Las Chinas y la eterna diferencia
Las Chinas era el único grupo de mujeres que había en Madrid. Y digo había, porque la defección de su batería Speedy ha supuesto el ingreso en el grupo de un chino, el hombre barbado y rotundo que todos pudieron contemplar el pasado jueves en su actuación de la sala Rockola.Ciertamente, Speedy, uno de los pocos elementos de verdad punkies que había por esta ciudad, poseía un carisma poco común. Sólo que tocaba muy mal. Por contra, el barbudo es un elemento chocante, pero consigue dar al grupo una base segura que permite a las demás hacer su trabajo con cierta tranquilidad.
Esta introducción al concierto viene a cuento de que, por esta u otras razones, lo que hicieron Las Chinas está a años-luz de lo que se les ha venido escuchando durante sus ocasionales apariciones del último año. En ellas, e incluso en el sencillo que sacaron hace unos meses, Las Chinas se mostraban como un grupo dubitativo y algo incompetente. Justo lo contrario que ahora. Y no es que de repente se hayan convertido en unas virtuosas de sus instrumentos, ni falta que les hace; es que ahora los arreglos, que siguen siendo sencillos, poseen cierta lógica, una coherencia y una identidad. Esto resultaba patente no sólo cuando hacían sus propias canciones, sino cuando realizaban versiones, como una estupenda del Echo Beach, de Martha and The Muffins. Meterse en estos berenjenales y salir de ellos bien y con personalidad es un hecho raro y que se agradece.
Claro que el encanto de Las Chinas no sólo reside en su recién descubierta capacidad, sino en las características de la misma. Ellas, con batería y todo, son un grupo de mujeres, tocando como mujeres y diciendo cosas de mujeres. Aparte del hecho estético que su presencia allí arriba supone, lo de Las Chinas como música viene cargado de una agresividad diferente de las poses de ellos (los músicos). Sus guitarreos son más blandos, pero no menos intencionados, su estar más estático, pero no menos provocador. Por así decirlo, lo de Las Chinas es música sexual, sólo que de un sexo diferente al habitual. Ese es su mérito.
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