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Apertura del Congreso de Cultura Andaluza

Miles de andaluces en pie que no habían podido acceder a las 5.000 sillas preparadas en las naves y cruceros de la mezquita de Córdoba aplaudieron unánimemente el final del discurso con que Antonio Gala inauguró el Congreso de Cultura Andaluza, en la tarde del domingo, respondiendo al grito ritual del escritor: «En manos andaluÍas, para que desde ahora podamos serlo con más orgullo, con más seguridad, con más ilusión, con más gozo que nunca. ¡Viva Andalucia, viva!»El hecho del Congreso se aprovechó por algunos grupos para hacer acto de presencia política, como el Partido Socialista Unificado de Andalucía. El PSA concurrió con casi todos sus efectivos al acto; parlamentarios del PSOE y de la UCD estuvieron presentes; faltó Alianza Popular, único grupo no adherido. De cualquier forma, a la mezquita no acudió ninguna bandera.

La lectura del acta constitucional la hizo Emilio Pérez Ruiz, presidente del Club Gorca sevillano, y la presidencia la ocupó un representante de cada provincia, y otros dos por la emigración de Madrid y Barcelona.

El pianista flamenco Pepe Romero y el terceto de cámara Aula 12, del Conservatorio de Córdoba, terminaron el acto.

Este se centró en una pieza oratoria de Antonio Gala cuya palabra primera fue para proclamar al pueblo andaluz como destinatario de este empeño colectivo. Hizo una semblanza de las ocho provincias como algo más profundo de lo que el común de las opiniones las viene significando e historia de las proscripciones seculares de Andalucía. Señaló cómo ahora se está poniendo de pie «para que sus reivindicaciones no sean postergadas ni sea desatendida su agonía, para que cuanto dio a España se tase con justiciapara suplicar que su destino no es suplicar que la desarrollen, sino conseguir que la dejen desarrollarse sola». Significó el carácter solidario de Andalucía con el resto del país, alejada de separatismos, señalando cómo nunca se consiguió la pretendida unidad nacional por las imposiciones, ni, por las imperiales, ni por la «huera frasología posterior a 1939». «Y es que la definitiva unidad -dijo- ha de alcanzarse ahora, precisamente a través de las autonomías que la edifiquen y enlacen los distintos retazos de la piel de toro.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 1978