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ENTREVISTA

Rafael Escuredo: "Estoy dispuesto a encabezar una rebelión política"

D. G.Rafael Escuredo es el segundo presidente en la breve historia de la Junta de Andalucía, cargo en el que ha sucedido a su compañero de partido, el socialista Plácido Fernández Viagas. Nació en Estepa (Sevilla) el 20 de febrero de 1944, ha ejercido como abogado laboralista y ha sido profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad sevillana. Su gestión al frente de la institución preautonómica andaluza se ha caracterizado por la práctica de la política unitaria, aun a costa de crearse situaciones incómodas con el PSOE, partido del que es militante de base. Días antes de iniciarse la campaña del referéndum andaluz protagonizó una sonada huelga de hambre que le valió severas críticas. Su com promiso con el referéndum de Andalucía llegó a ser tan grande que todo el mundo le daba por aniquilado políticamente ante un previsible fracaso de la consulta; pero la victoria moral de los partidarios del "sí" le ha encumbrado a una posición dentro del PSOE que ni él mismo hubiera soñado.

Pregunta. Ha transcurrido un mes desde la celebración del referéndum de autonomía. ¿Ha habido en este tiempo algún gesto del Gobierno que permita pensar en el restablecimiento de unas relaciones más amistosas con la Junta de Andalucía?Respuesta. No solamente no ha habido gestos positivos, sino todo lo contrario. El vicepresidente del Gobierno ha venido recientemente a Sevilla y no se ha dignado comunicarle su visita al presidente de la Junta de Andalucía; en cambio, va a Cataluña y le falta tiempo para hacer la escena del sofá con Tarradellas. Por lo que respecta al presidente del Gobierno, sólo le he oído hablar de reconducir la autonomía andaluza, de dejar pasar el, tiempo y de que Andalucía puede esperar, pues así lo aconseja la política de Estado. Pues bien, yo le digo a Adolfo Suárez que Andalucía no puede esperar, y estoy dispuesto a encabezar una rebelión política como en un plazo de tres meses no vea una voluntad decidida del Gobierno y de UCD de dotar a Andalucía de una autonomía plena, en igualdad de oportunidades a las nacionalidades históricas.

P. En unas declaraciones reciente a la prensa belga, el presidente del Gobierno hablaba de la necesidad de acelerar tres autonomías, y de sus palabras parece desprenderse que Andalucía no está entre ellas. ¿Ha hecho la Junta de Andalucía o su presidente alguna valoración de las mismas?

R. Yo tengo que decirle al presidente del Gobierno que si se trata de relegar a Andalucía, como parece dar a entender, o rectifica por su propia iniciativa esta política o se va a encontrar con una respuesta contundente que va a obligar al Gobierno a cambiar de actitud. Y esto no es una amenaza: es una afirmación que se basa en el conocimiento inmediato del ambiente que se respira en Andalucía. Yo, desde luego, estaré en la vanguardia de esa respuesta del pueblo andaluz y, porque estamos todavía a tiempo, hago un llamamiento responsable a nuestros gobernantes para que cambien de actitud. Y les digo más: el que avisa no es traidor.

P. ¿Cree que Adolfo Suárez cambiará de opinión?

R. Estoy convencido de que no.

'Gobierno debería convocar de nuevo el referéndum en AImería'

P. Ultimamente se ha referido usted en más de una ocasión a la conveniencia de una entrevista entre el presidente de la Junta de Andalucía y el presidente del Gobierno. ¿Ha solicitado formalmente esta entrevista?

