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Entrevista:

Giovanni Nenna, "el vengador de Albéniz en Europa"

Está considerado como uno de los grandes especialistas sobre la obra del músico español

El pianista italiano Giovanni Nenna está considerado en Europa como uno de los grandes intérpretes de Isaac Albéniz (1860-1909), cuya música ha llevado por todo el mundo, y que acaba de realiza por España una gira en la que confirmó su maestría en la interpretación del autor español. Para Nenna, que ha sido considerado como «el vengador europeo de Albéniz», la música del compositor es un resumen de lo que considera que es el espíritu artístico de nuestro país.

Giovanni Nenna, de 54 años, es el pianista italiano más intuitivo. Los críticos afirman que es un pintor del piano, un poeta de la música. Dicen que quien lo escucha no puede dejar de recordar al incomparable Rubinstein, por la «fuerza soñadora y temperamental» que imprime a su música.Pero Nenna es hoy conocido internacionalmente, sobre todo, por una cosa: es el intérprete más apasionado de lsaac Albéniz fuera de España. El diario L'Unitá, órgano del Partido Comunista italiano, tan parco en materia de crítica artística, ha bautizado a Nenna como «el vengador de Albéniz», y añade que «de las manos de Nenna, cuando interpreta a Albéniz, explota la música como un fuego reprimido desde milenios».

EL PAIS entrevistó en Roma al pianista italiano antes de que éste saliera para España, donde estos días protagoniza conciertos en Madrid, Pontevedra, Zaragoza y Tarragona. El año pasado había tocado en Barcelona (en el Palau) y en Gijón.

Nenna vive a treinta kilómetros de Roma, en el corazón de los Castillos Romanos. Y precisamente en el castillo más famoso y antiguo de todo el Lazio: en Lanuvio. En 3.000 años, el pianista es el séptimo propietario de aquel castillo encantado, que es más un sueño que una casa, gracias a la mano también artística de su esposa, arqueóloga, y una de los cuarenta especialistas mundiales que acaban de dar el veredicto científico sobre la sábana santa de Turín.

Es aquí donde Nenna prepara sus conciertos repartidos a lo largo del año en toda Europa: desde la República Federal de Alemania a la Unión Soviética, desde Austria y Francia hasta Hungría y Checoslovaquia, es un castillo construido sobre un templo pagano prerromano. Debajo de sus torreones se pueden observar aún los restos de calzada romana que llevaba hasta el puerto de Anzio. Sobre aquel templo san Benedicto construyó un monasterio. Más tarde lo adquirieron los Frangipane y los Colonna. Se asegura que allí nació Marco Antonio. Que por allí pasó Eneas. Y hasta hay quien está seguro de que en el castillo de Nenna vive un curioso fantasma, «de alma buena».

Aquí su piano de cola, protegido por una funda de raso y oro, resuena cada día con las notas de Albéniz, que es su autor. Es lo primero que dice: «España tiene una gran deuda con Albéniz. Aún no lo ha descubierto a fondo. No le ha dado los honores que merece, porque lsaac es uno de los grandes de la música de todos los tiempos».

Pregunta. ¿A quién podría parangonar a Albéniz?

Respuesta. Este es el error que se hace. Albéniz es Albéniz, y nada más. ¿Podría usted parangonarme Beethoven con algún otro? Sería profanarlo.

P. Después de una pieza de Albéniz, ¿qué otro autor se puede interpretar?

R. A ninguno. De hecho, yo acabo siempre todos los conciertos con Albéniz.

P. Entonces, ¿quién es Albéniz para Nenna?

R. Es uno de los autores que ha creado una nueva escuela en el campo de la música, como lo fue Beethoven. Rompió con la fórmula de su tiempo en la parte armónica porque se le quedaba estrecha para su genialidad y creatividad. Como en el lenguaje se crean nuevas palabras para expresar sensaciones inéditas, lo mismo pasa en la música. Lo hacen los grandes genios. La música de Albéniz es trascendental. No digo que no se haya inspirado a Liszt, pero Albéniz llegó a tanto que no se puede hablar de maestro y alumno, sino más bien de comunicación electiva, de sensaciones comunes.

"No se puede olvidar el ritmo"

P. ¿Cuál es la característica número uno de Albéniz?R. El ritmo. No se puede conocer a Albéniz si se prescinde del duende de su ritmo. Y no se puede interpretar bien a Albéniz si no se conoce a fondo la humanidad, el orgullo, la pasionalidad, el dolor del pueblo español. Albéniz es, en realidad, el mejor intérprete de la pasionalidad española. Cuando el mundo conoce a este genio descubre un buen pedazo, el más característico y enjundioso, del temperamento español.

