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Premios Oscar
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Lo que las siete estatuillas a ‘Oppenheimer’ esconden: los Oscar ya son una empresa mundial

La Academia de Hollywood ha emprendido una campaña de expansión internacional, por la que ha superado los 10.800 votantes y ha logrado unos galardones menos estadounidenses y más repartidos por el planeta

Arthur Harari y Justine Triet posan con el Oscar a mejor guion original.
Arthur Harari y Justine Triet posaban el domingo con el Oscar a mejor guion original.Carlos Barria (REUTERS)
Gregorio Belinchón

Lily Gladstone aguantó, con el mejor de los gestos, el momento en que Michelle Yeoh leyó el nombre de Emma Stone como ganadora del Oscar a mejor actriz por su labor en Pobres criaturas. Hollywood iba a premiar por fin a una nativa estadounidense, iba a protagonizar un acto de contrición por décadas de producción de wésterns con vaqueros buenos y pieles rojas retratados como crueles asesinos, insensibles ante la civilización que les traía el hombre blanco. Y la elegida era una actriz joven, de raíces surgidas de la nación Piesnegros y de la tribu Nez, la tercera indígena en ser candidata a un Oscar de interpretación [previamente fueron Keisha Castle-Hughes por Whale Rider en 2004 y Yalitza Aparicio por Roma en 2018]. Pero en la papeleta, tozuda, solo aparecía el nombre de Emma Stone. La campaña realizada por la Academia de Hollywood, tras arrasar en redes el hashtag #OscarSoWhite porque en aquella edición de 2015 los 20 intérpretes candidatos eran caucásicos, se ha vuelto, curiosamente, en contra de Gladstone: hay más votantes extranjeros, de muchísimas y distintas minorías, y a ellos las deudas pendientes de Hollywood con los navajos o los apaches les suena a algo lejano: a ellos les emociona el corpus artístico que están erigiendo una actriz de Arizona y un cineasta de Atenas, pero Atenas la original, la de Grecia, no la de Georgia.

Emma Stone durante su discurso tras ganar el Oscar a mejor actriz protagonistaFoto: EFE/EPA/CAROLINE BREHMAN | Vídeo: EPV

Hace nueve años, los cerca de 6.000 miembros de la Academia eran en un 92% blancos y en un 75% hombres. Hoy la Academia tiene 10.800 votantes, y se ha invitado preferentemente a entrar en ella a grupos de minorías étnicas. Resultado, una quinta parte de ellos viven fueran de EE UU, y cerca de un centenar son españoles. Nadie sabe quién vota, aunque sí se tiene la impresión de que los recién llegados están más concienciados, y pueden que sean más activos a la hora de rellenar la papeleta. Desde luego, están enviando suficientes señales como para confirmar esta tendencia. Tras la 96ª edición, ha quedado claro: Hollywood será un estado mental en el que triunfan los ejecutivos blancos, pero la Academia es una institución en la que palpablemente las dudas en las estatuillas más competidas se resolvieron anoche siempre a favor de la probable elección extranjera.

Tarn Willers y Johnnie Burn, ganadores del Oscar a mejor sonido por 'La zona de interés'.Foto: CARLOS BARRIA (REUTERS) | Vídeo: EPV

Si la mexicana Roma llegó tal vez demasiado pronto, la surcoreana Parásitos, de Bong Joon-ho, acertó en su momento: en 2020 se convirtió en la primera película en lengua no inglesa en ganar al premio principal. Al año siguiente, el previsible Oscar póstumo a mejor actor para Chadwick Boseman, el protagonista de Black Panther, por La madre del blues, y toda una estrella en su país, se esfumó para convertirse en la segunda estatuilla de Anthony Hopkins, gracias a su labor en El padre. El giro de acontecimientos sorprendió hasta al mismo Hopkins, que cuando se leyó su nombre en la ceremonia estaba durmiendo en su Gales natal, adonde había vuelto de visita porque, total, el trofeo se lo iba a llevar Boseman... Señales del peso del votante no estadounidense. En la gala de anoche, de los cinco directores nominados en su categoría, dos (Jonathan Glazer y Justine Triet) lo habían logrado con sendos ejemplos de cine de autor europeo (La zona de interés y Anatomía de una caída), filmes que además acumulaban cinco candidaturas cada uno, entre ellas a mejor película… otro de los récords de la pasada ceremonia: por primera vez competían por el trofeo principal dos largos no en inglés.