R. No, formalmente no la he solicitado, y hoy por hoy no tiene sentido, en la medida en que no hay un estatuto redactado que exija un compromiso del Gobierno; pero, aun así, no me importaría hablar con él para decirle que no escuche tanto a sus consejeros áulicos y preste más atención al pueblo andaluz. Ahora dice que el riesgo que UCD corría en Andalucía había que afrontarlo porque así lo exigía una política de Estado. Ese argumento no se tiene en pie: yo estoy seguro que si hubieran previsto el resultado del referéndum no tendrían la oportunidad de esconderse detrás del argumento de la política de Estado, porque no habrían dado ese paso. Yo le sugiero el camino más fácil para acabar con la tensión política en Andalucía: bastaría con que el Gobierno apoyara la repetición del referéndum en Almería, y le consta que razones legales y morales sobran para hacerlo, ya que ha habido un cúmulo de irregularidades que han sido determinantes del resultado.

P. ¿Esa posibilidad no está más bien en manos de los tribunales?

R. Efectivamente, y porque creo en los tribunales confío todavía en que sean aceptadas las impugnaciones presentadas. Pero, con independencia de la acción judicial, hay un margen para la decisión política si existiera voluntad de enmendar la cuestión de Almería.

P. Cuando habla usted de encabezar una rebelión política, ¿qué quiere decir exactamente?

R. Todo menos la huelga general y la lucha armada o cualquier expresión violenta. Desde luego no descarto, si en tres meses no se vislumbra un horizonte claro para las reivindicaciones andaluzas, el abandono de la Junta y encabezar una protesta desde los ayuntamientos y las diputaciones. Quiero aclarar que cuando estoy contra la huelga general es porque la estructura industrial de Andalucía la hace inviable, ya que el 80% de las empresas tienen entre diez y quince trabajadores y no están en condiciones de soportar costes de este tipo. La huelga general es ir en contra del pueblo andaluz.

P. ¿Le preocupa, entonces, la semana de movilizaciones contra que se pretende llevar a cabo en Andalucía,para mediados de abril?

R. Los sindicatos deberían entender que en el marco del plan de urgencia para Andalucía que propone la Junta y de la negociación a entablar con el Gobierno y con los partidos para que defiendan ese plan en el Congreso y el Senado hay un espacio para las reivindicaciones sinIcales y un lugar de encuentro con las organizaciones empresariales.

P. ¿Ese plan de urgencia tiene algo que ver con el plan de inversiones para cuatro años, anunciado por el ministro de Hacienda?

R. No tiene nada que ver, ya que los 140.000 millones de que hablaba García Afloveros en la campaña del referéndum no pasan,de ser las inversiones ordinarias del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo en ese período. El plan de urgencia que propone la Junta se basaría en una negociación entre el Gobierno, la Junta, los trabajadores, los empresarios y los partidos políticos, a fin de ponerse de acuerdo sobre un plan de prioridades y unos niveles de inversión capaces de someter a la economía andaluza a un tratamiento de choque que estimule el pleno empleo en la región que más parados soporta de toda España. Se trata de un plan eminentemente social.

P. ¿En qué medida puede afectar a este plan de urgencia la victoria de los nacionalistas en las elecciones a los parlamentos vasco y catalán?

R. Los partidos políticos nacionalistas confiesan que su interés fundamental es el territorio en el que hacen política. El nacionalismo, por otra parte, es, por su condición de interclasista, insolidario. Ya hemos visto cómo la Cámara de Comercio de Bilbao ha presentado un balance del déficit de infraestructura del País Vasco y va a contar para la defensa de estas reivindicaciones con el soporte de un Gobierno autónomo nacionalista. Esto, evidentemente, corren el riesgo de pagarlo los españoles y los andaluces, que no tenemos plataformas políticas de autogobierno desde las que presionar al poder central. Vamos a estar por eso muy atentos al modo como el Gobierno afronta estas reivindicaciones. Me gustaría también que las manifestaciones de solidaridad en telegramas y declaraciones que hacen Jordi Pujol y Carlos Garaikoetxea se tradujeran en hechos, y van a tener ocasión de demostrarlo.

