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Confusión y locura en el fútbol argentino por el calendario de torneos

Superliga, Copa Argentina, Supercopa Argentina y Copa de la Superliga; los equipos de la AFA habrán disputado cuatro torneos locales esta temporada, en un ejercicio de invención sin techo

En el fútbol argentino se aburre el que quiere, y lo entiende el que puede. La Superliga lleva diez temporadas consecutivas en las que año a año cambia de cantidad de participantes y fechas, de formato y hasta de nombre del torneo, un ejercicio de invención que continuará en el futuro inmediato: este fin de semana de Pascuas terminó la primera ronda de una nueva copa -inédita en la historia- que para 2020, naturalmente, ya se jugará de manera diferente a la actual. Tantos parches sirven -eso se supone- para remediar la economía de clubes, en crisis al compás del desquicio inflacionario que sufre el país.

Jugadores de Boca Juniors celebran en La Bombonera un gol ante Wilstermann, de Bolivia, por la Copa Libertadores, el pasado 10 de abril.
Jugadores de Boca Juniors celebran en La Bombonera un gol ante Wilstermann, de Bolivia, por la Copa Libertadores, el pasado 10 de abril.

El último invento es la Copa de la Superliga, la cuarta competencia de la temporada doméstica detrás de la Superliga, la Copa Argentina y la Supercopa Argentina. Participan los 26 equipos que jugaron en la última Superliga, incluso los cuatro que ya descendieron a la Segunda División, y el campeón podría acceder a un quinto trofeo que por ahora está en estudio, la Recopa de la Superliga, contra el ganador de la Superliga, Racing Club de Avellaneda. Para que lo inesperado no decaiga, esa competición podría jugarse en España.

En realidad, el fútbol argentino intenta reajustarse después de una decisión unilateral del todo poderoso presidente de la AFA, Julio Grondona, quien dispuso poco antes de morir, en 2014, que el entonces llamado Torneo de Primera Divisió” pasará de 20 a 30 equipos.

Semejante cantidad de participantes rompió con el calendario, además de perjudicar la competitividad. Como Argentina no inventó, al menos todavía, un año de más de 52 semanas, los campeonatos ya no pudieron jugarse con el sistema clásico de partidos ida y vuelta -con esos dos enfrentamientos de local y visitante se habrían necesitado 58 fechas-. Los torneos siguientes estuvieron llenos de anomalías: entre 2014 y 2018, River-Banfield se enfrentaron cinco veces seguidas en el mismo estadio, el Monumental. Si Racing se había consagrado campeón del Incial 2014 en un torneo de 19 fechas, Boca lo sería al año siguiente después de 30 jornadas. Pero ya en 2016, Lanús dio la vuelta olímpica en un torneo de 17 partidos, dividido en dos zonas y una final.

Si se caían migas al suelo, los dirigentes las recogían e inventaban torneos. Racing y Lanús ganaron dos ligas cortas (2014 y 2016) en años en los que además hubo otros campeones (River se había quedado con la Final 2014 y Boca festejaría en la temporada 2016/17), por lo que no pudieron definir la Supercopa contra los respectivos vencedores de la Copa Argentina.

La AFA autorizó entonces a que los campeones huérfanos se enfrentaran en una copa de una sola edición, la Copa Bicentenario. Aún más curioso fue que Vélez había ganado un torneo de liga, el campeonato de Primera División 2012-2013, después de haber jugado ¡un partido!, contra Newell’s. En su imaginación para armar campeonatos, Argentina sigue siendo campeón del mundo: un torneo de liga que duró 90 minutos debería registrarse en el libro Guinness de los récords.

El debate por el descenso

A partir del torneo 2016/17, cuatro equipos pasaron a descender por temporada para acercarse de a poco a una competición más razonable, de 22 equipos, proyectada para 2021/22. Como ascienden dos desde la B Nacional, la cantidad de clubes en la Superliga se reduce de a dos por año. El problema fue que, con ligas mucho más cortas de lo habitual, al calendario le quedaban un par de meses libres: la Copa de la Superliga acaba de nacer como un remache que se utilizará hasta que la Superliga retome su formato natural de dos ruedas.

A comienzos de mes, Racing se consagró campeón de la temporada 2018/19, que contó con 26 participantes y 25 fechas. La Superliga 2019/20 tendrá dos equipos menos, 24, y cada uno jugará 23 partidos. Como todavía no alcanzan las fechas del año para organizar un torneo a partidos de ida y de vuelta (se suman además las vacaciones de los jugadores, la Copa Argentina, las competiciones sudamericanas y las fechas FIFA), a la temporada que arrancará en agosto le faltarán tres meses de competencia. Las autoridades ya confirmaron, entonces, una segunda edición de la Copa de la Superliga, que además será recargada.

Los clubes que pelearán para evitar el descenso plantearon que una Superliga de 23 fechas supone muy poco tiempo para un castigo tan definitivo, por lo que las autoridades decidieron que la Copa de la Superliga 2020 también cuente para evitar la pérdida de categoría. Es tan ingenioso como si los partidos de la Copa del Rey en España, la FA Cup en Inglaterra o la Copa Italia contaran para la lucha por la permanencia. El tema es aún más confuso en el mapa del fútbol argentino porque los descensos se determinan por el promedio de las últimas tres temporadas de Superliga.

Números que no cierran

En medio de semejante caos, muchos clubes bendicen la Copa de la Superliga. Al tratarse de un nuevo torneo, implica un acuerdo extra con la cadenas de televisión. Para las instituciones de mediana convocatoria, los 3 millones de pesos que reciben (72 mil dólares) no es un ingreso desdeñable. Los hinchas sufren la crisis de un país que tiene una inflación del 54% anual y dejan de pagar las cuotas sociales. El caso de Talleres de Córdoba es sintomático: sus dirigentes lamentan cómo pasaron de tener 50 mil a 25 mil socios en los últimos tres años.

Sin público visitante en la mayoría de los partidos para evitar choques entre barras bravas, abrir las puertas de los estadios suele implicar una fuerte pérdida para muchos clubes. Argentinos Juniors, en su debut en la Copa de la Superliga ante Independiente el domingo pasado, informó que perdió 500.000 pesos (12.000 dólares): el club gastó más del doble de dinero en pagarles a los policías que lo que recaudó de las entradas de los hinchas. Si se inventara una Copa Económica, casi todos los equipos se irían al descenso.

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