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Ucrania se vuelca en localizar su patrimonio cultural saqueado por Rusia

Kiev asegura que decenas de miles de objetos de los museos ucranios han sido expoliados o están en riesgo de desaparecer en manos de las fuerzas ocupantes

Marcos de cuadros robados por Rusia en el Museo Regional de Arte de Jersón, Ucrania.
Marcos de cuadros robados por Rusia en el Museo Regional de Arte de Jersón, Ucrania.Cristian Segura

La primera confirmación que tuvo Alina Dotsenko de que la colección artística de su museo se encontraba en Crimea, se la dio la periodista de EL PAÍS Pilar Bonet. Dotsenko tenía constancia de que el saqueo del Museo Regional de Arte de Jersón, del que es directora, lo supervisó Andréi Malguin, jefe del Museo Tavrida de Simferópol (capital de Crimea). Pero no sabía a ciencia cierta si las más de 10.000 piezas que los rusos se llevaron en noviembre de 2022, pocos días antes de retirarse sus tropas, tuvieron como destino la península anexionada ilegalmente por Rusia. “Pilar habló con Malguin y este admitió que lo tenían en su museo”, recuerda. La obsesión de Dotsenko es recabar pruebas visuales del paradero de las piezas robadas.

Unos 40.000 objetos han sido sacados de los museos en Ucrania por parte de las autoridades rusas, según un informe facilitado a este diario por el Ministerio de Cultura ucranio. Se trataría del expolio de patrimonio cultural más grande que ha sucedido en Europa desde el perpetrado por los nazis en la II Guerra Mundial, según los expertos consultados. La Agencia Nacional Anticorrupción ucrania ha creado una división especializada en recuperar el arte robado. Según su principal responsable, Pavlo Kulik, 100.000 es el número de objetos del patrimonio ucranio que están aún en riesgo de ser expoliados. Y el Ministerio de Cultura ucranio estima que en las regiones ocupadas por Rusia hay más de un millón de piezas del patrimonio nacional repartidas en 57 museos.

Además de los museos en territorios ocupados por las fuerzas rusas, hay 27 museos en provincias que tras la invasión fueron liberadas en 2022. Mariana Tomin, directora de Conservación de Patrimonio del Ministerio de Cultura de Ucrania, indica que aún están comprobando qué objetos han sido sustraídos. El principal problema, según indica, es que en Ucrania no existía un registro oficial exhaustivo de su patrimonio, por lo que es fácil que desaparezcan piezas que ni siquiera los museos tenían clasificadas. Un ejemplo de esto fue la localización este octubre de una colección de 14 armas antiguas, —desde un hacha del neolítico a espadas del siglo XII—, cuando un ciudadano ruso fue detenido en Estados Unidos transportando estas piezas. Tomin afirma que fueron robadas durante la invasión, pero admite que no puede precisar dónde exactamente.

Catálogo de piezas expoliadas

La Agencia Anticorrupción ucrania ha creado un catálogo del patrimonio nacional expoliado abierto a la consulta del público. Cada pieza tiene una ficha detallada, pero de momento tan solo hay 235 objetos en el registro, entre los cuales hay sobre todo piezas arqueológicas de Crimea, y piezas destacadas de los museos de Jersón. El objetivo de la base de datos es que pueda ser consultada por museos, coleccionistas u organizaciones internacionales como la Interpol, museos para identificar piezas que llegan de forma ilegal al mercado procedentes de Ucrania.

El patrimonio histórico de Crimea ha sido motivo de disputa desde la anexión ilegal rusa. Más de 280 piezas escitas fabricadas en oro fueron expuestas en 2014 en una exposición en los Países Bajos en una exposición organizada por varios museos como el Museo Tavrida de Simferópol, dirigido por Andréi Malguín. La presión ucrania forzó que este tesoro no retornara a Crimea, y así el ministro de Cultura ucranio, Rostislav Karandeev, anunció el 22 de noviembre que volvería a Kiev.

En Jersón, la única capital de provincia que conquistaron las fuerzas rusas, el saqueo fue masivo. Casi todo el fondo del Museo Regional de Historia fue transportado a Crimea. Lo más destacable eran piezas de plata y oro de los escitas (siglos VII a. C. a siglo IV d. C.), cerámicas griegas y objetos del imperio ruso zarista. También fueron expoliados documentos del Archivo Provincial de los siglos XVIII y XIX. Una investigación de Human Rights Watch de diciembre de 2022 concluía que lo sucedido en Jersón es un claro ejemplo de crimen de guerra, según la ley internacional y la Convención de Ginebra.

Las fuerzas ocupantes se llevaron también elementos de la historia imperial rusa, como la escultura del almirante Fiódor Ushakov y el cadáver de Potemkin, valido de la emperatriz Catalina la Grande, enterrado en la catedral de Santa Catalina. El padre Ilya, de Santa Catalina, explica que ve imposible que Potemkin vuelva a Jersón, ciudad que fundó en el siglo XVIII, y da por hecho que las autoridades ucranias no reclamarán su retorno.

