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Tribuna:Cuba, dieciocho años después / y 3

La educación, los costos sociales de la revolución

En días anteriores hemos venido publicando en distintos artículos, diferentes aspectos de la Cuba de hoy. Con este último, que aborda el sistema educativo y los costos sociales que la revolución ha originado, concluye esta breve serie de nuestro enviado especial Ramón Sánchez-Ocaña. Esta serie no es más que un intento de aproximación a la Cuba actual, sin más pretensión que esa: la de una aproximación. En un viaje de diez días no puede conocerse la profunda realidad de fenómeno tan complejo, en aspectos tan hermoso, en aspectos tan duro, como la revolución cubana.

En este país donde, en 1958 30.000 personas vivían del juego y 40.000 de la prostitución, se ha erradicado el paro. (Si bien es cierto que la burocracia ocupa a muchos ciudadanos y que es una burocracia, desde el punto de vista occidental excesiva). Y ha erradicado, ya desde 1961, «Año de la educación y de Playa Girón», el analfabetismo. Ciertamente en educación, Cuba ha dado un salto prodigioso. Forzosamente habrá que referirse otra vez al antes y después de la revolución. Antes, había un millón de analfabetos absolutos. Hoy, no hay. Antes, había un millón de semianalfabetos, y había 600.000 niños sin escuela; hoy, no existe el analfabetismo y todo niño cubano tiene un lugar para estudiar y para formarse. En 1958 el presupuesto para la educación era de 76,4 millones. Hoy es de casi novecientos. El total de alumnos matriculados era de 800.000. Hoy es de tres millones y medio. Educación superior para trabajadores se impartía a 15.000. Hoy, a 83.000. No había educación para adultos. Hoy, medio millón de personas mayores acuden a las clases.En La Historia me absolverá, Fidel Castro señala la crítica situación de opresión y miseria que sufría el pueblo. Dice en 1953: «Nuestro sistema se enseñanza se complementa con todo lo anterior». En un campo donde el guajiro no es dueño de la tierra ¿para qué se quieren escuelas agrícolas? En una ciudad donde no hay industrias, ¿para qué se quieren escuelas técnicas e industriales? Todo está dentro de la misma lógica absurda: no hay ni una cosa ni la otra. En cualquier pequeño país de Europa existen más de doscientas escuelas técnicas y de artes industriales; en Cuba, no pasan de seis y los muchachos salen con sus títulos sin saber dónde emplearse. A las escuelitas públicas del campo, asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos menos de la mitad de los niños de edad escolar, y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ¿Es así como puede hacerse una patria grande.?

La educación ha sido uno de los primeros frentes de la revolución. Conscientes de ello, los componentes del Gobierno se lanzaron a programas integrales. Y como ellos mismos definen «el criterio básico de la política educacional del Partido tiene como fin formar las nuevas generaciones y a todo el pueblo en la concepción científica del mundo, es decir, la del materialismo dialéctico e histórico. Y el criterio básico de esta política consiste en hacer corresponder con el socialismo y los ideales que el mismo expresa». Como principio funda mental señalan «poner en el centro de la educación la formación de una actitud comunista ante el trabajo, la propiedad social, el estudio y la sociedad, y educar a los ciudadanos en las tradiciones revolucionarias, laborales y culturales de nuestro pueblo, formarlos en un elevado sentido del internacionalismo proletario y de patriotismo socialista». Entre otras cosas, y al enumerar los objetivos, señalan «acendrar sus sentimientos -los de los ciudadanos- de amistad con los países hermanos de la comunidad socialista, y particu larmente con la Unión Soviética». El Partido controla esa formación y en especial la que se refiere a la política ideológica. No es extraño, pues, en Cuba, hoy, encender la radio y oír clases de ruso. No es extraño que los chavales de una escuela tengan el grito aprendido «¡Seremos como el Che!». No es extraño tampoco que esta generación cubana haya nacido bajo la presión ideológica que le dicta la radio, la prensa del partido y los inmensos carteles que en vez de anunciar productos de consumo, te gritan en letras grandes: «Por una actitud comunista en la construcción del socialismo», «Fortalecer el partido es fortalecer la revolución», «Los hombres mueren, el partido es inmortal», y cientos y cientos de consignas más. No es extraño que en alguna ocasión, un programa infantil de la televisión establezca el juego de «matar imperialistas» consistente en un pim, pam, pum que derriba muñecos con gorro americano.

Con una mentalidad no comunista esto es difícil de entender. Con una mentalidad pluralista la situación puede ser insoportable.

La educación se realiza, eso si, en todos los frentes, porque se pretende una formación integral de la persona. Se educa a la vez en el campo intelectual, cientifico-técnico, político-ideológico, físico, moral, estético, politécnico, laboral y patriótico-militar. Un amplio espectro, desde luego, en que se ha formado la Cuba de hoy. Cuba es un país eminentemente joven la mayoría de la población, pues, se ha educado en el sistema revolucionario. Sin más opción. Y están contentos de ello.

