compromiso a medio camino entre la interrupción brutal de la CSCE, que preconizó el secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, en una de las últimas reuniones de la OTAN en Bruselas, y una continuación indefinida sin resultados.

Este compromiso, basado en un aplazamiento hasta el otoño tras unas sesiones en Madrid, que ocuparían dos o tres semanas, estaría justificada por la opinión de ciertos países de la CEE que, aunque reconocen la necesidad de atacar a polacos y soviéticos, estiman que la situación internacional requiere un período de reflexión de varios meses para calibrar el desarrollo de la crisis polaca.

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