P. ¿Las tensiones internas de UCD después del referéndum están dificultando la marcha de la Junta de Andalucía?

R. El proceso autonómico se está resintiendo mucho por este motivo, porque los enfrentamíentos entre tendencias dificultan una respuesta y no se sabe quiénes,son los órganos de dirección del partido. Pero el pueblo andaluz no tiene por qué pagar los platos rotos, ni de UCD, ni de ningún otro partido.

'Perez Llorca, Abril y Suárez son los únicos interlocutores válidos'

P. ¿Quién es para el presidente de la Junta el interlocutor válido en la negociación del Estatuto de Autonomía por parte de UCD?

R. Desde un punto de vista formal, UCD de Andalucía tendrá qae nombrar a sus representantes en la comisión que se constituya, pero tengo muy claro que en el nivel político los únicos interlocutores válidos son Pérez Llorca, Fernando Abril y el presidente del Gobierno. Aquí, UCD puede pactar lo que quiera por quedar bien, pero luego se llega al Congreso y al Senado y lo desnaturalizan todo, como pasó en el tema gallego.

P. ¿Quién tiene que decir entonces la última palabra?

R. En definitiva, será necesario un compromiso del propio presidente del Gobierno antes de que el Estatuto salga de Andalucía camino dú las Cortes. Ya veremos más adelante quiénes vamos a estar en la negociación. Yo no me la pierdo, eso desde luego.

P. Parece existir unanimidad entre los miembros de la UCD andaluza sobre la necesidad de una asamblea legislativa, pero mientras unos hablan de aplazar su elección hasta 1983, otros piensan en 1987. ¿Qué le parecen estos planteamientos?

R. Pensar que las elecciones al Parlamento andaluz pueden retrasarse hasta 1983 es sencillamente una tontería que no se la cree nadie. El que lo pretenda sería, en todo caso, el único que se presentaría a esas elecciones.

P. ¿Cuándo tendrían que ser, en su opinión?

R. Como muy tarde, en el primer trimestre de 1981, tal y como se acordó en un pleno de la Junta de Andalucía que sigue estando vigente. Para que eso sea posible, y tiene que serlo, el Estatuto tiene que estar aprobado en otoño.

P. ¿No pretende usted aprovechar en beneficio de su partido, el PSOE, una situación de debilidad de UCD? ¿De verdad no se puede esperar a 1983?

R. Ni se puede esperar ni al afirmar esto defiendo una actitud partidista. Estoy exigiendo lo que el pueblo andaluz ha pedido en un referéndum masivamente. Si lo que quiere el pueblo andaluz perjudica a algún partido que lo ha hecho mal, ese es su problema. Y no debe llamar a engaño la voluntad de poner de nuevo en marcha la política unitaria en el seno de la Junta: queremos contar con UCD, pero no a costa del pasteleo y de tergiversar, mediante la negociación política, la voluntad popular, porque, antes de eso, vamos.a la ruptura.

P. ¿Esa política de unidad cabría calificarla de imperfecta, dada la no participación en la misma del PSA?

R. Yo no quiero señalar a nadie, pero en la defensa del pueblo andaluz no van a contar los comunicados y las posturas testimoniales, sino los hechos.

P. ¿Le preocupa la aparición de grupos violentos después del referéndum de autonomía?

R. Me preocupa y mucho. Recientemente he estado hablando de este tema con el gobernador militar de Sevilla, que ha venido a la Junta en una visita de cortesía. Me preocupa no por lo que tenga de peligro inmediato, sino porque, de no afrontar la situación social andaluza, estos grupos pueden encontrar el caldo de cultivo para sus intereses. Los grupos violentos no surgen espontáneamente, sino que son fruto de situaciones injustas prolongadas. No hay que perder de vista tampoco que los GRAPO encontraron en Andalucía uno de sus soportes fundamentales. Andalucía es, además, geopolíticamente un lugar clave: el triángulo defensivo de España (Baleares - Mediterránéo - Canarias) pasa necesariamente por esta región.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de abril de 1980

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