El precio

Cuba es, pues, ahora, en 1977, una realidad consolidada, y, especialmente, una, promesa. Se comenta aquí que la Unión Sovié tica facilita un presupuesto a fondo perdido de dos millones y medio de dólares diarios. El fondo perdido (económicamente) es considerado por los occidentales no comunistas como una buena inversión ideológica: la construcción.de un escaparate en el que pueda mirarse América Latina y Africa (por el momento).

El precio para la consecución de todo lo hecho -que es mucho y debe reconocerse- ha sido, como decíamos ayer, por un lado, un largo y caro exilio. La salida inicial de cubanos fue amplia. Muchos comerciantes tuvieron que abandonar todas sus posesiones. Muchos hombres cualificados, también. Y, en general, todos aquellos que se vieron privados de lo suyo, o que no soportaron la idea de ver Cuba convertida en un país comunista. Y por otro, hay que unir, porque es justo, el número de cubanos que esperan aún la salida. No se puede calcular. Hay quien habla de 500.000. No se sabe; pero hay muchos cubanos que están en esa lista de espera interminable. Interminable, la lista; interminable, la es era. Otro punto que al occidental y pluralista le parece un precio caro es el de las libertades. «Son libertades formales», dicen. Pero lo cierto es que públicamente no hay más que una opinión, una información, una idea. La discusión sobre la libertad y las libertades se convierte aquí en una filosofía sin final. ¿Qué se entiende por libertad? ¿Es libertad el asedio publicitario del consumo? ¿Es libertad la dependencia económica y la tirania del dinero? Pero uno siente que está aislado. Conocimos aquí la noticia del tremendo accidente aéreo de Tenerife. El mayor de la historia de la aviación. Pues bien: apenas unas líneas en la prensa. Apenas cuarenta segundos en la televisión. La prensa destaca las brigadas millonarias de la zafra, y las noticias internacionales de los países socialistas. La radio anunció una mañana: «Continúa la lucha proletaria en todo el mundo. En Orense, la huelga de la construcción...» Nosotros, los veinte periodistas españoles que recorrimos la isla de la mano de Cubatur (no es figura literaria), hubiéramos pagado -imbuidos de nuestra idea consumista- cientos de pesetas por un periódico.

También para nosotros, quizá nuestra mentalidad nos lo hace ver así, el control de las personas es excesivo. Es comprensible el temor a la CIA, desde luego, pero da la sensación de que un cubano no se atreve a hablar delante de otro cubano. El control está establecido a través de los llamados Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que existen en cada cuadra. Estos comités de cederistas -«Cada cederista, un cederista destacado», dice la pancarta- tienen como misión actuar a modo de junta de vecinos. Por un lado, ellos organizan las guardias y las vigilancias de las cuadras, y por otro vigilan de alguna forma la situación vital de los vecinos. Si vive por encima de sus posibilidades, si recibe visitas extranjeras o paquetes extraños.

Sin embargo, conviene decir que fuera de La Habana, toda esta presión se nota menos. Hay alegría, sana alegria; como si ellos comprendieran perfectamente esta situación, participaran de ella, y, además, la quisieran.

En conclusión, y al margen de anécdotas, es cierto que Cuba ha vivido y vive un proceso muy interesante. Que ha cambiado el dominio americano (qua hacía vivir muy bien a unos pocos, en contra de unos muchos) por el dominio comunista (que hace vivir a unos muchos en contra de unos pocos). Para la mentalidad nuestra, todo es justificable, todo tiene su porqué. Pero, es un totalitarismo. En las cárceles hay presos políticos -cuyo número nadie dice-, y el Partido domina todo. Ser del Partido es un privilegio que sólo alcanzan los más destacados. Es el partido, en singular, sin más opciones. También hay que señalar la reciente creación de los órganos populares, como posibilidad de establecer un control sobre los órganos de gobierno, de forma que la democracia -no pluralista, desde luego- se aplique en toda su extensión. Quizá esto evite la formación de esa nueva clase que definió Milovan Djilas.

Y miemtras tanto, Cuba empieza a vivir su desarrollo. Del cultivo del azúcar, poco rentable para los hombres que ocupa, han pasado a diversificarse. Los cítricos empiezan ya a ocupar buena extensión.

Y el turismo

Y confían en el turismo. Así -turísticamente- se planteó nuestro viaje. Cuba ofrece rnuchas posibilidades turísticas únicas. Por ejemplo, la pesca submarina. Bucear en las limpias aguas del Caribe es casi tocar el paraíso con las manos. El proceso de construcción de hoteles va a buen ritmo. Los atractivos de mar y de paisaje son increíbles. El clima, soberbio. Canadá e Italia son países asiduos a la isla. Ya partir de ahora. España. Este año esperan recibir a 80.000 turistas que, aunque no se desprecia al turisnio individual, serán recibidos en grupo y conducidos en grupo. Vivir en Cuba es una experiencia interesante. Porque es, como reza en la ciudad de Santiago, "rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de abril de 1977