Carolina Yuste: “En una serie me dijeron que yo no les daba el corte de clase alta. ¿Tú qué sabes si mi abuela era millonaria?”

La actriz se enfrenta en ‘Sin huellas’ al reto de encarnar a una gitana. “No tengo por qué responsabilizarme de la representatividad de todo lo que hago”, explica

Carolina Yuste, retratada en Madrid. Foto: INMA FLORES | Vídeo: Atresmedia

Cuando Carolina Yuste (Badajoz, 31 años) irrumpió en el panorama nacional hace ya cinco años (gracias a Paqui, la asistente social que ayudaba a la pareja de gitanas lesbianas en Carmen y Lola) ya estaba claro que no iba a ser una actriz más: desde entonces cada uno de sus papeles —desde esa imitadora de Amy Winehouse que interpretaba en El Cover hasta la Desi que interpreta en Chavalas— ha puesto de relieve que con su rostro lleno de carácter y su forma de transmitir verdad, Yuste es una de esas intérpretes destinadas a recoger el zeitgeist. Ahora lo vuelve a hacer en Sin huellas, la serie de Prime Video en la que encarna a una buscavidas que limpia villas de lujo. Llega a la entrevista, que tiene lugar en uno de esos cafés contemporáneos de capuchinos y bocadillos de pastrami, con dos novelas recién compradas bajo el brazo. Una de ellas, por supuesto, de una autora.

Pregunta. ¿Fue usted una niña cultureta?

Respuesta. Cero. De hecho tardé mucho en leer mi primer libro. Porque claro, los que me mandaban en el colegio eran La Celestina, Platero y yo…

P. ¿Quién fue la persona que le despertó el interés por la interpretación?

R. Pues creo que mi padre, que de niña, cuando iba a la cama, no me leía los típicos cuentos infantiles, sino de pronto El caballero de Olmedo o La casa de Bernarda Alba. Siempre ha sido un cinéfilo empedernido y me enseñaba muchas películas, me llevaba también a escuchar a la orquesta sinfónica. Antes de que le prejubilaran se sacó Historia e Historia del arte por la UNED. No para dedicarse profesionalmente a ello… simplemente por inquietud.

P. ¿Y era una niña feliz?

R. Tengo imágenes muy hermosas de estar con toda mi familia materna en La Línea de la Concepción, sí. La parte complicada de mi vida comenzó durante la adolescencia porque sufrí bullying y fue un periodo muy convulso. Mi carácter ante la agresión era la defensa, es decir, yo no me hacía una bolita, ¿eh? Y además se mezcló con mi primera relación que fue terrible, de maltrato.

Carolina Yuste, en Madrid, hace 15 días.
Carolina Yuste, en Madrid, hace 15 días.INMA FLORES

P. ¿Cómo se dio cuenta de que era una relación de maltrato?

R. En mi generación aún no teníamos información, ni herramientas, ni el lenguaje para identificarlo. Ahora sabemos lo que es el feminismo o el bullying. Tengo una hermana de 14 años que escucha estas palabras y las tiene totalmente integradas. Las cosas seguirán pasando porque hay conductas que están muy arraigadas, pero ya se empieza a saber por qué. A mí me hacían daño, sentía dolor o rabia y no entendía por qué. Y las palabras que usaba para definir mi situación, las pienso ahora y me doy miedo: “Que si hay una obsesión, que si es muy pasional”.

P. ¿Y esa vena activista tan guerrera suya de dónde le viene?

R. Si uno tiene una herida y entiende que esa herida parte de una injusticia y de un dolor, eso te hace abrir los ojos para mirar un poco más alrededor y empatizar con los demás.

P. ¿Recuerda un momento seminal para su despertar feminista?

R. Una de las primeras veces que salí en Madrid íbamos a entrar en una discoteca de esas que los chicos pagan y las chicas no. Yo dije: “Bueno, pagamos a medias”. Y Aura Garrido, que estaba ahí aunque aún no era amiga como ahora, dijo: “Yo no entro”. Para mí eso fue como una revelación. Pensé: “Es esto…”.

P. En esta serie se enfrenta con la dificultad de llevar sobre usted la representación de toda una comunidad, ¿le dio miedo?

R. ¿Qué comunidad? ¿La de las mujeres, las limpiadoras, las lesbianas o las gitanas [risas]? Para mí fue quizá complicado cuando me ofrecieron la serie porque me dejé llevar por mi ego y pensé: no quiero que me encasille en este tipo de personajes, con un cierto patrón de clase después de que en una serie me dijeran que yo no les daba el corte de clase alta. ¿Tú qué sabes si mi abuela era millonaria? Luego me enamoré del proyecto, del equipo y me dije: “Cariño, apártate un rato, ¿vale? Quita tu ego y haz esto porque lo amas”. Voy aprendiendo en el proceso a afrontar las cosas con honestidad y a comprender que no tengo por qué responsabilizarme de la representación de todo lo que hago. Y además en esta serie en concreto me parece la hostia cómo se han alejado de estereotipos en general.

Mi abuela era analfabeta, limpió casas, después se dedicó toda su vida a cuidar a su familia y es de los seres humanos más espectaculares que he conocido en mi vida”

P. Póngame un ejemplo.

R. Pues ambos personajes, el mío y el de Camila Sodi, están muy alejadas del estereotipo que tenemos de migrante ilegal, en el caso de ella; como de mujer gitana, en el mío. Son dos mujeres que han estudiado pero son limpiadoras porque sus objetivos en la vida son los que son. Ellas transmiten que no es más digno querer estudiar Empresariales que ser limpiadora.

P. ¿Y cree usted misma eso en la vida real?

R. Vivimos en la sociedad en que vivimos y seríamos absolutamente imbéciles si no viésemos qué es lo que se valora más y cuáles son las ideas preconcebidas que tenemos sobre lo que es el éxito y qué da más dinero. Yo no soy imbécil. Pero mi experiencia me dice que mi abuela era analfabeta, limpió casas, después se dedicó toda su vida a cuidar a su familia y es de los seres humanos más espectaculares que he conocido en mi vida.

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Raquel Peláez

Licenciada en periodismo por la USC y Master en marketing por el London College of Communication, está especializada en temas de consumo, cultura de masas y antropología urbana. Subdirectora de S Moda, ha sido redactora jefa de la web de Vanity Fair. Comenzó en cabeceras regionales como Diario de León o La Voz de Galicia.

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