George Sand, su vida y su época

Exposición-homenaje en París en el centenario de su muerte

Sesenta novelas, casi cincuenta cuentos, relatos, novelas cortas, treinta piezas de teatro, numerosos artículos de crítica y política, escritos autobiográficos y una enorme correspondencia (más de 1.200 cartas), es una obra que puede ser discutida, pero no menospreciada. Su autora, una mujer, Aurora Dupín, para la literatura George Sand a partir de 1832.

Conmemorando el primer centenario de su muerte, la Biblioteca Nacional ha montado una exposición George Sand, su vida y su época.Con una intención claramente pedagógica, la exposición trata de recoger el, ambiente de la época romántica que vivió George Sand, una etapa marcada por una fuerte dosis de individualismo (reacción contra el neoclasicismo y la ortodoxia anteriores), que apoya la ideas políticas revolucionarias, se interesa por lo maravilloso y misterioso y trata de imponer la imaginación sobre la razón, la norma y el sentido mezquino de lo real. Un período de sensibilidad, primitivismo y amor a la naturaleza.

La muestra establece un paralelismo entre la vida (relaciones afectivas, amistades, acontecimientos) y la obra de la autora. Comienza con los recuerdos de la familia Saxe, retratos de la madre Antoinette-Sophie-Victoria Delaborde («morena, pálida y ardiente, ( ... ) buena y mala al mismo tiempo»), del padre Maurice Dupín («todo corazón, instinto, coraje, confianza, amando todo lo bello»), los primeros dibujos de Aurora, grabados de los lugares en que vivió y... progresivamente van apareciendo personajes, a través de objetos, cuadros, manuscritos y cartas de su correspondencia con Musset, Flaubert, Marimée, Balzac, Chataubriand; la que le envió Michel Bakurtin (14 diciembre 1847) comunicándole la orden que ha recibido de irse de París por «perturbar el orden y la tranquilidad pública» y la contestación de George Sand apoyándole, que fue publicada en el periódico que dirigía Karl Marx Neue Rheinische Zeitung el 3 de agosto de 1848, la carta de Giuseppe Mazzini (5 marzo 1849), la República acababa de proclamarse en Roma y Florencia, en ella la escritora manifiesta una esperanza entusiasta por la liberación de Italia, manuscritos de partituras de Chopin, dibujos realizados por Musset, cuadros de Delacroix, Corot, etcétera, para terminar con una maravillosa serie de retratos de sus últimos años.

La vida

Esta descendiente de Maurice de Saxe. (hijo natural del rey de Polonia, Augusto II), de la que Renán decía «no tuvo el siglo una herida, de la cual su corazón no haya sangrado, ni tina enfermedad que no le arrancara quejas armoniosas» y Turgeniev: «es una de nuestras santas», vino al mundo en París el 5 de junio de 1804, se casó pronto, demasiado quizás, con Casimir Dudevant y de este matrimonio nacieron dos hijos: Maurice y Solange. Fracasado el matrimonio desde el primer momento Aurora, que ya escribía, pero no publicaba, comienza una serie de relaciones extramatrimoniales, más o menos tormentosas, a la manera romántica, Aurelien de Séze, Jules Sandeau («Esta mujer es un cementerio», decía de ella, casi todos sus amantes murieron antes), y entre otros Musset, una aventura tormentosa y apasionada («insensato, me dejas en el mejor momento de mi vida, el día más verdadero, el más apasionado, el más sangrante de nuestro amor»), Chopin («su alma es todo poesía, todo música»), pero la vida era imposible con él.

La obra

La obra de George Sand es muy discutible, quizás lo más interesante sea Historia de mi vida, la Correspondencia y los Diarios íntimos donde su estilo que Stendhal calificaba de «abominable amaneramiento», es menos afectado, y menos pretencioso, y a nivel del contenido es menos moralista, más directa y sincera. Esta escritora, que como ella intuía («creo que dentro de cincuenta años seré olvidada y quizás completamente desconocida») no cuenta demasiado en el panorama literario. causó sensación en su época, y si bien Nietzsche se refería a ella definiéndola como «esta terrible vaca a escribir que tenía algo de alemana en el mal sentido del término», muchos de sus contemporáneos no le escatimaron los elogios.Trabajadora incansable, sus primeros escritos datan de 1829 Viaje a España, Viaje a la Auvergne, pero empieza realmente a escrbir cuando se encuentra a Jules Sandeau, juntos publican Rosa y Blanco, firmado J. Sand y solo en 1832 nace para la literatura George Sand, con Indiana (la lucha del amor absoluto contra las contradicciones e imposiciones de la civilización), más tarde Leila.

