Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:La intervención de la inteligencia norteamericana en el mundo editorial / 1

La CIA financió más de mil libros en las últimas décadas

La intervención, directa o indirecta, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana en el mundo de la edición, ya sea de periódicos y revistas, ya sea de libros, fue escandalosamente frecuente durante las últimas décadas. En ocasiones, la agencia norteamericana participó abiertamente en la propiedad de las publicaciones bajo su control. En otras ayudaba a su financiación a través de múltiples canales, de forma que, la mayor parte de las veces, ni los propios editores tenían conocimiento del asunto. New York Times ofrece en estos días a sus lectores una serie de artículos sobre las actividades ilegales de la CIA, de acuerdo con las revelaciones del comité de inteligencia del Senado norteamericano. EL PAIS ha sintetizado en dos capítulos la intervención de la central del espionaje de Estados Unidos en el mundo editorial, nacional y extranjero. Este primero se refiere, en especial, a su intervención en la publicación de libros y, entre las revelaciones del comité senatorial, se afirma que la CIA ayudó, de alguna manera, en la edición de libros tan sonados como «Vida y muerte en la Rusia soviética», de Valentín González, El Campesino, que acaba de regresar del exilio, y como «La nueva clase», del conocido disidente yugoslavo Milovan Djilas.

La intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana en el ámbito editorial se ha extendido por todo el mundo y ha afectado a una amplia gama de publicaciones, algunas de ellas poco conocidas y otras ya cerradas. En algunos casos, según fuentes fiables, no hubo un esfuerzo por moldear la línea editorial, a pesar de que se entregaban, sustanciosos subsidios, pero en otros casos, esa línea era virtualmente dictada por la CIA.Una de las operaciones de la CIA en Estados Unidos consistió en la financiación de publicaciones cuyos editores habían huido de La Habana a Miami después de la toma del poder por Fidel Castro en 1959. Los subsidios -que en algunos casos se elevaron a varios millones de dólares- fueron pasados a las publicaciones a través de una editorial «fantasma» de la CIA en Nueva York llamada Foreign Publications Inc.

Entre los receptores de esos subsidios se encontraban, según las fuentes, Avance, El Mundo, Prensa Libre, Bohemia y el Diario de las Américas. Además, se informó, igualmente que la CIA había financiado la AIP, una agencia de prensa para radio de Miami, cuyos programas se enviaban, libres de tasas, a más de cien emisoras de radio de Centro y Suramérica.

Al principio, la CIA trató de introducir números de las publicaciones financiadas dentro de Cuba, pero el plan fracasó después de que los exiliados cubanos que aceptaron llevarlos en barco se negaron en el último minuto a aproximarse a la costa cubana.

De todas formas, los subsidios continuaron y las publicaciones fueron ampliamente leídas en la comunicad cubana de Miami y, en el caso de Bohemia, una revista semanal que recibió más de tres millones de dólares en total, también en toda América Latina.

Un millar de volúmenes

En un tiempo, la agencia de inteligencia norteamericana apoyó al periódico británico Encounter, pero fuentes de la agencia precisaron que el Congreso de Libertad de Cultura, el grupo con base en París a través del cual la CIA canalizó los fondos, había apoyado también otras publicaciones.

El Congreso, fundado en 1950 como respuesta a la Conferencia de Escritores Soviéticos celebrada ese año en Berlín, ha reconstruido su imagen desde que cortó sus lazos con la CIA, e incluso ha cambiado de nombre.

En Estados Unidos, Atlas Magazine, un resumen de la prensa mundial, utilizó en ocasiones traductores empleados por la CIA. African Forum y African Report fueron publicados con dinero de la CIA pasado a la Asociación Americana de Cultura Africana y al Instituto Afro-Americano. En Estocolmo, la publicación Argumenten recibía fondos de la CIA a través de un canal tan complejo que incluso su director era incapaz de saber de dónde le venía el dinero. Lo mismo sucedía con Combate, un bimensual latinoamericano.

