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Murió el filósofo Lanza del Vasto, "apóstol de la no violencia", en Murcia

El lunes falleció en Murcia el «apóstol de la no violencia», Lanza del Vasto, seguidor de Gandhi, al que el propio Mahatma había bautizado como Shantidas, nombre con el que se le conoce en la Orden del Arca, comunidad creada por él. Filósofo, poeta, escultor y místico, estaba en las cercanías de Murcia llevando a cabo un trabajo de fundación de una nueva comunidad, la segunda de las creadas en España. La suya ha sido, a partir de la segunda guerra mundial, una voz fundamental para entender las corrientes místicas orientalistas y el movimiento no violento en Occidente.

Lanza del Vasto, católico y fundador de la comunidad no violenta El Arca, falleció a medianoche del lunes en Murcia víctima de una hemorragia cerebral. El llamado apóstol de la no violencia se consideraba discípulo de Gandhi, al que conoció personalmente en la India, y contaba ochenta años de edad en el momento de su muerte. En unas recientes declaraciones había dicho sobre la muerte: «No pienso en ella, y sí en vivir». Acerca del papa Juan Pablo II indicaba que veía en él a «un hombre de buena voluntad», y añadía que nuestra civilización se encuentra «en extremo peligro».Cuando le sobrevino el trastorno cerebral que le ocasionó la muerte, Lanza del Vasto se encontraba pasando una temporada en una comunidad de El Arca, situada en Elche de la Sierra (Albacete), en la sierra de Segura. Fue trasladado por cinco miembros de la comunidad a la residencia sanitaria de la Seguridad Social Virgen de la Arrixaca, de Murcia, donde ingresó sobre las 22,30 horas, sin que se consiguiese salvar su vida.

Entre las personas que le condujeron a Murcia, se encontraba Francisco Cuervo, conocido como el mendigo de la paz, porque hace cinco años, al igual que Xirinacs ante la Modelo de Barcelona, permaneció durante meses frente a la cárcel de Murcia en demanda de amnistía.

Los compañeros de Lanza del Vasto velaron el cadáver durante la noche, entonando cánticos religiosos.

Ayer iniciaron las gestiones para trasladar el cuerpo a la localidad de La Borie-Noble, en el departamento francés de Languedoc, donde está enterrada su compañera, Chanterelle, que murió hace quince años.

El cadáver permanece en el depósito del Hospital Provincial de Murcia, adonde fue trasladado alrededor de las tres de la tarde de ayer. La gran estatura del fallecido hizo que no fuera posible introducir su cuerpo en el primer ataúd que los empleados de la funeraria llevaron a la ciudad sanitaria, por lo que hubieron de llevar otro de 2,10 metros de longitud.

Las últimas declaraciones que Lanza del Vasto hizo a la Prensa fueron publicadas el pasado 26 de diciembre por la edición de Albacete del diario La Verdad, con motivo de su reciente llegada a Elche de la Sierra. Preguntado sobre si le preocupaba la muerte, decía: «No, no; no mucho. No pienso en ella, y sí en vivir. Ahora, viejo como soy, soy un amante de la vida».

En cuanto a los miembros de su comunidad, señalaba que «para ellos es como si estuviese muerto. Se gobiernan solos, sin intermediarios. Solamente acudo en momentos excepcionales. Hubo un tiempo en que arreglaba todo, pero ellos lo hacen mucho mejor».

Su opinión sobre el papa Wojtyla era la siguiente: «He encontrado en él a un hombre de buena voluntad. Yo le defino como el primer Papa después de San Pedro que sabe decir yo. Se ve que lo que dice lo dice él mismo, y no una pequeña comisión de expertos que fabrican discursos».

«Las civilizaciones se han sucedido una tras otra como olas», indicaba en otro lugar de la entrevista; «han traído la sangre y el fuego. La nuestra está en extremo peligro. Hemos acumulado todos los medios necesarios para destruir lo que hemos hecho y a nosotros mismos. No hay nada más urgente que encontrar otro modo de fundar la vida sobre el mundo».

«Nosotros creamos comunidades tales», añadía, «que si todos hicieran lo mismo no habría guerra, ni revolución, ni miseria, ni servidumbre. Compartimos nuestros bienes, no los acumulamos ni personal ni comunitariamente. Todo el sobrante que nos pueda quedar por ganancias o donaciones va destinado al Tercer Mundo. Las comunidades viven del trabajo de sus miembros».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de enero de 1981