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El Festival Internacional de Santander afirma su identidad cántabra y su orientación europea

La 29ª edición del Festival Internacional de Santander, primera dirigida por José Luis Ocejo, presenta un cambio de orientación que podría resumirse en dos palabras: identificación y extensión. Sin mengua de su talante europeísta, el festival subraya por diversas vías su identidad cántabra: recuerdos y homenaje a músicos santanderinos (Sáez de Adana, Dúo Vital, Cándido Alegría, García de Carrasquedo); actuaciones de agrupaciones de la región, de modo particular las corales.

La extensión se refiere tanto a la geografía como al público y a los géneros. El festival sale de la capital y llega a Santillana, Laredo, Torrelavega, Ampuero, Reinosa, San Vicente de la Barquera y Cabezón de la Sal. Y atiende la música sinfónica y la de cámara, la religiosa y el folklore, el cine musical, la poesía, el teatro y la música rock, las artes plásticas, el ballet y las conferencias, la vanguardia musical y la recuperación de lo antiguo; se proyecta en la universidad y en la radio. En menos palabras. Santander, de golpe, ha asimilado un tono de animación cultural vivo, desde hace unos años, en los grandes festivales extranjeros.Capítulos a retener son los con ciertos de la filarmónica de Londres, la filarmónica de Kosice y la sinfónica de Radiotelevisión Española; las agrupaciones de cámara de San Martín, de Londres, y Franz Liszt, de Budapest; los ballets de Cuba y de Maurice Bejart; los recitales de Teresa Berganza, Vakarellis, Rampal o Ravi Shankar; el homenaje a Gerardo Diego, un conjunto, en fin, de actividades que durante el mes de agosto se suceden y hasta simultanean. El mismo festival ha encargado al compositor Angel Barja canciones sobre versos de Jesús Cancio y Antón Larrauri, Las cantigas de Laredo. Tal es el panorama sobre cuyos detalles informaremos en días sucesivos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de agosto de 1980