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Reportaje:

Aumenta el interés de escritores y lectores por la literatura de ciencia ficción

Se celebra en Madrid la VI Convención Nacional

La convención anual de los aficionados españoles a la ciencia ficción (Hispacon 78) comenzó ayer en Madrid (Serrano, 3), organizada por la Sociedad Española de Ciencia Ficción. Es la sexta vez, desde la primera reunión en Barcelona, en 1969, con alguna interrupción por prohibición gubernativa, que escritores, ensayistas, editores y lectores analizan el mundo del fandom (el espacio del aficionado), las ediciones, temas y problemas de la ciencia ficción (CF). Las personas consultadas por EL PAIS coinciden en señalar el auge actual de este género literario, despreciado por algunos teóricos y considerado por otros como la expresión cultural de nuestro siglo y el nacimiento de una «escuela española». Informa Fernando Samaniego.

La reunión se abrió con unas palabras de presentación a cargo del presidente de la Sociedad Española de Ciencia Ficción, José Antonio Villanueva. Diez horas diarias, hasta la noche de mañana, domingo, para delimitar los campos de la CF en España, examinar publicaciones, ediciones y traducciones, la difícil situación del escritor y los niveles de aceptación popular de este fenómeno cultural. La afición organizada podrá recrearse en sus temas favoritos a través de conferencias-coloquio de Fernando Savater, Paco Torres, George H. White, Carlos Saiz Cidoncha, Ignacio Romeo, Jesús Gómez, Emilio Serra, Torres Oliver y Francisco Arellano. El pesimismo en la CF, militarismo y antimilitarismo, Philip K. Dick, la fantasía y la tecnología son algunos temas concretos, además de proyecciones cinematográficas, entre ellas, El conde Drácula.La Sociedad Española de Ciencia Ficción, creada hace tres años, con diversas oscilaciones en su trayectoria, tiene en la actualidad unos cincuenta socios. Todos los lunes se reúne en los locales del Club Puente Cultural y una vez al mes realizan un acto de divulgación. En la presente convención, donde se redactarán unas conclusiones de carácter interno y otras que afectan al mundo cultural, participan unas 150 personas, número ligeramente inferior de los asistentes al Primer Congreso Internacional de Ciencia Ficción, celebrado en 1939, en Nueva York.

Los aficionados al género, dividos entre piraos unidimensionales y catadores de ficciones, han dejado de preocuparse por la búsqueda de una definición totalizadora de la CF. Mientras los teóricos persiguen orígenes y precursores, el lector adicto se acerca a los quioscos para apropiarse de «la literatura de la imaginación disciplinada». El primer eslabón se unifica en los nombres de Julio Verne y H. G. Wells. Después, en 1926, Hugo Gerns-, back lanza la primera revista especializada, Amazing Stories, acuña el término de science-fiction, fijado en el lenguaje internacional y en honor al colonialismo norteamericano como SF, y empieza el baile de las etiquetas y las purezas. El aficionado consciente distingue lo que define como space opera, narraciones donde aparecen invasores, monstruos, robots, marcianos, personajes identificados con la más lineal CF, pero discute la inclusión de una obra en los apartados de CF, el realismo fantástico, lo fictocientífico, la fantaciencia, la fantasía o la utopía. El juego dialéctico tiene menos dudas con nombres como Bradbury, Clarke, Capek, Simak, Ballard, Efrenov, Niven, Asimov, Heinlein, Sturgeon, Van Vogt o Moorcock. La CF, que extrapola temas y personajes de este mundo a otros espacios, entra en competencia con el desarrollo de una imaginación crítica. El género, además, recibe aportaciones del cine, el comic y el teatro. En estas fechas prenavideñas la guerra galáctica, el planeta mortífero, los piratas del espacio o la invasión de la tierra se convierten en juguetes de una degustación sibarita.

