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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Chile, en la encrucijada

Catedrático de Derecho PolíticoEn 1973 se produce en Chile una ruptura violenta que quiebra su vida constitucional democrática. La diferenciación de la historia política chilena con respecto a gran parte de los países iberoamericanos queda, también frustrada. Chile, en efecto, por una serie de factores socio-culturales y económicos, había conseguido establecer un continuum democrático similar a los países europeos -al menos, en sus superestructuras políticas- y netamente distinto a los países de la región americana.

Hace años señalé (Política y partidos en Chile, Ediciones Taurus, 1968), algunas notas que podían sintetizar las características más sobresalientes del proceso histórico chileno: a) una estabilidad política, b) una concepción civilista frente a la extensión crónica de los pronunciamientos y golpes militares, c) una tradición democrática -elecciones periódicas, participación ciudadana, garantías políticas y sociales- y d) una objetivización multipartidista, con un espectro casi mimético de los países occidentales.

Todas estas notas eran sorprendentes en la historia de los demás países iberoamericanos. Latinoamérica e inestabilidad son dos términos que, desgraciadamente, desde su independencia política de España, significan casi lo mismo. Como, de parecida forma, ocurre hoy con el otro amplio sector del Tercer Mundo que es África. Pero Chile desde 1840 organizó eficazmente esta excepción. El «sistema portaliano» conservador no sólo marginó del decisión making político a los militares, situándolos en su estricta función constitucional de la defensa de las instituciones, sino que también racionalizó un modelo económico (mercantilismo proteccionismo, latifundismo) que, más tarde, daría paso a un nuevo modelo (librecambismo) que altera, pacíficamente también, la superestructura estatal política. Concretamente, que el Estado va a absorber una parte del ingreso nacional, ampliando se los servicios públicos, repercutiendo sobre grupos sociales hasta ahora marginales, es decir, surgiendo una potente clase media urbana y, al mismo tiempo, el desarrollo de la actividad exportadora. determinará el nacimiento de un proletariado fuerte.

La relación dialéctica entre cambio y frustración, como es obvio será constante en todo el proceso ulterior, pero manteniendo siempre como consensus generalizado, el principio de legalidad y de vía pacífica y democrática para la consecución gradual de una sociedad avanzada socialmente. La paz cívica, elecciones libres y funcionamiento regular de todos los partidos -con algunas excepciones de coyuntura- serán así constantes en la vida política y social chilenas.

La gran ruptura: 1973

Esta tradición democrática, singular y excepcional, se quiebra violentamente en septiembre de 1973. La marginación militar de los asuntos políticos -marginación que inician los propios sectores conservadores y que las Fuerzas Armadas asumieron conscientemente- se transforma en protagonismo activo de una ruptura que anula y suspende las libertades públicas y el proceso democrático. Todo acto de ruptura tiene, lógicamente, justificaciones y explicaciones, y críticas y autocríticas. Desde el Gobierno actual, desde sectores políticos residentes en el interior, y, sobre todo, desde las fuerzas políticas exiliadas se producen juicios que narran causas, y, errores que motivaron y determinaron esta quiebra constitucional (Carlos Altamirano. Dialéctica de una derrota, Editorial Siglo XXI, 1977; Alain Touraine. Vida y muerte del Chile popular. Ediciones Siglo XXI, 1974; Juan E. Garcés. Allende y la experiencia chilena. Editorial Ariel, 1976). Sin entrar en el análisis de los mismos, es evidente que hay dos hechos claros: uno, que se ha roto la tradicional vida democrática chilena y dos, que el actual régimen opera en la transitoriedad, es decir, no se ha podido o no se ha querido institucionalizar un nuevo sistema político. Ni las condiciones internas permanencia de los valores democráticos y costumbre secular de ejercicio de las libertades públicas -ni las condiciones externas -relanzamiento internacional de una política asentada sobre la garantía de los derechos humanos- facilitan resurgimientos estabilizadores de nuevos sistemas autoritarios con apoyaturas permanentes. Dicho en otras palabras: es tan difícil volver al punto último que motivó el golpe, como institucionalizar operativamente este mismo pronunciamiento.

Estrategia de la transición y restablecimiento de la paz civil

El objetivo de cambio hacia una nueva situación democrática y pluralista es, evidentemente, la finalidad. no sólo de los grupos políticos, la mayor parte residentes en el exilio, sino también de amplios sectores que residen en el interior del país. En cierta medida se repiten ciertos esquemas que se dieron en la oposición antifranquista durante muchos años. Es decir, discrepancias tácticas interior-exterior y la búsqueda de una estrategia correcta que facilite una salida real y no una solución utópica.

Aunque toda comparación resulta siempre inexacta y aunque las condiciones internas y externas son diferentes -pero no tanto como pudiera parecer-, la actual situación chilena y la situación española de estos últimos años tiene datos que pueden servir, indicativamente. para el análisis que configure una estrategia de salida, es decir, una estrategia para la transición. Que ciertos dirigentes de izquierda soliciten la entrada en Chile, que las fuerzas democráticas internacionales, de amplio espectro coadyuven solidariamente en este proceso de transición, que todos los países que por distintas razones económicas o culturales presionen en esta estrategia, que la oposición chilena -desde la moderada del interior hasta la que trabaja fuera- consiga pragmáticamente un plan mínimo para la normalización democrática, todo ello es abrir un camino seguro para la paz civil en Chile y, en definitiva, para restablecer en un país, tan unido a España y a los españoles, la vigencia efectiva de los derechos humanos avanzar en el desarrollo social y económico que estos tiempos exigen. Salir de esta encrucijada es entrar en la transición hacia la democracia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 1978