Del amor a la lealtad política, una nueva versión del soneto más conocido de Shakespeare sale a la luz
La investigadora Leah Veronese descubre en la Universidad de Oxford una adaptación manuscrita de un poema del autor británico, realizada por un autor desconocido y utilizada con fines políticos durante la Guerra Civil inglesa

Leah Veronese hojeaba una colección de poesía del siglo XVII en la biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, como parte de una investigación para su doctorado, cuando leyó algunos versos que le resultaron particularmente familiares. Se trataba del Soneto 116 de William Shakespeare, seguramente su poema de amor más conocido, una especie de elogio a la constancia romántica, que publicó en 1609. Pero la que tenía en sus manos era una versión manuscrita “extraña”, adaptada por algún autor desconocido y hasta ahora inédita, del soneto que hoy se cuela con regularidad en las bodas anglosajonas como una parte más del rito, pero que parece haber tenido un significado distinto durante la Guerra Civil inglesa.
El hallazgo, que la doctora recoge en una investigación publicada el mes pasado en The Review of English Studies, fue descubierto en un manuscrito de 348 hojas que perteneció a Elias Ashmole, un defensor de la realeza nacido en 1617 —un año después de la muerte de Shakespeare— que coleccionaba poesía. Al texto adaptado del poeta inglés lo acompañaban otras obras con una fuerte carga política, como villancicos prohibidos y poemas satíricos de la década de 1640. “Este descubrimiento ayuda a proponer un nuevo contexto político para entender cómo se reaccionaba a la obra de Shakespeare y cómo se adaptaba durante la Guerra Civil inglesa”, explica Veronese por correo electrónico.
La versión descubierta tiene siete versos adicionales, con el principio y final modificados, y se interpreta más como una celebración de la lealtad política y no de la romántica. Basta comparar el inicio de ambas versiones para entender la diferencia en su discurso. El original de Shakespeare, con la traducción de Ramón García González, empieza: “Let me not to the marriage of true minds admit impediments / love is not love which alters when it alteration finds / Or bends with the remover to remove (Ante la unión de espíritus leales, no dejéis que ponga impedimentos / no es el amor que enseguida se altera cuando descubre cambios / o tiende a separarse de aquel que se separa)”. Su connotación amorosa evidente se cambia por un tono más severo y menos reflexivo, sin ninguna referencia a la unión entre personas: “Self blinding error seize all those minds / Who with false appellations call that love / Which alters when it alterations finds (El error que se ciega a sí mismo se apodera de todas esas mentes / que con falsos apelativos llaman a ese amor / que se altera cuando descubre cambios)”.
El texto descubierto es, en realidad, la segunda copia encontrada de esta versión del soneto. La primera se conoce al menos desde 1936 y se encuentra en la Biblioteca Pública de Nueva York. Pero esa, a diferencia de la recientemente descubierta, no llamó mucho la atención de los expertos. “La falta de un análisis más detallado puede deberse a que los versos adicionales no son los más agradables estéticamente. Pero, más pertinente aún, quizás se deba a que la carga política de los versos adicionales es menos evidente en el cancionero que en el contexto de este manuscrito”, cuenta Veronese en su texto.
Ese tipo de adaptaciones parece haber sido habitual entre poetas y coleccionistas en una época en la que existía una importante circulación de manuscritos, “una forma muy normal de transmisión”, como explica Ángel-Luis Pujante, catedrático emérito de Filología Inglesa de la Universidad de Murcia, experto en Shakespeare y traductor de alguno de sus textos. “Algunos miembros de grupos o círculos de poetas o de aficionados a la poesía copiaban sueltos los que les gustaban y se repartían las copias. La brevedad de un soneto hacía fácil copiarlos. Luego también podían arreglarlos para cantarlos, como en el caso que nos ocupa, en el contexto de recitales privados de canciones”, sigue Pujante.

Pero los del dramaturgo inglés, a diferencia de textos de otros poetas de la época, parecían tener nula presencia. “En el siglo XVII el Shakespeare canónico fue el dramaturgo, no el poeta. Parece que si este hallazgo ha llamado ahora la atención es porque la probabilidad de encontrar copias como esta no es alta si se tiene en cuenta la época en que se hizo. Los sonetos de Shakespeare se publicaron en 1609 y no parece que tuvieran mucho éxito. Luego, en 1640, cuenta Pujante, “John Benson publicó una miscelánea con poemas de otros poetas, en la que incluía una buena parte de los sonetos de Shakespeare, pero con el orden cambiado y los pronombres masculinos transformados en femeninos para que los sonetos dirigidos al ‘bello joven’ aparecieran como dirigidos a una mujer, bien para eliminar sospechas de homosexualidad o, quizá simplemente, para convertirlos en poemas de amor convencionales”. Esa edición tampoco se reimprimió. Sus sonetos finalmente no se incluyeron en su obra completa hasta bien entrado el siglo XVIII, en 1790. Y aunque el manuscrito encontrado por Veronese no proporciona evidencia de la fecha exacta de la adaptación, sí, asegura la investigadora, “proporciona un momento político en el que el Soneto 116 de Shakespeare estaba siendo releído y readaptado al menos durante la década de 1640”, algo que contradice lo que se creía hasta hoy.
La razón por la que el texto no se descubrió en el siglo XIX, cuando William Henry Black catalogó los manuscritos 36 y 37 de la Bodleiana, tiene, para Veronese, una explicación muy sencilla: “Parece que no leyó más allá de los primeros versos del poema. Tras los dos primeros versos, se hace evidente enseguida que el poema es, de hecho, una adaptación del famoso Soneto 116 de Shakespeare”. Un error que, para el profesor emérito de la Universidad de Murcia, es evidencia de un problema mayor: “Este hallazgo, como por lo visto otros parecidos, revelan un inconveniente en la metodología documental de bibliotecas y archivos, que registran poemas anónimos consignando solo el primer verso”. Errores que contribuyen a que hoy, a más de cuatro siglos de su nacimiento, Shakespeare nos siga sorprendiendo.
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