‘Resurrection’, el desaforado espectáculo mayestático del cine de autor
El chino Bi Gan mezcla sueños, poesía, monstruos, alucinaciones e historia del séptimo arte en su tercera película. “Vivimos en un mundo de tecnología muy avanzada. Por eso tenemos que recordar que lo que necesitamos es nuestro cuerpo”, apunta


No hay película actual como Resurrection. No hay un cineasta contemporáneo como el chino Bi Gan (Kaili Cuty, provincia de Guizhou, 36 años), que se sacó de la manga, en su segunda película, Largo viaje hacia la noche (2018), un remate descomunal: un plano secuencia de 58 minutos en 3D. Así que Resurrection, su vuelta al cine, sonaba a gran acontecimiento del pasado festival de Cannes. Lo fue, y se llevó el Premio Especial. Porque va más allá de ser película de ciencia ficción, de cine que habla de cine (con, incluso, películas dentro de la película) y recorre su historia y sus formatos a través de sus cinco capítulos y 100 años. Es un sueño en un mundo donde ya nadie sueña. Una alucinación hecha con efectos tangibles en mitad del imperio digital. Un desmesurado filme que rinde tributo a la vez que añora antiguas maneras de narrar. Un meticuloso artefacto cromático inspirado, cuenta Bi Gan, por un descubrimiento que le hizo un ayudante: “Las pinturas de Mark Rothko”.
Para su creador, sentarse a verbalizar Resurrection es cansado. “Prefiero que el espectador pasee por la película”, contaba el pasado noviembre en la Seminci de Valladolid. Puede que esta sea la mejor manera de disfrutar de tamaño desaforamiento fílmico: abandonar cualquier raciocinio y análisis cerebral a la puerta de las salas de cine. “Para mí, la película nació como un poema. Escribo poesía desde que era niño”.

Así construye sus guiones: “Parto de un concepto artístico poético, y luego voy concretando poco a poco. Todo el proceso consiste en materializar estas ideas, y ahí sufro. En Resurrection hay muchas partes poéticas que son difíciles de contar simplemente como una historia. Necesito el lenguaje cinematográfico para construirlas”. Ya no hay ni tiempo ni dinero como para lanzarse así al vacío creativo en el resto del cine mundial.

Esa aproximación distinta a la creación del cine, que le acerca a un director que le ha influido muchísimo, Tarkovski, hace que cada episodio “se conciba como un género cinematográfico, pero también gira en torno a cada uno de los cinco sentidos”. Además, hay un sexto, el prólogo, “que sería la mente, como los sentidos definidos por el budismo”. Porque, explica, “vivimos en un mundo de tecnología muy avanzada; dependemos de ella por completo. Por eso tenemos que recordar que lo que realmente necesitamos es nuestro cuerpo”.

Bi recuerda que, antes de ir a la universidad en Shanxi, la primera película que le gustó era “una del hongkonés Stephen Chow”. Y se ríe: “Nunca había recibido educación artística. Lo único, escribía poemas. Mi padre es chófer y mi madre, peluquera. Así que mis conocimientos más profundos, y me parece muy importante, nacen de la vida real, no de nociones vicarias”.

Para huir de ese mundo, buscó una universidad muy alejada de su ciudad natal. “Acabé en una facultad de televisión. Pero, curiosamente, los profesores allí nos enseñaban cine. Y encima, muy cerca, había una tienda de DVD con películas de todo el mundo. Así conocí a los grandes cineastas universales, como Tarkovski, Antonioni, Almodóvar...”, recuerda. Un ejemplo de esa extraña influencia es que, “para analizar cómo el cine refleja el paso del tiempo”, escribiendo el libreto de Resurrection revisó varias veces El último emperador, de Bertolucci.
Algo ha cambiado en su cine con respecto a sus dos películas precedentes. “Es una cuestión filosófica. Resurrection nace de una pregunta distinta. En esta ocasión, empecé considerando quién me creó. Perdón, quién me plasmó. Y cómo la situación actual, la gente que me rodea, se imbrica en mi cine. Es decir, quién es el creador y cómo los resultados de su obra influyen en la mía. La búsqueda de la respuesta me impulsó a un viaje de cien años”, desmenuza, traductor mediante.

Ese viaje es el del cine: el de los hermanos Lumière, el de Méliès, el expresionismo alemán, el cine negro, nouvelle vague, Akira Kurosawa, el cine de vampiros, Wong Kar Wai, el melodrama del Hollywood clásico... Hasta Jean Vigo y L’Atalante. Bi Gan explica: “Algunos son obvios, obligados, ¿verdad? Al inicio, escogí unos estilos, pero la narración pidió, en algunos episodios, otras maneras. Por ejemplo, el segundo varió hasta llegar al noir. El tercero necesitaba una estética científica, posguerra fría. Por desgracia, no supe cómo llevar al monstruo al espacio, porque aunque sean sueños, deben mantener una lógica interna y no hallé la solución. Me olvidé del espacio y trasladé la historia a un templo. El último capítulo también sufrió numerosas variaciones, hasta alcanzar su estética poética”.

¿No le da miedo que alguien se plantee ver Resurrection en un móvil o tableta? “Desde hace mucho tiempo, el cine ya se ve por televisión. Es decir, que desde hace décadas hay gente que se reúne ante una pantalla para ver cine. Así que si alguien supera su soledad afrontando en una tableta mi película, bienvenido sea. He dado un rodeo a tu pregunta porque la cuestión real es si hay una película en los productos de las plataformas”. Y se le escapa una carcajada.


























