El encuentro con Michel Bourges en 1835, un abogado progresista revolucionario, junto con la amistad de Pierre Leroux y Laménilais (en esta época la escritora se separa de su marido) hacen de ella una mujer liberada, más consciente y sensible a la problemática político-social.

Entre 1836-40 escribe seis novelas de inspiración romántica diversa, en una búsqueda para encontrar sus temas místicos, humanitarios y campestres que la caracterizan.

Más tarde vendrán las novelas campesinas, narrando los amores y pasiones de las gentes del campo, describiendo las costumbres y la transformación de las formas de vida, como El pecado del señor Anton¿ Coincidiendo con su relación con Chopin, Un invierno en Mallorca, Diálogos sobre la poesía y Los Proletarios.

Viene la revolución de 1848: la escritora participa activamente, pero por poco tiempo. Se relaciona con el grupo La Reforma, escribe artículos en el Boletín de la República, funda La Causa del Pueblo, donde se reproducen sus Cartas del Pueblo, colabora con asiduidad en La Verdadera República, periódico socialista dirigido por Theophile Thomé, en el que también escriben Barbes y Pierre Leroux y tiene influencia sobre: Ledrú-Rollin, entonces ministro del Interior.

Tras la jornada revolucionaria del 16 de mayo y la detención de varios de sus amigos, se. refugia en Nohant, dando por terminado su papel político «semioficial». Poco a poco se va retirando definitivamente a su dominio de Nohant, donde sigue escribiendo hasta su muerte. Claudine, La familia Garmandre, Recuerdos e impresiones literarias, Cuentos de una abuela y II ,etcétera.

Mujer liberada

A Aurora Dupín se le ha puesto muchas veces como ejemplo de mujer liberada, e incluso actualmente, se escribe algún libro sobre su feminismo. Si la comparamos con otras mujeres de su época ,Paulina Roland, Flora Tristán o Eugenie Niboyet, lo menos que se, puede decir es que su posible feminismo se queda en contradictorio y reformista, máxime teniendo en cuenta que dada su cultura, su situación social y sus relaciones, tuvo más oportunidades que otras de plantearse los verdaderos problemas feministas.Su idea de la mujer es bastante clásica, responde a los esquemas de su cultura judeo-cristiana-burguesa; la mujer «debe salvar en medio de las groseras pasiones, el espíritu cristiano de caridad. Bien desgraciado será el mundo en que la mujer no juegue este papel», escribe es quizás por ello por lo que en sus relaciones con los hombres era una mezcla de «enfermera-madre-asistente social ».

Aurora Dupín, era consciente de una cierta situación de la mujer, ella misma dice que a veces siente la humillación (social) de serlo y que las mujeres de su época «no cuentan ni en el orden social ni en el orden moral» e incluso jura luchar para sacar a la mujer del sometimiento en que estaba, pero sus contradicciones están en que si bien reivindica la libertad en las relaciones sexuales y pide la igualdad sexual dentro y fuera del matrimonio, el derecho a la felicidad y a la expansión, pues en «el amor se les trata (a las mujeres) como cortesanas; en la amistad conyugal como sirvientas», no llega a ser consciente de que el papel activo en este proceso de liberación le corresponde a la mujer, y políticamente, renuncia al voto de la mujer, basándose en la falta de instrucción de esta y considera que hay que esperar a que la situación educativa cambie, para que la mujer pueda participar en la vida política y profesional. Confía en que los hombres cambiarán esta sociedad «mezquina y sin principios» y aun cuando a veces piense incluso que «la mujer es superior al hombre, menos en la fuerza física y en la barba en el mentón» y que la educación de la mujer debe ser igual a la del hombre, «el corazón de la mujer continuará siendo el refugio del amor, de la abnegación, de la paciencia y la misericordia», lo que significa hacer un retrato sicológico-espiritual de la mujer, que responde exactamente a «las necesidades» masculinas y a su imagen tradicional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 17 de marzo de 1977.

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