En Jersón ni siquiera se salvó el teatro municipal. Su director, Oleksander Kniha, muestra los pasillos de acceso a la platea en los que faltan media docena de pinturas de artistas locales. Kniha desconoce quién los sustrajo. Sí sabe quién se llevó buena parte el fondo de vestuario de la institución: 14 actores que decidieron colaborar con las autoridades ocupantes. Kniha muestra en su móvil vídeos de televisiones rusas en los que se ve que ese vestuario está siendo utilizado en representaciones teatrales en la zona de la provincia de Jersón todavía ocupada.

Vitrina expoliada en el Museo Regional de Historia de Jersón, en una fotografía tomada en diciembre de 2022.
Vitrina expoliada en el Museo Regional de Historia de Jersón, en una fotografía tomada en diciembre de 2022.DIMITAR DILKOFF (AFP via Getty Images)

Alina Dotsenko afirma que no descansará hasta ver que los colaboradores de los rusos en Jersón son juzgados. El Museo Regional de Historia no atiende a los medios, asegura Dotsenko, “porque recibieron con flores y con los brazos abiertos a los ocupantes”. En la institución que ella dirige también hubo numerosos colaboradores —la provincia de Jersón ha mantenido fuertes lazos culturales e históricos con Rusia— que delataron dónde se escondían obras. En el museo quedan ella, su director adjunto y una secretaria. Trabajan en un edificio vacío, marcado por la metralla de las explosiones y con las ventanas protegidas con planchas de madera. En la calle nieva. En su despacho, sentada frente a un radiador, Dotsenko cuenta que su misión es asegurarse del paradero de la colección. Por testimonios gráficos de televisiones rusas y medios de Crimea, y por fotos filtradas, la directora del museo de Jersón ha podido confirmar que por lo menos 70 cuadros se encuentran en Simféropol. No tiene claro dónde está el resto.

Un pintor español entre el expolio

Lo que hace sospechar a Dotsenko es que no existen pruebas gráficas del paradero de las obras más importantes de su museo, entre ellas las de pintores de renombre del siglo XIX como Iván Aivazovski o Konstantin Makovski. También lamenta que no ha recibido imágenes que prueben que los fondos de autores extranjeros de su museo continúan en Simféropol. La directora del museo de Jersón revela que en Crimea deberían estar 34 grabados de Antoni Miró. Esta colección fue donada por el artista local Oleksandr Zhurba.

Tomin confirma que tienen constancia de que la mayor parte del patrimonio extraído por los rusos continúa en territorio ucranio. Su opinión es que si no ha salido del país también es porque daría pie a una situación legal diferente, en la que sería más fácil probar el expolio como crimen de guerra. Según la ley rusa, las provincias ucranias de Jersón, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Crimea ya son parte de la Federación Rusa, una anexión que tanto la comunidad internacional como Naciones Unidas no reconocen.

Los museos de Mariupol y de Melitopol, dos ciudades bajo control del Kremlin, también han visto cómo las fuerzas rusas vaciaban sus galerías. Se estima que 2.000 pinturas de tres centros artísticos de Mariupol, la ciudad que fue arrasada en el asedio de la primavera de 2022, fueron traspasadas a Donetsk, también en la Ucrania anexionada por Moscú. En Melitopol se produjo el saqueo de más de 1.700 piezas arqueológicas, las más valoradas, orfebrería de los escitas del siglo IV a. C y elementos de pueblos hunos y sármatas de los siglos III a V d.C.

No hay información concreta sobre la localización de este patrimonio de Melitopol. El Gobierno ucranio ha intensificado la colaboración con organizaciones internacionales para identificar su posible traslado al exterior. La Unesco ha organizado cursos de formación para las fuerzas de seguridad y el poder judicial de países de la Europa del Este para que identifiquen posibles objetos ucranios robados durante la invasión rusa. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) ha creado una lista especial de “objetos culturales en riesgo” que tiene como finalidad evitar el tráfico ilegal del patrimonio ucranio. El ICOM indica que este problema “ya existía desde hace tiempo en la región, pero se ha agravado con la invasión rusa”.

El riesgo de pillaje por parte de individuos es admitido por las propias autoridades ocupantes: la administración rusa en la provincia de Zaporiyia informó en octubre de 2022 que habían evitado el robo de siete iconos ortodoxos de los siglos XVIII y XIX de una iglesia de Energodar. En este municipio se sitúa la mayor central nuclear de Europa, ahora ocupada militarmente por Rusia. Los iconos fueron trasladados a Melitopol.

La posición de las autoridades rusas es que su prioridad es proteger este patrimonio, también el arte de Jersón. Lo curioso, dice Alina Dotsenko, es que no se llevaron los retratos de Lenin que tiene su colección. Los óleos del líder soviético están ahora arrinconados en un almacén, entre marcos vacíos, sin sus telas.

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Sobre la firma

Cristian Segura
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.
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