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Entrevista:

"En España hay buenos agricultores pero malos empresarios"

Gonzalo Fernández de Córdova, duque de Arión, andaluz y empresario agrícola de la provincia de Toledo, fue presidente de la Comisión de Agricultura y Alimentación del nonato IV Plan de Desarrollo, y nominado en alguna ocasión como ministro de Agricultura, puesto que por diversas circunstancias nunca llegó a ocupar. En su opinión, los problemas del agro español son graves y producto de la escasa atención que secularmente los Gobiernos le han prestado. Abordar la crítica situación del campo español -dice- no puede ser sólo competencia del Ministerio de Agricultura, sino de la totalidad del Gobierno y de los ciudadanos de este país. Carlos Diaz Güell mantuvo una entrevista con él.

EL PAIS: ¿Con qué problemas se enfrenta el sector agrario español?Gonzalo Fernández de Córdova: Los problemas que aquejan al campo son muy numerosos. Considero que el desequilibrio de nuestra balanza comercial agraria es uno de ellos, ya que es incongruente que España, país eminentemente agrario, gaste una ingente cantidad de divisas en importar productos agrícolas, cuando la sustitución de éstos sólo requiere una política coherente con el sector. La baja calidad de vida y la gran diferencia del poder adquisitivo del medio rural con respecto al resto de los sectores son también problemas acuciantes que requieren soluciones urgentes y de justicia. Es absolutamente inaceptable que el sector agrario, que ha prestado mano de obra barata al desarrollo español y ha participado muy activamente en él, se vea totalmente abandonado y se le trate como a un ciudadano de segunda categoría.

EL PAIS: ¿Qué soluciones y reformas requieren los actuales problemas del sector agrario?

G. F. C.: Los problemas del sector agrario y del medio rural necesitan un nuevo enfoque de la política socioeconómica española, y no una política de parcheo como la que se ha venido haciendo hasta ahora. Sin embargo, las medidas que se pueden adoptar son de dos tipos; estructurales y coyunturales. Las primeras deben contemplar la forma de explotación de la tierra, la tenencia de ésta y la canalización de la emigración rural. Una ley de ArrendamieIntos Rústicos que potencie la explotación de la tierra por quien tenga solvencia vocacional, técnica y económica, y que no signifiqué un claro peligro para la propiedad, se hace absolutamente necesaria, aunque a mí me trae sin cuidado la tenencia de la tierra, ya que lo importante es el rendimiento que de ella pueda sacarse. Detener la emigración agraria y convertirla en trasvase rural mediante la debida creación de industria en las zonas agrícolas más deprimidas se presenta como algo absolutamente inaplazable. Considero inaceptable que el agricultor tenga que emigrar en la mayoría de los casos para ofrecer una educación a sus hijos, que no encuentran en el medio rural.

Por lo que respecta a las reformas coyunturales, éstas deben venir mayori tariam ente vía precios y subvenciones, ya que son los únicos alicientes capaces de motivar a corto plazo la resolución de numerosos problemas y relacionados todos ellos con la producción. Estas vías son las únicas capaces de reducir considerablemente el grave déficit exterior agrario que sufre .España en la actualidad, y cuya solución no se ha abordado nunca por razones desconocidas.

EL PAIS: El paro agrario, especialmente en Andalucía, resulta realmente alarmante. ¿Cómo juzga este fenómeno?G. F. C.: En primer lugar, rechazo la culpabilidad del sector agrario en la existencia de este paro. Posiblemente Andalucía es parcialmente culpable del desempleo existente al no haber existido empresarios que hayan sido capaces de crear la industria necesaria para absorber la mano de obra sobrante; sin embargo, los sucesivos Gobiernos tienen una buena parte de culpabilidad al no haber potenciado el cambio de estructuras y no crear los suficientes mecanismos para favorecer la implantación de esta industria. Es básico industrializar el campo, y no sólo con industrias de transformación de productos agrarios, sino también con cualquier tipo de industrias. Hablar de culpabilidad de la agricultura en el paro, especialmente en Andalucía, lo considero excesivo, máxime teniendo en cuenta que no existe en esta región un auténtico censo de paro agrario y, por tanto, se desconoce qué índice de desempleo proviene del campo y cuál corresponde al retorno de emigrantes que han estado trabajando en la industria y los servicios.

Plantear la posibilidad de que el campo acapare una buena parte de la mano de obra actualmente en paro es un grave error, ya que la agricultura, con su escasa rentabilidad, no puede permitirse el lujo de absorber el paro que no es suyo. Todas las medidas coyunturales que se tomen en este sentido deberán tener un carácter de provisionalidad absoluta, ya que resulta antisocial el obligar a tomar un mayor número de trabajadores del que es necesario, porque, de esa forma, éste nunca tendrá acceso a una retribución digna.

EL PAIS: Desde un punto de vista empresarial, ¿qué aportaciones puede ofrecer el empresario agrícola al sector agrario?

G.F. C.: Como empresario agrícola veo dos problemas básicos en el sector: la existencia de un excesivo número de minifundios, que hacen difícil lograr una rentabilidad al campo, y el escaso aliciente. que el agricultor se le deba regalar nada, lo que hay que añadir las dificultades financieras motivadas por los altos tipos de interés y los cortos plazos con que conceden sus créditos tanto la banca oficial como la privada. Esto no significa que al agricultor sele deba regalar nada, sino, simplemente, darle mayores facilidades financieras por la propia característica de su trabajo. Soy contrario a la política de subvenciones a fondo perdido porque esto incita a llevar una política antieconómica.

Por lo que respecta al enfoque empresarial del sector agrario, opino que en España existen muy buenos agricultores, pero malos empresarios agrícolas, producto de la escasa visión de los hombres que componen nuestro sector agrario y de la falta de infraestructura de la tierra. Debido al elevado número de minifundios, se hace del todo punto necesario fomentar el cooperativismo productivo, aunque soy consciente de la dificultad que esto encierra, dado que el éxito de una cooperativa depende siempre de un hombre, de un líder.

EL PAIS: Como cualquier otro agricultor, usted sentirá especial preocupación por la política de precios. ¿Cómo ve este tema?C. F. G.: La preocupación que pueda sentir el agricultor por la política de precios está absolutamente fundamentada. Ahora que nuestro país puede entrar en la CEE a mayor o menor plazo, sólo hay que comparar los precios comunitarios con los españoles para ver el desfase existente entre ambas agriculturas. Es en este aspecto donde se ve realmente el peso específico del sector agrario comunitario dentro de los órganos de gobierno, y cuál es nuestra incidencia en las decisiones gubernamentales españolas.

Como botón de muestra basta reproducir los precios de unos cuantos productos.

Me gustaría insistir en que ahora podrían hacerse grandes cosas con el sector agrario español de cara a nuestro ingreso en la CEE. Nuestra meta es la Comunidad, y si queremos abordar con éxito esta empresa debemos dedicarnos decididamente a reformar el sector.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de marzo de 1978

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