Cómico, violento, desagradable, paranoico, inquietante: ocho películas para recordar el talento de Gene Hackman
De ‘Bonnie y Clyde’, en 1967, a ‘Los Tenenbaums’, en 2001, un repaso a varias de las actuaciones más destacadas del fallecido intérprete
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Cuatro décadas de carrera, más de 100 papeles entre película y televisión, dos premios Oscar (por The French Connection y Sin perdón) y un rostro inconfundible para cualquier cinéfilo. Pocos intérpretes han acumulado la trayectoria y los logros de Gene Hackman, fallecido hoy jueves a los 95 años. De ahí que resulte especialmente complicado seleccionar las actuaciones más destacadas de tamaño mito. Cruzando varias listas, como la realizada en 2015 por el British Film Institute (BFI), con sus filmes mejor valorados en Imdb o Filmaffinity, estos son ocho de sus roles más celebrados:
Bonnie y Clyde, de Arthur Penn (1967)
El primer rol relevante de Hackman, tras unos cuantos personajes muy secundarios, le trajo inmediatamente una nominación al Oscar. Encarnaba a Buck Barrow, “un papel de ensueño”, como señala el BFI. El actor supo convertir al insoportable hermano de Clyde, muy dado a los chistes malos y a discursos interminables, en uno de los personajes más apreciados por el público. Además, Hackman logró destacar a pesar de compartir pantalla con dos estrellas como Warren Beatty y Faye Dunaway.
The French Connection (Contra el imperio de la droga), de William Friedkin (1971)
Cuatro años después Hackman ya es protagonista indiscutible. Tanto que la candidatura al Oscar esta vez es en la categoría principal. Además, gana la estatuilla, una de las muchas que obtiene el thriller policial de Friedkin, encumbrado como mejor filme del año. Al actor, conocido entre otras razones por su habitual buen humor, se le pide justo lo contrario: interpretar a Jimmy Popeye Doyle, un personaje despreciable y violento, inspirado en el detective real Eddie Egan. Al parecer, el director tuvo que presionarle para que se volviera más y más desagradable. Finalmente, Hackman consiguió eso y más: su salto definitivo al estrellato.
El espantapájaros, de Jerry Schatzberg (1973)
Cuanto más el cine le pedía a Hackman interpretar a tipos complicados, más le iba amando el público. Su Max, que emprende junto con Al Pacino un viaje por la carretera hacia Pitsburgh y el sueño de abrir un servicio de lavado de coches, resulta callado, arisco, a ratos incluso violento. Ambos compañeros, sin embargo, encuentran la forma de entenderse y hasta de hacerse amigos. De paso, los espectadores tienen la oportunidad de ver a dos de los mejores actores de la historia, codo con codo.
La conversación, de Francis Ford Coppola (1974)
Hackman interpretaba a Harry Caul, un paranoico, melancólico, envejecido y tímido experto en vigilancia. A priori, lo contrario a un actor que enamoraba a las masas con su sonrisa. Pero, a su atractivo físico, el divo sumaba un talento descomunal, que le permitía transformarse en lo que necesitara el guion. En este caso, eso sí, le resultó más difícil. Coppola relató que al actor le costó acercarse a un personaje tan lejano a él y que se volvió irritable en el rodaje. Consta que la relación entre cineasta y actor se fue tensando durante la producción. El propio Hackman concedió que no había sido una experiencia agradable para él. Aprendió a tocar el saxófono, se dejó crecer unos bigotes improbables, buscó ropa más que pasada de moda. Al final, él mismo solía considerar La conversación como su filme favorito de entre todos los que había interpretado.
Superman, de Richard Donner (1978)
Como muestra del eclecticismo de Hackman, cabe recordar su incursión en el mundo superheroico. En concreto, como la mayor némesis de Superman: Lex Luthor. Personaje, como bien es sabido, calvo. Lo que trajo casi más problemas para Hackman que entenderle e interpretarle: se negó a raparse el pelo. Sí accedió a cortarse el bigote que llevaba entonces, cuando Donner pactó con él hacer lo mismo. Más tarde se supo, sin embargo, que el director se había puesto uno falso, tan solo para lograr un acuerdo con la estrella. Tan importante resultó el fichaje de Hackman para la película que en la mayoría de créditos su nombre aparece antes que el del propio Superman, Christopher Reeve, prácticamente desconocido a la sazón.
Arde Misisipi, de Alan Parker (1988)
Vuelta al protagonismo, para Hackman, tras un periodo más centrado en papeles secundarios. Y regreso al asombro para el público: en la piel de un agente del FBI que investiga la desaparición de varios activistas por los derechos civiles, junto con su compañero, interpretado por Willem Dafoe, el actor domina la película, según el BFI: “Ya sea pegándole a Brad Dourif en la barbería, bromeando con el agente encarnado por Dafoe o flirteando amablemente con la viuda aterrada que encarnaba Frances McDormand, trae calor y humor a una película que, si no, no las habría tenido”. En la gala de los Oscar de 1989, donde Hackman era nominado como mejor actor protagonista, se proyectó un fragmento del filme que incomodó al actor, que lo consideró descontextualizado. Desde entonces, decidió que no volvería a trabajar en películas violentas, lo que le llevó a rechazar El silencio de los corderos y también Sin perdón. Al menos, al principio…
Sin perdón, de Clint Eastwood (1992)
Igual que en The French Connection, Hackman destaca dentro de una película que arrasa. Supuso su segundo Oscar, de entre los varios que obtuvo uno de los largos más celebrados de Eastwood. De nuevo, en la piel de un hombre muy desagradable: el sheriff Little Bill Daggett, “uno de los villanos más amenazadores de la historia”, según el BFI. Cuando el actor leyó por primera vez el guion, que se pasó años circulando por Hollywood, lo rechazó, por su promesa de evitar filmes violentos. Sin embargo, Eastwood logró convencerle. Para suerte de ambos, del filme y de todos los espectadores.
Los Tenenbaums, de Wes Anderson (2001)
Probablemente el último papel destacado de Hackman, con 71 años. Encarna a un padre desagradable que finge padecer un cáncer para tratar de reunir a la familia. La web especializada Imdb sostiene que el actor dudó mucho antes de aceptar. Por un lado, porque creía que él mismo había hecho sufrir a sus seres queridos en distintas ocasiones, de ahí que les pidiera su visto bueno. Y, por otro, su recorrido y edad le empujaban a tomarse las cosas con más calma y perspectiva. Resultó decisiva la promesa de Wes Anderson de que sería una experiencia divertida y relajada. Sin embargo, el intérprete no consideró que el pacto se estuviera cumpliendo, de ahí que empezara a mostrarse verbalmente muy agresivo con el cineasta. Tanto que actrices como Gwyneth Paltrow y Anjelica Huston empezaron a evitarle en el rodaje, otros miembros del reparto calificaron lo sucedido de abuso y Bill Murray empezó a acudir al plató incluso los días en que no se le necesitaba, para expresar su apoyo al director.
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