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Crítica:CINE

Literaria amistad

Cuando los directores jóvenes norteamericanos se dedican a hablar de la adolescencia procuran comunicar su nostalgia por aquella edad, mitificando los pocos aspectos que recuerdan de ella. Tony Bill en Mi guardaespaldas ha prescindido de esa nostalgia para hacer una historia que se sitúa en el presente, pero no por ello mitifica menos. Dividida la película en tres parcelas distintas no elude en ninguna un cierto regusto por los tópicos establecidos. La violencia en el colegio al que acude el Joven protagonista está contemplada, por ejemplo, con un odio que se acumula en las secuencias que repiten la misma situación, para que al final, cuando ese muchacho atormentado por la agresividad de sus compañeros sea capaz de machacar las narices a uno de ellos, el espectador respire tranquilo, recuperando así una vieja tradición del cine americano apologética de la violencia.

Mi guardaespaldas

Director: Tony Bill, Guionista; Alan Ormsby, Productor: Don Devland, Música: Dave Grusin, Intérpretes: Chris Makepeace, Adam Baldwin, Ruth Gordon, Matt Dillon, Norteamericana. Comedia dramática. Locales de estreno: California y El Cid Campeador

Otro de los aspectos de la película, el de la amistad entre la víctima y el guardaespaldas al que quiere contratar, no cesa de proponer situaciones tan escasamente imaginativas, que uno tiene la sensación de estar viendo de nuevo no se sabe qué película de hace años.

Ese guardaespaldas, atormentado por la muerte de su hermano, duro pero tierno, pobre pero honrado, supone una recopilación de lugares comunes, que sólo se superan con la última parcela de la película que explica la vida hogareña del jovencito.

Tanta dulzura y comprensión como se nos muestra acaba siendo sospechosa. No se tarda en comprender que el motivo de los guionistas para incluir a ese padre bonachón que habla de mujeres con su hijo, o esa abuela coqueta que liga con todo el mundo, sirven para eliminar cualquier sospecha de homosexualidad en las relaciones centrales del muchacho y su guardaespaldas.

La corrección formal y hasta la eficaz actuación de los actores no superan el tono menor de esta película.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de septiembre de 1981

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