Yorgos Lanthimos y Emma Stone, a la entrada de la gala.
Yorgos Lanthimos y Emma Stone, a la entrada de la gala.Mario Anzuoni (REUTERS)

Porque esa es otra. Desde que la francesa Z, de Costa-Gavras, lograra ser candidata a mejor película en 1970, solo 14 largometrajes extranjeros (producidos fuera de EE UU, y con la mitad o más de los diálogos no en inglés) lo han logrado. Y la mayor parte lo ha obtenido en las últimas ediciones. Si en la década de los 2010 había unas seis candidaturas por gala para títulos extranjeros —eliminando el apartado creado expresamente de película de habla no inglesa o película internacional— desde 2020 la media es de 15, y en esta edición han llegado a 25. Más aún: puede que no haya estatuillas más de la industria, más estadounidenses, que la de efectos visuales y la de sonido. Pues esos premios Oscar se los han llevado, respectivamente, una película japonesa con un exiguo presupuesto de 15 millones de dólares, Godzilla Minus One, y La zona de interés, cuyos responsables de sonido han salido completamente alucinados a recoger el galardón en el teatro Dolby: sí, el ruido y los aullidos de la maquinaria nazi son fundamentales en este drama sobre Auschwitz, pero la favorita en ese apartado era Oppenheimer.

Tatsuji Nojima, Takashi Yamazaki, Kiyoko Shibuya y Masaki Takahashi posan con las estatuillas de los efectos digitales de 'Godzilla Minus One'.
Tatsuji Nojima, Takashi Yamazaki, Kiyoko Shibuya y Masaki Takahashi posan con las estatuillas de los efectos digitales de 'Godzilla Minus One'.Mario Anzuoni (REUTERS)

El trofeo a mejor guion original se lo han llevado una pareja de franceses, Justine Triet y Arthur Harari, que por mucha Palma de Oro que respaldara a Anatomía de una caída, no dejaban de ser dos elementos extraños en mitad de la tierra de los grandes estudios. A Spider-Man: cruzando el multiverso le ha birlado el Oscar a mejor largo de animación El chico y la garza, de Hayao Miyazaki, cuando lideraba las apuestas el filme con los miles de hombres y mujeres-araña; desde 2001 que se entrega este Oscar, solo dos películas hechas a mano y en un idioma distinto al inglés lo han obtenido y las dos proceden del genio japonés. Y aún queda la categoría de largometraje documental: por primera vez en la historia, ninguno de los cinco finalistas era estadounidense (y eso que en la preselección hubo uno de Netflix producido por el matrimonio Obama sobre el músico afroamericano Julien Baptiste).

Kiyofumi Nakajima y Kenichi Yoda posan con el Oscar a la mejor película de animación por "El chico y la garza"Foto: REUTERS/Mario Anzuoni | Vídeo: EPV

Casi la mitad de los nominados de anoche no eran estadounidenses, como tampoco lo eran cuatro de los diez directores de las candidatas a mejor película. El año pasado ganó Todo a la vez en todas partes, una película para la era TikTok protagonizada por personajes de origen asiático. En esta lo ha hecho un filme más clásico, pero sobre un personaje controvertido de familia inmigrante y pasado izquierdista, que sufrió la caza de brujas, y que ha dirigido un británico-estadounidense. Y detrás ha quedado el drama comandado por un griego sobre un Frankenstein femenino en la Europa de hace un siglo. La Academia ha apostado por la internacionalización, y en temporada de premios hasta por España pasan candidatos como Martin Scorsese haciendo campaña. Los Oscar lo tienen claro: globalizarse o morir.

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Sobre la firma

Gregorio Belinchón
Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.
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