Problemas humanos

Autor de catorce libros de CF, a punto de publicar Babel Dos en una nueva colección que tiene en cuenta a los escritores españoles, Juan José Plans sitúa las limitaciones del género. «Aunque no soy partidario de encerrar a un autor en un género determinado, por mi experiencia personal puedo asegurar que la CF en España tiene un público amplio, lectores que siguen a los clásicos del género y ahora empiezan a conocer a los españoles. Ya pueden circular en traducciones hispanoamericanas obras que antes no llegaban, como ha ocurrido con otra clase de libros en los últimos años. El autor de CF sigue atento a los problemas humanos de hoy, los conflictos que surgen en nuestra sociedad, aunque a veces los extrapole a otros espacios. En el mercado editorial, los grandes nombres no tienen problemas de difusión, pese a la resistencia de algunos críticos que siguen anclados en arquetipos; esta situación se va modificando con la entrada de gente joven en la crítica.»Uno de los canales de difusión para los aficionados es el fanzine, publicación no profesional, distribuida mediante suscripciones, que aparece cuando cubre gastos e, incluso, con aportaciones desinteresadas. Zikkurath, con quince números publicados y una tirada de mil ejemplares, es el único fanzine que circula. Su editor, Fernando P. Fuenteamor, señala dos tendencias entre los jóvenes escritores: los que propugnan una revolución estilística, en la línea de la «nueva expresión», más interesados en el lenguaje que en la temática, y los partidarios de un cambio formal, con renovación en la narrativa, tratando temas de ecología, contaminación, sexo, armamento, manipulación de los medios informativos.

«En general -añade-, la CF se ha considerado tomo una literatura de evasión. Entre los años treinta y cincuenta, los norteamericanos la utilizaron como forma de propaganda paramilitarista y fascista- En los años sesenta ocurrió también una revolución en la CF, con obras más críticas, abandonando la extrapolación a espacios exteriores para fijarse en el hombre interior y sus problemas actuales. En los años setenta no encuentro nuevas direcciones. En cuanto a la CF española, surgen nuevos escritores que tocan problemas cercanos con una postura crítica y de libertad de expresión, aunque todavía encuentran dificultades de difusión, dada nuestra penuria editorial.»

Ideologías varias

Para el ensayista Ludolfo Paramio, «la CF, objetivamente, es literatura menor, con excepciones notables», y su máximo interés radica en que ofrece ideas sugerentes. «Es difícil definir ideológicamente el género, ya que hay diferentes áreas y autores. En general, hay elementos conservadores, con temas que plantean una vuelta al pasado como rechazo de una realidad intolerable. En la forma en que huyen de la realidad hay también disconformidad, momento que se da especialmente en épocas insoportables, como los años treinta, donde era lógica la evasión. Es imposible hacer una sociología cuando se manda al infierno las crisis. Hay que admitir que se intente descansar la cabeza después de estar saturada de frustraciones. Si me preguntas por la CF española, contesto que no he intentado seguirla.»El editor Francisco Arellano, que ha publicado trece títulos de tema fantástico en su colección Delirio, es más radical. «La CF española es inexperta y joven. Prácticamente, de treinta títulos publicados uno es de autor español. El consejo de redacción de la editorial, formado por mi mujer y yo, intentamos sacar obras no comerciales, con vocación de huir de los quioscos, donde el 90% de lo que se ofrece es malo. La imagen habitual de la CF sigue siendo los platillos volantes y las naves espaciales, se identifica el género con La guerra de las galaxias y Encuentro en la tercera fase. Con notables excepciones, se vende la CF clásica y barata. Pienso que no tiende a integrarse en la literatura, incluso se puede apreciar un retroceso, ya que continúa el space opera, los temas clásicos de los años treinta.»

En la Hispacon 78, Francisco Arellano habló ayer sobre el pesimismo, uno de los cerca de veinte apartados en que se puede catalogar la CF. «Es un tema interesante y espero que polémico. En las obras más modernas se trata sobre un futuro donde no existe futuro, donde en la década siguiente no va a haber nada.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de diciembre de 1978