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La huella del vino más antiguo del mundo, en una necrópolis en el corazón de la antigua Bética

Investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) constatan que el líquido hallado en una tumba de Carmona es el más antiguo del que hay constancia

Los estudios químicos realizados al vino después de su extracción.
Los estudios químicos realizados al vino después de su extracción.Juan Manuel Román (Juan Manuel Román)
Ginés Donaire

Andalucía tiene una tradición milenaria en el cultivo de la vid y en la elaboración de vinos que han gozado de gran prestigio y fama en todo el mundo. Los vinos andaluces pertenecen a una estirpe de viñedos que tuvieron su auge con el comercio marítimo de los siglos XVI y XVII. Pero ahora también se sabe que en Carmona (Sevilla), en el corazón de la antigua provincia Bética, se ha documentado el vino más antiguo del mundo, con 2.000 años.

Un trabajo auspiciado desde el Departamento de Química Orgánica de la Universidad de Córdoba (UCO) ha llegado a esta conclusión después de comparar los vinos actuales de Montilla-Moriles, Jerez o Sanlúcar con los compuestos químicos descubiertos en unas urnas funerarias descubiertas en la necrópolis de Carmona. Hasta ahora, se creía que la botella de vino más antigua era una de la marca Speyer, descubierta en 1867 y fechada en el siglo IV d. C, que se conserva en el Museo Histórico de Pfalz (Alemania).

Los arqueólogos que participaron en el hallazgo de Carmona no imaginaron nunca que lo que ellos pensaban que no era más que un ritual funerario acabaría, dos milenios después, confirmándose como el origen del vino más antiguo descubierto hasta ahora en todo el mundo. “Los análisis químicos practicados no dan lugar a discusión alguna, son los vinos más ancestrales de los que hay constancia”, asegura, tajante, el catedrático José Rafael Ruiz Arrebola, del Departamento de Química Orgánica de la UCO.

La cámara de la tumba donde se encontró el líquido.
La cámara de la tumba donde se encontró el líquido.Juan Manuel Román (Juan Manuel Román)

Todo empezó en 2019 con el descubrimiento en una tumba romana de Carmona con seis urnas funerarias, en dos de las cuales aparecían las inscripciones de Hispana y Senicio, dos nombres de los que se desconocen más datos y que hacen dudar a los investigadores, dado que Hispana es un nombre asociado a libertos o esclavos, que raramente se enterrarían en una urna. En las otras urnas aparecían otros cuatro cuerpos sin identificar, de lo que entonces se creía que era un ritual funerario que sumergía los restos óseos de uno de los hombres en un líquido dentro de una urna funeraria de vidrio. Este líquido, que con el tiempo ha adquirido un tono rojizo, se ha conservado desde el siglo I d. C.

Según ha explicado el arqueólogo municipal del Ayuntamiento de Carmona, Juan Manuel Román, las buenas condiciones de conservación de la tumba, que se ha preservado “intacta y bien sellada”, han facilitado que el vino mantuviera su estado natural y que se descarten otras posibles causas para ese líquido como inundaciones o filtraciones dentro de la cámara o procesos de condensación.

Para confirmar esas sospechas se llevaron a cabo una serie de análisis químicos (que se demoraron hasta enero de este año) en el Servicio Central de Apoyo a la Investigación (SCAI) de la UCO y dirigidos por Fernando Lafont. Se trata de análisis sobre el pH, la ausencia de materia orgánica, las sales minerales o la presencia de otros compuestos que podían estar relacionados con el vidrio de la urna o con los huesos del difunto. “La guinda de la investigación fueron los polifenoles”, explica Ruiz Arrebola, “unos biomarcadores presentes en todos los vinos y que, gracias a una técnica capaz de identificar estos compuestos en muy baja cantidad, se localizaron siete polifenoles concretos que también estaban presentes en vinos de Montilla-Moriles, Jerez o Sanlúcar”.

Vista del vino en el interior de una urna.
Vista del vino en el interior de una urna.Juan Manuel Román (Juan Manuel Román)

La investigación de la UCO, divulgada desde la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, se ha publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports.

Vista de la tumba de Servilia en la Necrópolis romana de Carmona (Sevilla) en 2021.
Vista de la tumba de Servilia en la Necrópolis romana de Carmona (Sevilla) en 2021. Julio Muñoz (EFE)

Aseguran los investigadores que no es ninguna casualidad que el vino cubriera los restos óseos de un hombre en la tumba descubierta en Carmona. A su juicio, las mujeres en la antigua Roma tuvieron durante mucho tiempo prohibido probar el vino y las dos urnas de vidrio de la tumba del municipio hispalense son un ejemplo de la división por géneros de la sociedad romana y de los rituales funerarios. “Si los huesos de un hombre estaban sumergidos en vino junto con un anillo de oro y otros restos óseos trabajados provenientes del lecho funerario en el que había sido incinerado, la urna que contenía los restos de una mujer no tenía ni una gota de vino, pero sí tres joyas de ámbar, un frasco de perfume con aroma a pachulí y restos de telas cuyos primeros análisis parecen indicar que se trataría de seda”, han indicado los autores del estudio, en el que también han participado los investigadores de la UCO Daniel Cosano y Dolores Esquivel.

La conclusión a la que llegan los investigadores es que el vino formaría parte del ajuar funerario que acompañaba a los difuntos en su tránsito hacia el más allá, junto a otros elementos como los anillos o el perfume. La tumba de Carmona tiene forma de mausoleo circular y, según los arqueólogos, acogió a una familia de alto poder adquisitivo. Estaba situada junto a la importante vía que comunicó Carmona con Hispalis (Sevilla) y señalizada con una torre ya desaparecida.

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