Hace ya tiempo se habló de las relaciones de la CIA con el editor de libros Frederick- Praeger. Pero Praegerera sólo uno de los numerosos intereses editoriales, incluyendo algunos de los más famosos del ramo, que imprimieron y distribuyeron más de mil volúmenes producidos o financiados de alguna manera por la agencia a lo largo de las tres últimas décadas.

Otras prestigiosas editoriales que recibieron fondos de la CIA, de acuerdo con funcionarios pasados y actuales de la agencia, fueron Franklin Books y Walker Co., propiedad de Samuel Sloan Walker, en un tiempo vicepresidente. del comité de Europa Libre, y Samuel W. Meek, un ejecutivo retirado estrechamente vinculado a la CIA.

Un portavoz de FranklÍn confirmó que el editor había recibido fondos de la fundación Asia y «de otra pequeña fundación para un proyecto africano, las cuales apa recieron como apoyadas por la CIA en 1967». El portavoz añadió que «Franklin desconocía entonces esas vinculaciones».

Walker dijo, a través de su secretaría, que su editorial «nunca había publicado libros en nombre de la CIA ni ningún libro, viniese de donde viniese, que no mereciera la pena de ser editado.

"El Campesino"

Otra casa que editó libros a cuya publicación contribuyó la CIA fue Charles Scribner's Sons, que en 1951 lanzó el libro El camino de Yenan, de Eudocio Ravines, a partir de una traducción proporcionada por William F. Buckley Jr., agente de la CIA durante vanos anos al principio de la década de los cincuenta. También en 1951, la editorial G. P. Putnam's Sons, que publicó el libro Vida y muerte en la Rusia soviética, de Valentín González, el famoso Campesino de la guerra civil española.

Según ejecutivos de ambas casas, ni Putnam ni Scribners estaban al tanto de cualquier implicación de la CIA en esos libros, así como tampoco la Doubleday Company, que, en 1965, editó, bajo el título Los papeles de Penkovsky, lo que se suponla que era el diario del coronel Penkovsky, el doble agente soviético. El libro utilizaba incluso la forma en que la CIA transcribía el nombre del coronel.

Algunos de los libros publicados a instancias de la CIA fueron bien recibidos por la crítica y en ciertos casos llegaron a convertirse en éxitos, comerciales. «Al menos en una ocasión -de acuerdo con un informe del comité de inteligencia del Senado- una revista de libros suministrada por una agencia editorial y publicada en el New York Times fue redactada por un escritor de la CIA con contrato».

El informe no identifica ni el libro ni el autor de la revista, pero aparentemente se trata de Escapar de China roja, la historia de un desertor de la CIA publicada por Coward, Mccann y Geoghegan. Jack Geoghegan, presidente de la editorial, afirmó que nunca supo que el libro había sido preparado para su publicación por la CIA.

Otro éxito editorial publicado en 1962, del que fuentes de los servicios secretos afirmaron que fue editado con ayuda de la CIA, es On the tiger's back, de Aderogba Ajao, un nigeriano que marchó a estudiar a una Universidad de Alemania del Este y regresó a su país para contar su decepción.

"La nueva clase", de Djilas

La organización Praeger, comprada por Encyclopaedia Brittannica, en 1966, comenzó a estar implicada con la CIA a partir de 1957, fecha en la que publicó La nueva clase, laobra clave del conocido disidente yugoslavo Milovan Djilas. «Ese fue mi primer contatto con la CIA», afirmó Praeger, quien añadió, en su descargo, que, por aquellas fechas, incluso «desconocía lo que era la misma CIA».

Praeger declaró también que, más tarde, publicó de veinte a veinticinco libros en los que la CIA tenía algún interés, ya fuese en la escritura, en su publicación o en la distribución.

Entre los libros de Praeger influenciados por la CIA se encuentran The anthill, un trabajo sobre China de la escritora francesa Suzanne Labin, y dos libros sobre la Unión Soviética escritos por Gunther Nollau, agente del Servicio de Seguridad de Alemania Occidental y posteriormente su jefe. Nollau fue descrito, en una crítica del New York Times, únicamente como «un abogado alemán que huyó hace algunos años de Alemania del Este».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de diciembre de 1977