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El origen desconocido de la epidemia tóxica

La hipótesis de la colza desnaturalizada sigue sin resolver numerosas dudas sobre la intoxicacion

El próximo martes se cumplirán siete meses desde que murió en Torrejón la primera víctima oficial delsíndrome tóxico. Cuarenta días después, el Gobierno oficializó la sospecha de que un producto alimenticio, un aceite, era el presunto responsable directo de la enfermedad. Desde el día 17 de junio las palabras síndrome y colza han ido ligadas, más a nivel popular que ministerial, al rosario de esquelas, doscientas, producidas hasta ahora. Sin embargo, el Gobierno, que nunca aseguró ni desmintió taxativamente que sólo- la colza fuera el responsable directo de la enfermedad, puede empezar a estudiar ahora, ante el constante bombardeo de los resultados científicos, la virtualidad de nuevas hipótesis no oficiales, según las cuales otro agente, asociado al aceite tóxico, tenga mucho que ver en esta plaga de origen desconocido. Por otra parte, José Enrique Martínez Genique, secretario de Estado para el Consumo, acepta en las declaraciones que se publican en estas páginas que la toxicidad del aceite pudo generarse antes o después del proceso de refino, pero nunca durante el mismo.

Una de las cuestiones prioritarias en la actuación contra el síndrome tóxico -otras cuestiones igualmente prioritarias son la asistencia a los afectados y el ordenamiento judicial en el tema- es la investigación científica sobre la causa de la intoxicación.Se dice que hasta cuarenta laboratorios extranjeros investigan, sin éxito aún, en la identificación del tóxico clave del aceite. Sin embargo, nadie ha dicho aún qué otras líneas oficiales de investigación indagan fuera del aceite.

Las investigaciones parecen mantenerse en la inmovilidad de meses anteriores, quizá obstruidas por rígidas concepciones como las que otrara empecinaron el punto de mira en un inexistente micoplasma.

Largo tiempo de silencio

Hace tiempo que las autoridades sanitarias no informan con detalle de aspectos tan importantes como los avances o retrocesos de las comisiones clínica, científica y épidemiológica en las materias que les son competentes.

Quizá es esta repetida situación de suspense lo que ha hecho rebrotar las dudas sobre la hipótesis oficial.

El retraso de la realización del estudio prospectivo de la población en riesgo -recientemente puesto en marcha- es otro elemento que ayuda a someter el tema a revisión, por cuanto se carece de datos fiables emitidos por la epidemiología oficial.

Las actuaciones policiales y judiciales no han esclarecido el supuesto proceso en el que se produce la supuesta toxicidad, causante de tal estrago, en el aceite de colza desnaturalizado para uso industrial y desviado fraudulentamente al consumo de boca. Se ha esclarecido, sí, la trama ilegal, pero nada más.

Quienes practicaban ese tráfico ilegal lo hacían, en su mayoría, desde años atrás y nunca tuvieron problemas. Se ha suipuesto que el aceite distribuido en el eje del secano español -donde se producen los casos de intoxicación- había sido refinado de manera distinta al restante pero la comisión interministerial ha descubierto que el refino se ha hecho igual. ¿Por qué, entonces, no hay casos en otras áreas que también han consumido aceite tóxico?

El "boom" de la acetilamida

El espaldarazo al aceite como relación directa con la epidemia se produce a la vista de la sustancia tóxica -la acetilamida- detectada por el Laboratorio de Aduanas de Madrid en un aceite a granel remitido por el doctor Tabuenca, del Hospital del Niño Jesús. A partir de ese momento todo gira en tomo al aceite.

Sin embargo, ni ese, ni otros tóxicos hallados se evidencian como responsables de los cuadros clínicos. Existe, además, bibliografía internacional al respecto que respalda este criterio, pero fue ignorada por las autoridades sanitarias españolas hasta estos últimos días, pese a que un químico y una farmacéutica llamaron públicamente la atención sobre ello en el mes de septiembre.

La ausencia de una aplicación epidemiológica seria ha hecho posible que se centrase la investigación en el aceite -producto consumido por muchos, siendo pocos de éstos los que han contraído la enfermedad- y que no se hayan buscado vehículos de transmisión comunes al área geográfica afectada, pero consumido sólo por parte de esta población.

No se tiene noticia de que haya casos de intoxicación en cuarteles, sanatorios y otros centros colectivos de la zona afectada donde, con seguridad, se ha consumido aceite a granel supuestamente tóxico.

La relación estadística entre el consumo de aceite de colza presuntamente tóxico y los casos de afectados por el síndrome no justifica completamente la situación.

Existen lagunas importantes. No es muy científico explicar que una mujer intoxicada lo esté porque «habrá ingerido dicho aceite sin saberlo en algún lugar ignorado, cuando esta señora sólo y exclusivamente usa dos tipos concretos de aceite de marcas de alto prestigio». Otra señora, abogada, ha enviado una queja al secretario de Estado para la Sanidad. En este documento da cuenta de que nunca ha consumido aceite a granel, pero su intoxicación ha sido diagnosticada como correspondiente al síndrome. Dos casos son suficientes para' establecer la duda. Hay otros.

La última comunicación oficial, en la que se exigía informar a la comisión científica de los tratamientos terapéuticos que pudieran aplicarse a los pacientes del síndrome, y la posterior, sobre la utilización de esteroides, fisioterapias y otros medios, situaban claras incertidumbres sobre el resultado de tales tratamientos, y la propia comisión establecía cautelas en la aplicación de los mismos. Es esta otra vía por la que se suscitan dudas en tomo a si acaso tales tratamientos pueden resultar ineficaces, porque la intoxicación es diferente a la que se sostiene como tal.

El espectro de interrogantes es aún más amplio. Pero el objetivo de esta somera muestra no es aumentar la confusión, sino atajar un aspecto del síndrome que ya ha empezado a trascender a la opinión pública y para el que las autoridades sanitarias no tienen respuestas muy sólidas.

La duda ante la falta de resultados prácticos aportados por la hipótesis de la colza desnaturalizada ha llegado incluso a los abogados relacionados con el tema. Antonio García Pablos, uno de los abogados, investiga personalmente en Francia la posibilidad de que los científicos galos obtengan resultados nuevos tras el fallecimiento de uno de los ciudadanos franceses afectados por el síndrome tóxico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de noviembre de 1981