‘Fuego y agua’: la Tate de Londres celebra la legendaria rivalidad entre Turner y Constable
La exposición conmemora el 250º aniversario de los pintores que encumbraron el paisajismo británico


Fue un duelo a brochazos que elevó la pintura paisajística británica a un nivel sublime. La rivalidad entre J. M. W. Turner y John Constable, alimentada y celebrada por los críticos de la época con metáforas contrapuestas que hablaban de “fuegoy agua”, “calor y humedad” o “poesía y verdad”, obligó desde entonces de manera injusta al espectador a tomar partido, a elegir de entre ambos su favorito. La exposición Turner and Constable: Rivals and Originals (Turner y Constable: Rivales y Únicos) del museo londinense Tate Britain, que permanecerá abierta del 27 de noviembre al 12 de abril, deshace ese prejuicio para mostrar en paralelo la evolución y el refuerzo mutuo de los dos pintores más brillantes del siglo XIX del Reino Unido. Al cabalgar entre 2025 y 2026, la muestra celebra el 250º aniversario del nacimiento de ambos, que tuvieron prácticamente una existencia paralela.
“La historia del arte ama las rivalidades, como las de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, Joshua Reynolds y Thomas Gainsborough, Manet y Degas o Picasso y Matisse”, señala la comisaria de la exposición, Amy Concannon. “En la imaginación popular, Turner y Constable han tenido trayectorias diferentes. Turner es un pintor aventurero que ha producido obras profundas y deslumbrantes, mientras Constable ha quedado como el pintor ‘completamente inglés’ de lugares y paisajes preservados ahora como patrimonio nacional”, explica.

Y sin embargo, la exposición logra desentrañar con éxito los intentos de uno y otro por revolucionar el arte, y ayuda a entender por qué cada nueva generación de críticos ha sido capaz de observar elementos experimentales y de vanguardia en ambos artistas. Si el legendario crítico inglés John Ruskin se autoproclamó defensor de Turner y alabó sus primeras obras, pero luego despreció sus trabajos finales, son precisamente estos los que reivindicaron Renoir, Monet o Pissarro, que firmaron una carta conjunta en la que se declaraban herederos de la búsqueda de la luz y el color llevada a cabo por el artista inglés.
Ruskin, por el contrario, detestaba a Constable, al que acusaba de “haber dado pábulo a las manchas y estupideces del Modernismo”. Años después, cuando el cuadro La carreta de heno triunfó en el Salón de París de 1824, el inglés pasó a convertirse en el padre del paisajismo moderno francés.
Luces, colores y nubes
La mayoría de las 190 obras que componen la exposición estaban ya en suelo británico, pero algunas, como El incendio de las Casas de los Lores y los Comunes, de Turner, cedida por el Museo de Arte de Cleveland, no había sido expuesta en el Reino Unido desde hacía más de seis décadas. Y El caballo blanco, de Constable, de la colección Frick de Nueva York, regresa de nuevo veinte años después. Ambas son obras maestras de gran dimensión, que concentran el estilo de cada uno de los artistas.

Pero hay propuestas mucho más hechizantes en la exposición, que ayudan a entender la creciente fascinación por los dos con el paso del tiempo. Cuando Turner tenía 22 años quedó deslumbrado por las ruinas del castillo de Norham, en Northumbria. Cincuenta años después, echando mano de la memoria sensorial, el pintor creó un paisaje deslumbrante, casi abstracto, en la obra Castillo de Norham. Amanecer. Es casi una anticipación de la pintura contemporánea, con capas difusas de blanco, ocre y azul. La imagen del castillo se diluye entre los rayos del sol, y los reflejos de la escarcha permiten divisar la silueta de una vaca pastando.
A su lado, el paisaje titulado Stoke-By-Nayland, de Constable, es un prodigio de brochazos apresurados y precisos que investigan el contraste de luz y sombra en la naturaleza. El pintor que ha simbolizado más que ningún otro la campiña británica ―“Territorio Constable”, así se conoce la región de Suffolk que más recreó― dijo aquello de que “el cielo es la fuente de luz en la naturaleza, y lo gobierna todo”. Las nubes de Constable son a veces más interesantes y enigmáticas que lo que hay debajo de ellas. El autor realizó múltiples bocetos y óleos de ellas, siguiendo las instrucciones y la clasificación del meteorólogo Luke Howard. La exposición incluye varios de esos estudios, que reflejan la angustiosa meticulosidad del pintor por extraer belleza de los detalles comunes e inadvertidos.
Vidas paralelas y divergentes
El autorretrato de Turner muestra a un joven desafiante y seguro de sí mismo, con la corbata anudada de un modo descuidado, que pretende decir al mundo que está más concentrado en su arte que en sus apariencias. El retrato de Constable, realizado por su amigo el paisajista Ramsay Richard Reinagle, presenta a un romántico lánguido y pulcro, con una aparente vida interior profunda y reflexiva.
Ambos son víctimas y triunfo de la proyección personal que crearon. Con un año de diferencia en sus edades, Turner fue el hijo de un barbero que estimuló y alimentó la precoz ambición artística y comercial de su hijo. Constable pertenecía a una familia burguesa rural acomodada de Suffolk a la que aterró en un principio la vocación del adolescente. Turner nació en el populoso barrio londinense de Covent Garden, y se lanzó pronto a la aventura de recorrer el mundo. Su viaje por los Alpes y por Italia es fundamental para entender su obra. Constable construyó su obra desde la minuciosidad y el detalle, inspirado en la campiña que le rodeaba. El primero logró exponer en la Royal Academy a los 15 años. El segundo no alcanzó ese triunfo hasta una década después.
El éxito compartido fue el de consagrar una categoría, la pintura de paisaje, cada vez más popular en una Inglaterra bullente, adinerada, inmersa en la revolución industrial y con ganas de consumir arte, frente a las grandes escenas clásicas e históricas que defendía el academicismo ya acartonado. Los detalles de la exposición, desde la silla que usaba Constable para sus bocetos apresurados en medio de la naturaleza, a las acuarelas reveladoras de Turner, o sus cuadernos con sketches precisos, ayudan a entender el esfuerzo continuado de ambos por hacer de su obra algo relevante.
La rivalidad de Turner y Constable se convirtió en el tiempo, como muestra la exposición, en un esfuerzo conjunto por definir una época y un territorio del arte.
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