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CARTAS AL DIRECTOR

La muerte de García Lorca

Con verdadero estupor leí el artículo publicado en EL PAIS el pasado 11 de marzo, titulado «Lorca fue asesinado en un lugar del barranco de Víznar (Grañada)» y -ahí está el quid-, como subtítulo: «Terminan las investigaciones de una comisión de encuesta sobre la muerte del poeta.»Pero mi asombro creció cuando, al final del artículo (sin firma), se explicaba: «La comisión se ha entrevistado con el historiador irlandés (Ian Gibson) y otros dos investigadores del tema: José Luis Vila-San-Juan ( ... ) y el periodista granadino Eduardo Castro, corresponsal de EL PAIS y autor del libro Muerte en Granada: la tragedia de García Lorca. »

Comprenderá mejor mi pasmo si tiene en cuenta que este artículo lo leía, el mismo día 11 de marzo, en el avión Barcelona-Granada que tomé para -a invitación de ella- asistir a una reunión, al día siguiente del artículo, con la comisión de encuesta para localizar el paraje en que pueda estar enterrado el poeta. Anteriormente al 12, no nos habíamos entrevistado.

El autor del artículo es profeta o es falsario. Creo más el segundo concepto, ya que también afirma que la comisión de encuesta ha cerrado la investigación. En fecha de hoy Aún no está cerrada. Pueden preguntárselo a sus miembros.

Por otra parte, deduzco que el autor del artículo es, posiblemente, el mismo Eduardo Castro, ya que cita su libro, casi desconocido, con razón, por ser un folleto que, sin aportar investigación alguna, narra unas situaciones que ha leido de otros autores, cortando de aquí y de allí.

Ese folleto salió a la venta (?) poco después de mi García Lorca, asesinado, toda la verdad (1975), probablemente al ver que el mío, pese a su dureza, no era prohibido. Sobre esto, creo estar seguro de que si no llego a ganar el Premio Espejo de España mi libro no habría podido ser publicado.

Ello no le hace competente para asegurar que mi libro está desacreditado, ya que si fuese así, ni Gibson (con el que a pesar de nuestras polémicas somos amigos) hubiese tomado citas mías en su último libro (como yo tomé de su pri.mer libro), ni la comisión de encuesta de la Diputación de Granada habría pensado en llamarme.

Me ha extrañado que un corresponsal de un diario tan importante como EL PAIS pueda ser tan poco formal, máxime habiendo estado «en el cogollo» de la noticia, ya que, según dice, él también fue entrevistado. No me extraña, pues es un periodista conocidísimo en Granada. Me gustaría saber qué pudo aportar (!).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de marzo de 1980