P. En el norte de Europa, la música latina en general, y también la española, ha sido siempre considerada como de segunda categoría. ¿Usted qué opina?

R. Que basta conocer a Albéniz para desmentir este prejuicio. Más aún: pienso que la música española posee una característica única en el mundo, debido al cruce de dos mentalidades que han producido un estilo completamente particular. Me refiero a la mezcla de morisco y sefardí.

Para mi, por ejemplo, un trozo de Cádiz, de Albéniz, es una saeta. Yo la interpreto siempre así en mis conciertos y gusta mucho. Son sólo tres o cuatro notas, pero se palpa la saeta. En Cádiz hay una semejanza con un canto hebraico antiquísimo de la fiesta, del perdón. A mí me han dicho siempre que mi interpretación de Cádiz conmueve a la gente, que la hace hasta llorar, y es que yo la toco lentísima, como un lamento.

P. A Albéniz se le conoce en el mundo sobre todo por la guitarra.

R. Porque Albéniz, al piano, es dificilísimo. A veces, casi imposible. El mismo se daba cuenta de la dificultad de su música y acababa siempre rompiéndola después de haberla escrito. Hacen falta cuatro años para tocar decentemente el Tango, de Albéniz. A veces a mis alumnos les doy seis meses de tiempo para que me toquen cinco renglones de Albéniz. Su técnica es diabólica. Lo confiesan todos los pianistas del mundo. Pero precisamente porque es tan difícil, cuando con gran esfuerzo de voluntad, con gran tesón y pasión se lleva Albéniz al piano, la gente se pone de pie.

P. ¿Qué otra cosa es necesaria para poder interpretar bien a Albéniz?

R. Conocer a fondo la danza española. Tocarlo como es, sin adaptarlo. Esta dificultad es lo que ha hecho que de Albéniz se conozca sobre todo lo que menos vale de él. Albéniz o es difícil o no es Albéniz. O es una danza llena de ritmo o no es nada. Cuando se toca Albéniz hay que cerrar los ojos y ver la danza española, la mejor. Entonces gusta, entusiasma. He visto a la gente levantarse y gritar en pleno teatro.

"La última nota es siempre dramática"

Nenna interpreta algunos trozos de Iberia. Se para de vez en cuando y dice: «Mire usted cómo en dos líneas de Albéniz está concentrado lo mejor de la danza española: es una música que al mismo tiempo es una narración, canta, ríe, llora, sufre. Y la última nota de Albéniz es siempre dramática, nunca amable, como por ejemplo en Beethoven. Albéniz lleva dentro de sí todo el drama de su vida, que es al mismo tiempo el reflejo del alma dramática de la mejor música española. Por otra parte, ¿dónde existe una música alegre? La música es siempre triste, incluso en Bach, en Mozart y en Beethoven. Y es que el genio tiene que estar siempre en lucha entre las fuertes intuiciones que siente dentro como un volcán y la limitación de sus medios de expresión. Es una lucha interior. El resultado es siempre doloroso y por eso no puede ser nunca alegre.Este pianista de fama internacional tiene, además de su arte y de su genialidad, una historia increíble. Empezó a tocar en conciertos a los cinco años. A los doce años descubrió a Albéniz. Los diez años del conservatorio de Milán los hizo en dos. A los veinte años recorría ya las salas de conciertos mejores de Europa. Después tuvo la desgracia de sufrir un accidente automovilístico. Quedó paralizado dura e muchos años. Casi un milagro ha hecho que desde hace tres años haya vuelto a su piano.

P. ¿Cuál fue este milagro?

R. Aunque pueda parecer a algunos increíble, me he curado con el yoga. Durante cinco años viví con un corsé de hierro que me impedía casi todos los movimientos. Tuve que olvidar el piano durante casi veinte años. No soportaba ningún tipo de música. Parecía un viejo de sesenta años. Estaba desesperado. Un amigo me dijo: «Nenna, has probado ya de todo: ¿por qué no haces una última prueba con el yoga? Me fui a uno de esos maestros casi por inercia. Y fue todo como un milagro. Me quitó el corsé, empecé a recuperar movimientos y, cuando por primera vez destapé el piano empolvado y posé mis manos sobre sus teclas blancas, descubrí que mi alma estaba aún allí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de noviembre de 1981